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México SA: La “ reforma ” desinflada

reforma energética

U n año atrás el inquilino de Los Pinos se sentía “muy contento, muy feliz” por la aprobación de la reforma energética, pues, decía, “dará posibilidad de que el país tenga asidero, una plataforma muy sólida y muy importante para alcanzar condiciones de mayor bienestar”. Así, a su juicio, los poderes Ejecutivo y Legislativo “le han cumplido a México”.

Pues bien, 12 meses después la felicidad peñanietista brilla por su ausencia, porque en el fabuloso armado de la citada reforma sus arquitectos ni de lejos consideraron la posibilidad del desplome de los precios petroleros, los cuales, junto con las reservas de hidrocarburos y los reducidos costos de producción, sin duda alguna constituían el “gran atractivo”, el gancho mágico, para que los ansiosos inversionistas foráneos cayeran como moscas y así lograr, “en lo inmediato y en los años por venir, un gran progreso y un gran desarrollo”.

Por aquellos ayeres de la desnacionalización petrolera el precio del barril mexicano de exportación rondaba los 93 dólares y la felicidad inundaba la residencia oficial y zonas afines, porque el proceso de aprobación de los cambios constitucionales inherentes a la reforma por los congresos estatales duró menos que un orgasmo, las multitudinarias protestas anunciadas no trascendieron las redes sociales, las leyes secundarias estaban más que amarradas y en breve se daría conocería el reparto del pastel (las rondas cero y uno) para que los inversionistas se formaran.

Pero, ¡sorpresa!, el cuento no tuvo final feliz, y 12 meses después el precio del barril mexicano de exportación registra un desplome de 50 por ciento, y ayer se vendió a 47.04 dólares, al tiempo que la producción interna de hidrocarburos se han reducido y los costos de producción se han encarecido. Y en un intento desesperado por que las moscas caigan, los genios reformadores no tardan en pedir prestado a la ronda cero para mejorar el perfil de la ronda uno, es decir, sacrificar aún más a Pemex para que –sin garantía de que ello suceda– los inversionistas foráneos y los grandes capitales autóctonos vean con mejores ojos el deteriorado panorama petrolero del país.

De cualquier forma esto último resulta más que complicado, porque difícilmente el otrora gobierno feliz convencerá a los voraces inversionistas de que reduzcan sustancialmente su apetito por las ganancias, pues es público y notorio que tan sólo en lo que va de diciembre de 2014 el precio del petróleo mexicano se ha desplomado 33 por ciento, proporción equivalente a 22.73 dólares por barril. Y si se considera el año completo la caída del precio es cercana a 50 por ciento (46 dólares por barril).

Entonces, la tarea de convencimiento será titánica, a menos, claro está, de que el gobierno dé a los inversionistas mucho más de lo que hasta ahora les ha dado, que no es poco, y entre esto destaca el siempre sacrificable Pemex, ahora empresa productiva del Estado.

El precio del barril mexicano está por los suelos, de tal suerte que se corre el riesgo de que el cuento gubernamental de la lechera petrolera termine igual que las privatizaciones anteriores, es decir, en un sonado fracaso para el país y sus habitantes, y en un jugosísimo negocio para el grupúsculo de siempre.

Dice el secretario de Energía que “la reforma energética llega a tiempo” y que con la “nueva estructura de negocios”, ya repartida la renta petrolera, los dineros provenientes del oro negro “se destinarán al presupuesto de egresos de la federación, al ahorro público de largo plazo y a rubros específicos como pensiones, proyectos de ciencia y tecnología, proyectos de desarrollo regional, y becas para estudiantes”. Y son precisamente esas áreas las que corren el mayor riesgo ante el desplome de los ingresos petroleros.

Originalmente, la Secretaría de Energía detalló que “en la ronda uno se licitarán 169 bloques, de los cuales 109 corresponden a áreas de exploración y 60 a campos de extracción. Las reservas 2P (probables) y recursos prospectivos a licitar representan un volumen de 3 mil 782 y 14 mil 606 millones de barriles de petróleo crudo equivalente, respectivamente. Se espera que estos proyectos representen inversiones anuales por aproximadamente 8 mil 525 millones de dólares entre 2015 y 2018”.

Pero ya encarrilado el desplome del precio del barril, la citada dependencia reconoció que la ronda uno ya no resulta tan “atractiva” para el capital trasnacional, por lo que a principios del presente mes anunció que el gobierno federal “podría considerar, analizar, cambios en las licitaciones de los yacimientos no convencionales” (es decir, los enlistados en la citada ronda), producto, obviamente, de la caída de los petroprecios. “Eso estamos evaluando, pero tenemos tiempo, porque en nuestra programación esa etapa de licitación se va a ir a finales de febrero oprincipios der marzo” de 2015.

Se suponía que la urgencia gubernamental era que el capital privado comenzara a trabajar en agua profundas, con el fin de encontrar el tesorito petrolero marino (cacareado desde tiempos de Calderón). Sin embargo, hasta ahora y ya con la reforma energética aprobada de la Aa la Z, sólo ha anunciado las bases de licitación de 14 bloques frente a las costas de Tabasco, Campeche y Veracruz, todos ellos en aguas someras, tradicionalmente explotadas por Pemex, de tal suerte que el citado tesorito se mantiene en lista de espera y con un precio, hasta ayer, de 47.04 dólares el barril.

No es gratuito, pues, que instituciones financieras adviertan sobre la caída del “interés por los proyectos petroleros y la explotación de gas” en México. De hecho, la Casa de Bolsa Banorte-Ixe subraya que el desplome de los precios petroleros “reduce el atractivo de los proyectos para aguas profundas y explotación de gas de lutitas (o shale) a corto y mediano plazos”, lo que se suma a la “grave situación de inseguridad que genera riesgos importantes” (La Jornada, Israel Rodríguez).

En fin, el asunto petrolero no es más que roto con despegado, y en medio el de por sí olvidado interés nacional.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Tanto escándalo en Estados Unidos, tantas historias de espías, insultos, “atentados a la libertad de expresión” y amenazas de represalias, y resulta que la película La entrevista (The interview) es una verdadera bazofia que no amerita un solo centavo en taquilla… Y para animar el espíritu, ayer el billete verde se vendió a 15.08 bilimbiques en ventanilla, ocho centavos más que el pasado viernes.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.