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México SA: “Ministro” sordo

reforma energética

S omnolientas e improductivas, como de siempre lo han sido, las llamadas “comparecencias” de los integrantes del gabinetazo ante la supuesta “representación popular” no sólo son una pérdida de tiempo, sino un kilométrico ejercicio en el que el funcionario en turno repite el rollo de siempre, nunca contesta lo que le preguntan y le vale un cacahuate lo que le digan, todo ello amenizado por sonoras mentadas de unos y repugnantes alabanzas de otros.

No faltan los aduladores profesionales disfrazados de “diputados” –pertenecientes al partido en el poder o a sus rémoras– que “agradecen” al funcionario en turno “su cortesía al asistir ante esta representación” y “detallarnos los grandes avances de sus programas y proyectos”, cuando por mandato de ley los secretarios de despacho están obligados a –se supone– “rendir cuentas”. Entonces, van, simple y sencillamente, porque tienen que ir y no por gentileza. Y a esos lisonjeros lo único que les falta preguntar en tribuna es: “¿por qué es usted tan guapo e inteligente, señor secretario?”

En este ambiente ayer “compareció” el “ministro del (d) año”, y también “pensador global” (es decir, el fabuloso Luis Videgaray, para aquellos lerdos que no lo sepan), quien no se cansó de repetir los estribillos por él utilizados a lo largo de sus 34 meses de estadía en la oficina principal de la Secretaría de Hacienda, entre ellos: “vamos por el camino correcto”, “crecemos más que otros países”, “en otras partes les va peor”, “se incrementó el ingreso de los más pobres”, “ha disminuido la desigualdad”, “la deuda es manejable”, “actuamos con responsabilidad”, “no endeudaremos más al país”, “nos amarraremos el cinturón”, “es innegable que el costo de la vida en México ha tenido un comportamiento favorable” y, desde luego, “tiene usted toda la razón, señor diputado: soy guapo, inteligente, carismático y, sobre todo, modesto”.

A los diputados nadie los escucha, y éstos no hacen caso del sonsonete del funcionario –el “ministro”, en este caso–, porque el alcance y desarrollo de la “comparecencia” se negociaron entre la secretaría a su cargo y las jerarquías partidistas mucho antes de que el funcionario en turno suba a la tribuna, repita el rollo y reciba todo tipo de mentadas y alabanzas.

Hasta donde se sabe ningún partido representado en San Lázaro lo propuso, ni siquiera se planteó como una eventualidad; tampoco lo hizo alguna organización social, económica o religiosa con objetivos masoquistas, pero el hecho es que el afamado “ministro”, que con su “reforma” fiscal ha exprimido hasta las piedras, ayer se aventó la siguiente puntada: “respetuosamente exhortamos al Congreso de la Unión, a esta Cámara de Diputados, a no aumentar impuestos, a no establecer, por supuesto, el IVA a medicinas ni alimentos, y este exhorto responsable no sólo se refiere a IVA en medicinas y alimentos, sino a otros conceptos tributarios como son el ISR o los impuestos especiales, incluyendo los que aplican a alimentos y bebidas”.

Y en el ejercicio de la adulación más abyecta, subió a tribuna una conmovida legisladora tricolor que quiso dejar patente su entusiasmo y hacer sentir su corazón: “cuente con nosotros, señor secretario”.

Pero de la chistera sacó otro conejo, con cara de dinosaurio: “con la medida de liberalización (del precio de la gasolina) que propone el Ejecutivo federal se espera observar una disminución en el precio de la gasolina en enero de 2016”. Se trata, dijo, de que “las gasolinas no tienen por qué ser un costo de un monopolio de Estado”, de tal suerte que “el consumidor participe en los beneficios de la diversidad de la competencia”, aunque es necesario “un periodo razonable de transición que sea responsable para las finanzas públicas y para el bolsillo de los ciudadanos”.

Y de allí para el real: “paquete económico realista y responsable”, “la economía mexicana crece, al igual que los salarios contractuales, el poder adquisitivo y el empleo”, “la inflación es históricamente reducida”, “no se incurrirá en un mayor déficit público”, “no recurriremos a más endeudamiento”, “el bolsillo de los mexicanos se fortalece”, y lo que se quiera agregar en este ya larguísimo cuento de la lechera (ahora tricolor), siempre en el marco del progreso permanente, el desarrollo nunca antes visto, la soberanía fortalecida y, desde luego, el elevadísimo cuan creciente bienestar de los mexicanos en los 34 meses de estadía de Peña Nieto en Los Pinos y Videgaray en la oficina principal de Hacienda, Batman y Robin de la polaca nacional.

Quien medianamente dé seguimiento a la perorata del “ministro del (d) año) y la compare con la realidad sabrá de qué se trata. El gobierno peñanietista es perfecto; lo que falla, y seguido, es la realidad.

Y como la realidad falla, la economía no levanta, el crecimiento brilla por su ausencia, 60 por ciento de los mexicanos ocupados no tienen posibilidad alguna de obtener una pensión y las que se pagan son verdaderamente de hambre, los salarios son miserables, la pobreza crece, la deuda pública alcanza niveles nunca antes vistos y todo lo que se quede en el tintero.

En fin, ¿a dónde llevan las “comparecencias” de los integrantes del gabinetazo frente a los somnolientos “representantes populares”, quienes sólo alteran su paz interior a la hora de levantar la mano o proceder de acuerdo con su filiación partidista (sonora mentada de madre o descarada adulación), mientras el funcionario en turno no escucha nada, no contesta nada y se limita a repetir el rollo de siempre?

Son contadas las “comparecencias” que rompen el esquema, más por alguna causa jocosa que por otro elemento propositivo. Cómo olvidar aquella de Ramón Aguirre Velázquez (en 1982, ya candidato Miguel de la Madrid), cuando en su condición de secretario de Programación y Presupuesto rompió el ritual parlamentario al solicitar permiso al pleno –ya en el límite de la resistencia humana– para ir al baño, pues su vejiga de plano no daba para más.

Ese es el detalle que históricamente se recuerda, porque tal “comparecencia” fue igual de fatua, lisonjera, aburrida y carente de sentido que la del “ministro del (d) año”. Y de otras quedan en la memoria las tomas de tribuna, las mentadas de madre, la abyección de los diputados, las frases y/o acciones ocurrentes y demás gracias, pero nunca las acciones concretas que contribuyan a que el país salga del hoyo. Y así ha sido a lo largo de los años.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Como el dólar no deja de “revaluarse”, el pesito no deja de devaluarse: ayer a 17.20 bilimbiques.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.