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México SA: Miserable unificación

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P resentado como un “gran logro” de la política económico-social del gobierno peñanietista, a partir del próximo jueves habrá un solo salario mínimo para todo el país, tras concluir el “proceso de unificación” del mini ingreso, iniciado el 26 de noviembre de 2012 con el objetivo de borrar del mapa mexicano de la miseria el esquema salarial de tres zonas geográficas (A, B y C). Así, desde el primero de octubre de 2015 la miseria del salario mínimo se “democratiza”.

Antes de esa histórica decisión México ocupaba el primer lugar latinoamericano en lo que a menor salario mínimo real se refiere (medido en dólares constantes y en términos de paridad de poder adquisitivo, de acuerdo con la Cepal), es decir, el más miserable entre los miserables… y tras el “proceso de unificación”, también. Medalla de oro en miseria laboral.

Así, advierte la Cepal, “México es el único país donde el valor del salario mínimo es inferior al umbral de la pobreza per cápita. Una parte significativa del incremento de la desigualdad entre finales de los años 80 y comienzos de la década de 2000 se debe a la fuerte caída del salario mínimo real. Más aún, esta evolución explica prácticamente todo el incremento de la desigualdad en los quintiles inferiores de la distribución de ingresos durante los años 90”. Entonces, subraya, si esta República de discursos quiere hacer algo efectivo, “la llave maestra contra la desigualdad es el empleo bien remunerado, con seguridad social y derechos”, algo que en los hechos es cada día más lejano.

Para no ir más lejos, en lo que va del nuevo siglo todos los países latinoamericanos avanzaron sustancialmente en lo que a salario mínimo real se refiere… menos México, país en el que su Constitución obliga al gobierno y a los patrones a que dicho ingreso sea “suficiente para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos…”. Y en tres décadas el poder adquisitivo de tal salario se desplomó 78 por ciento.

Sin embargo, la histórica decisión del gobierno federal ha hecho posible que ahora el salario mínimo sólo sea uno: 70 pesotes con 10 centavos por día en lo que hasta hace no mucho fueron las tres zonas geográficas en las que, para estos efectos, se dividía la República. En primera instancia los de la zona C se incorporaron a la B, y a partir del próximo jueves todos los trabajadores, jubilosos, pertenecerán a la A.

¿Cuál fue el “incremento” nominal en el ingreso como resultado del “proceso de unificación”, que se prolongó por tres años? Para los trabajadores que pertenecían a la zona C 4.46 pesos por año (13.38 pesos en el periodo) y para los ex integrantes de la zona B, 3.67 pesos anuales (11.02 en el trienio). Los más “ricos” (zona A) lograron un “aumento” acumulado de 2.59 pesos por año (7.77 pesos en total).

Pero ánimo, que a partir del primero de octubre el salario mínimo generalizado será de 70.10 pesos por día (algo así como 2 mil 103 mensuales) y todos contentos y “bien remunerados”, como asegura la versión oficial. Sin embargo, cuando arrancó el “proceso de unificación” el salario mínimo mensual de la zona A equivalía a cerca de 144 dólares; tres años después, y ya con los “aumentos”, el mismo mini ingreso no pasa de 123 dólares (sin considerar que el tipo de cambio se altera, para mal, todos los días).

Para 2016 ¿qué “incremento” al salario mínimo puede esperarse, sobre todo ahora que (versión oficial) el nivel de precios “está en su nivel más bajo” de las últimas cuatro décadas? Pues bien, de acuerdo con la norma de la trinca infernal gobierno- patrones-“líderes obreros” (cuando mucho la inflación que mide el Inegi) y si bien va, entre 1.8 y 2.1 pesos por día, para alcanzar un “salario remunerador” cercano a 72 bilimbiques por día.

En los últimos 33 años (de Miguel de la Madrid al actual inquilino de Los Pinos) el salario mínimo promedio nacional pasó de 318.28 viejos pesos (léase 3.18 nuevos pesos) a 70.10 nuevos pesos (léase 70 mil 100 viejos pesos), un aumento nominal en el periodo cercano a 20 mil por ciento. Sin embargo, es ese mismo lapso la inflación fue de 60 mil por ciento, de tal suerte que la pérdida real ha sido espeluznante. ¿Quién es el guapo que dice que el poder adquisitivo del mini ingreso “se ha recuperado y sigue fortaleciéndose”?

A estas alturas, y sólo considerando la inflación en el periodo citado para mantener intacto el poder adquisitivo de hace 33 años, el salario mínimo (“unificado”, obviamente) tendría que ser no menor a 191 pesos por día (5 mil 730 pesos mensuales), y aun así no alcanzaría para mucho.

Pero en este México “en movimiento”, “moderno” y “reformado” un trabajador con un salario de 6 mil pesos mensuales, o cercano a esa cantidad, oficialmente es clasificado como integrante de la activa y pujante “clase media” (Ernesto Cordero dixit), cuando en Estados Unidos (con el que todo lo comparan y “equiparan”, salvo en materia salarial), alguien que obtenga ese monto abiertamente pertenece a la estadística de depauperados.

Como bien ha documentado el Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la UNAM, “en 1976, con un salario mínimo diario se podían comprar casi tres kilos de carne, siendo bastante claro que es a partir de 1982 que se invierte esta relación, es decir, el precio de la carne se encuentra por encima de lo que recibe un trabajador como paga. Hoy con un mini ingreso sólo compra medio kilo (si bien va). Es el resultado de las políticas salariales y del método adoptado por los gobiernos para ‘hacer competitiva’ una mano de obra productiva y barata”.

En los 80, apunta el CAM, “México se inserta en la dinámica mundial del neoliberalismo y asume que el trabajo precarizado será una de las condiciones para estimular la inversión extranjera y activar la economía. El resultado de 30 años de dicho modelo económico se observa mediante el tiempo laboral que un trabajador destina para adquirir los alimentos para su familia”. Así, en 1987 canalizaba el equivalente monetario a medio turno para comprar la canasta alimenticia recomendable; en 2015, el equivalente a tres jornadas completas.

En fin. ¡Alegraos!, mexicanos golosos, que salarialmente ya los “unificaron”, en el supuesto que la trinca infernal respete su propio acuerdo.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Un fuerte y solidario abrazo para Lucinda y la familia Gutiérrez Ruiz, y un sentido hasta siempre a nuestro querido cuan respetado poeta Hugo Gutiérrez Vega.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.