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México SA: Oro negro en caída libre

reforma energética

Caída libre registra el precio del petróleo mexicano de exportación, pero en el primer círculo de Los Pinos aseguran que no tiene mayor importancia porque, dicen, las coberturas (una suerte de seguro) contratadas por la Secretaría de Hacienda garantizan un barril a 79 dólares en todo 2015.

El pasado viernes la cotización del crudo nacional cerró en 58.98 billetes verdes por barril, o lo que es lo mismo, 25 por ciento por debajo del precio promedio aprobado por el Congreso para 2015, el cual, dicho sea de paso, ya había sido recortado (de 82 al límite señalado).

Sólo esta última acción representó una pérdida para el erario por mil 200 millones de dólares, y si para la comparación se toma la estimación oficial para el cierre de 2014 (94 dólares por barril como promedio, contra 79 para 2015), entonces el agujero financiero se acercaría a 6 mil millones de billetes verdes (alrededor de 90 mil millones de pesos al tipo de cambio actual).

Para las eternamente petrolizadas finanzas públicas el impacto negativo es severísimo, pero las citadas coberturas (por las que el gobierno mexicano pagó alrededor de 800 millones de dólares) garantizan el ingreso estimado, siempre de acuerdo con la Secretaría de Hacienda.

A partir de los primeros días de septiembre pasado, el precio de la mezcla mexicana de exportación comenzó a hundirse. El día cinco de ese mes el barril se cotizó a 91.29 dólares, y de allí para abajo. Entre esa fecha y el cierre del pasado viernes la caída acumulada supera los 32 dólares por barril, es decir, un desplome de 35.4 por ciento, y contando. Y de cada peso presupuestal cuando menos una tercera parte proviene del oro negro.

Pero en Hacienda insisten en que no hay de qué preocuparse, que para eso están las coberturas. Sin embargo, no todos son fieles de ese santo. Como publicó La Jornada (Israel Rodríguez), “pese al seguro de cobertura de los precios del petróleo a 79 dólares por barril para todo 2015, existe incertidumbre respecto de la situación de las finanzas públicas hacia 2016 y también en lo referente a posibles afectaciones de la baja en los precios del crudo sobre los proyectos de inversión que se esperan (ronda uno) cuando de hecho estamos en plena fase de aplicación de las reforma en el sector de hidrocarburos”, advierten los expertos del Grupo Financiero Santander.

Como se ha comentado en este espacio, oficialmente y por decreto presidencial, las finanzas públicas quedaron “despetrolizadas” desde los tiempos de Carlos Salinas de Gortari, quien en su sexto Informe de gobierno (primero de noviembre de 1994), celebró que ello fue posible como resultado de la política económica por él emprendida, la cual, dijo, logró “diversificar” la captación de recursos públicos. Por aquellas fechas, el ingreso petrolero equivalía a 4.9 por ciento del producto interno bruto y alrededor de 30 centavos de cada peso presupuestal provenían del oro negro.

“Despetrolizadas” las finanzas públicas (versión oficial), a estas alturas, ya con EPN en Los Pinos, el ingreso petrolero aporta cerca de 35 centavos de cada peso presupuestal y equivale a 7.6 por ciento del producto interno bruto, es decir, que entre una fecha y otra la dependencia del erario de los dineros provenientes del oro negro se incrementó la friolera de 55 por ciento, y no existe actividad o sector que tape el agujero.

Vale mencionar de nueva cuenta un análisis de la Auditoría Superior de la Federación sobre este tema: de 1938 (año de la expropiación cardenista) a 1984, el importe total anual de los impuestos, derechos y aprovechamientos pagados por Pemex y sus organismos subsidiarios no tuvo representatividad en relación con el producto interno bruto. A partir de 1985, con Miguel de la Madrid, comenzó a incrementarse la carga tributaria (a la paraestatal) al igual que la proporción respecto del PIB, al pasar de 0.1 por ciento ese último año a 7.6 por ciento en 2012”, con Felipe Calderón. Y esa proporción se mantiene en tiempos de EPN, de tal suerte que la “despetrolización” de saliva sólo incrementó la dependencia que las finanzas públicas mantienen de los recursos petroleros, y cada que el precio se altera a la baja el peligro es más que notorio.

El llamado México “moderno” y “reformador” (léase el neoliberal) se ha financiado con los miles y miles de millones de dólares provenientes del petróleo expropiado por Lázaro Cárdenas, dilapidados el grueso de ellos en las francachelas entre el poder político y el económico. Y ahora que se les desfonda el precio del barril y son felices porque compartirán la renta proveniente del oro negro, pues a ver de dónde sacan para continuar su fiesta.

En el contexto reciente, el peor precio petrolero se registró en el sexenio zedillista, pues el 10 de diciembre de 1998 el barril se vendió a 7.01 dólares por barril. En sentido contrario, el 14 de julio de 2008 (con Calderón en la residencia oficial) se reportó el máximo histórico: 132.71 dólares. A Enrique Peña Nieto también en esto del oro negro no le ha ido muy bien: 58.98 dólares por barril hasta el pasado viernes, y la semana que comienza será aún menor, con el agravante de que en los anaqueles de la venta de garaje (léase privatizaciones de los bienes del Estado) ya no queda nada qué vender, más que telarañas. Malbarataron y reventaron todo, siempre en nombre del “bienestar de los mexicanos y del México moderno” (sólo hay que ver los resultados).

Lo peor del caso es que no hay visos de una pronta recuperación de los precios petroleros; en el mejor de los casos podría darse allá por mediados de 2016 y no más allá de los 70 o 75 dólares por barril, de tal suerte que las finanzas públicas sufrirán lo suyo. Para colmo, hasta el sempiternamente optimista José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, pronostica años muy difíciles en materia económica, porque “estamos viendo un crecimiento verdaderamente anémico en América Latina, y por primera vez en 10 años más bajo en promedio que la OCDE y eso que la organización no es precisamente una fuente enorme de crecimiento”.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Veinte años atrás funcionó en Dubai: ante la eventualidad de agotamiento de sus reservas petroleras, el emirato desarrolló su sector turístico a niveles impresionantes. A estas alturas, las primeras se mantienen gruesas y con el segundo ha fortalecido sus finanzas públicas. Entonces, aquí podría ser igual, porque la secretaria Claudia Ruiz Massieu destaca que ese sector crece mucho más que la economía en su conjunto, genera un buen número de empleos, aporta al fisco y capta divisas. Hace dos décadas se lo propusieron a Zedillo, y nada hizo. A ver si ahora les gira la piedra.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.