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México SA: Pensiones, bomba social

reforma energética

L os salarios en México son miserables. Resultan entre diez y 15 veces menores a los prevalecientes en Estados Unidos y Canadá, los “grandes socios” del país. Ni lejanamente alcanzan para una vida digna; 65 por ciento de los mexicanos con ocupación laboral (alrededor de 34 millones) obtiene como máximo de tres salarios mínimos para abajo y 63 millones sobreviven en la pobreza gracias a las bondades del régimen.

Ese es el crudo panorama nacional, en vías de empeorar, en el que del salario sólo queda un amargo recuerdo apenas unas horas después de cobrarlo. Pero campechanamente la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar) notifica que si los trabajadores mexicanos “quieren alcanzar pensiones de apenas 70 por ciento de sus ingresos actuales, deberán ahorrar voluntariamente hasta 11 por ciento de su salario, adicional a las aportaciones obligatorias que se realizan en su fondo de pensión” (La Jornada, Víctor Cardoso).

Y algo más: “si un trabajador que percibe 6 mil 309 pesos mensuales (tres salarios mínimos de la zona A), aporta adicionalmente desde los 25 años de edad 9.1 por ciento de su sueldo mensual, es posible que a la edad de retiro aspire a una tasa de remplazo de 70 por ciento. Sin embargo, si esta persona posterga sus contribuciones voluntarias hasta cumplidos los 55 años, para alcanzar ese mismo nivel de ingresos en el retiro, el ahorro necesario se verá incrementado a 72 por ciento de su salario actual” (ídem).

Ahorrar, pues, pero ¿de dónde? Si se toma como base el salario mínimo vigente en el Distrito Federal (70.10 pesos diarios), la primera parte de la generosa invitación de la Consar equivale a restarle 7.82 pesos por día al de por sí magro ingreso para “garantizar” una pensión aún menor que el miserable salario que los mexicanos obtienen y, una vez descontado el “ahorro”, destinar el resto a salud, vivienda, alimentación, educación, transporte, etcétera, etcétera. ¿En serio? Y si se aplica la segunda propuesta (la de aportar el 72 por ciento), entonces para “ahorrar” la muerte por hambre será condición necesaria.

Resulta que la Consar es la encargada de llevar a la práctica aquel visionario pronunciamiento del entonces inquilino de Los Pinos (Ernesto Zedillo, el “padre” del “moderno” sistema pensionario) cuando el primero de julio de 1997 dio el banderazo de salida al negocio privado de las pensiones: “es la gran solución social al México moderno de hoy, y se trata de un sistema para el futuro, moderno, ágil, transparente y, sobre todo, justo”.

Un par de años después, el mismo personaje presumía que tal negocio privado permitió “un sistema de seguridad social fortalecido, un régimen de pensiones más justo junto con una nueva capacidad de crecimiento de la economía, razones por las que podemos mirar al futuro con optimismo”. Así, decía, “los trabajadores cuentan con un régimen de pensiones moderno, equiparable a los mejores sistemas públicos del mundo y tienen la seguridad de que a su retiro tendrán una pensión justa”.

A la vuelta de los años la Consar se encarga de decirle a los mexicanos que si saben contar, pues que no cuenten con la prometida “pensión justa”, porque en el mejor de los casos sólo cuatro de cada diez mexicanos recibirían una proporción menor de su salario ya retirados, siempre y cuando “ahorren” más de lo originalmente calculado. La misma institución lo reportó así al Congreso: “60 por ciento de la población del país se encontrará sin una pensión al momento de su jubilación”.

Como recientemente comentamos Roberto González Amador y este tecleador en el videochat de La Jornada (https://www.youtube.com/watch?v=bl-RztubyfU) la Auditoría Superior de la Federación (ASF) realizó un detallado análisis del sistema nacional de pensiones y jubilaciones ( h t t p : / / w w w. a s f . g o b . m x / Tr a n s /Informes/IR2013i/Documentos/Auditorias/2013_1203_a.pdf), en el que advierte que “conforme a la proyección realizada y utilizando el saldo registrado en las Afores al cierre de 2013, el grupo de trabajadores que actualmente tienen 36 años o menos (SB4) alcanzarán una pensión superior a la garantizada que (sólo) cubrirá 30.7 por ciento de su sueldo; para las personas de 37 a 45 años (SB3) el promedio será de 19.9 por ciento y resultará inferior a la pensión garantizada en la mayoría de los casos (nueve de cada diez); para las personas de entre 46 y 55 años (SB2) su tasa de reemplazo será de 13.8 por ciento y para las mayores de 55 años (SB1), de 5.2 por ciento”.

En cualquier caso, se ahorra el excedente del ingreso, es decir, el dinero que sobra una vez cubiertos todos los pendientes (de la renta al recibo de energía eléctrica; de la alimentación a la salud; del transporte al vestido, etcétera, etcétera), de tal suerte que es imposible ahorrar lo inexistente, especialmente si se recuerdan los miserables salarios que se pagan en México. Entonces, la “invitación” de la Consar en realidad es un certificado de defunción para los futuros pensionados en un sistema que se presentó “moderno, ágil, transparente y, sobre todo, justo”.

Sin ánimo de deprimir a nadie, el análisis de la ASF subraya que “el ahorro que están haciendo los trabajadores para su retiro es insuficiente para obtener una buena pensión, debido a que con base en información proporcionada por la Consar, la Auditoría Superior de la Federación estima que en México el promedio ponderado de la tasa de reemplazo que obtendrán los trabajadores al momento de su retiro será de 22.2 por ciento, situación que posicionará al país en el último lugar de los 34 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

“Mientras que en México los trabajadores incorporados al régimen de contribución definida obtendrán una pensión equivalente al 22.2 por ciento de su sueldo, en los demás países pertenecientes a la OCDE el promedio será de 54 por ciento; destacan los Países Bajos que ofrecen una tasa de reemplazo del 90.7 por ciento, Canadá de 45.4 y Estados Unidos, de 38.3.

De cualquier forma, la ASF estima que destinar adicionalmente el 11 por ciento del salario como “aportación voluntaria” tendría un pírrico efecto, pues la tasa de remplazo promedio pasaría de 22.2 a 33.3 por ciento (no el 70 por ciento como asegura la Consar), contra 60 por ciento garantizado en el régimen anterior al SAR. Además, se identificó que en 69.2 por ciento de los regímenes pensionarios de beneficio definido no se logrará cubrir la cuantía de la pensión garantizada en la Ley del Seguro Social y en el 16.9 por ciento no se cubrirá la señalada en la Ley del Issste”.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Entonces, para cuándo estalla la bomba social.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.