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México SA: Pensiones en el suelo

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A llá por julio de 1997, en apoteósico acto en Los Pinos, Ernesto Zedillo declaró oficialmente inaugurado el gran negocio privado de las pensiones en el país y presumió que esa vía era no sólo la “gran solución social al México moderno de hoy”, sino que se trataba de un “sistema para el futuro, moderno, ágil, transparente y, sobre todo, justo”.

Pues bien, 17 años después de que el Estado mexicano se lavó las manos en materia pensionaria y le armó un nuevo cuan jugoso negocio al capital financiero, el balance resulta aterrador: apenas cuatro de cada 10 mexicanos realizan aportaciones a los fondos para el retiro, y aquellos suertudos ya pensionados o que están a punto de estarlo reciben y/o recibirán una miseria.

De acuerdo con su informe 2014, enviado al Congreso de la Unión, la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar), reconoce que “60 por ciento de la población del país se encontrará sin una prensión al momento de su jubilación”, pues en México “prevalecen sistemas de pensiones de reparto que son financieramente inviables y que consumen cada vez más recursos que debían destinarse a la inversión en bienes públicos” y previene: “Entre más tarde sea la reforma de dichos planes de pensiones, mayor será el costo para toda la sociedad en su conjunto” (La Jornada, Víctor Cardoso).

Por el contrario, los golosos dueños de las 11 Afore en operación (de ellas tres concentran 57 por ciento del negocio, lo que indica el grado de concentración existente) son felices, porque en este negocio nunca pierden. Manejan activos cercanos 2.4 billones de pesos y, entre otras actividades, invierten los recursos de terceros en valores extranjeros e instrumentos en divisas y bursatilizados, y si hay pérdidas (o “minusvalías” como eufemísticamente le llaman) las asume el futuro pensionado, lo que da cuenta de lo “justo” (Zedillo dixit) que es el sistema. Él pone el dinero, pero no tiene derecho a decidir dónde o en qué se invierte, pero le endilgan toda la responsabilidad del quebranto.

Cifras de la Consar al cierre de diciembre de 2014 revelan que 49.8 por ciento del ahorro de los mexicanos, vía Afores, se destina a financiar al gobierno; 19.6 por ciento a deuda privada nacional; 17.2 por ciento a renta variable extranjera y 7.4 por ciento a nacional; el resto se distribuye entre deuda internacional, mercancías y “estructurados”. Así, los pensionados y los que en el futuro lo estén dedican sus dineros –la mayoría sin saberlo– a sacarle las castañas a quienes adujeron “razones de justicia social” para privatizar el sistema pensionario nacional.

Para dar una idea, de 1998 a 2007 los ingresos de las Afore por el cobro de comisiones se incrementaron a una tasa media de anual de 13.15 por ciento, de tal suerte que en el periodo ascendieron a 120 mil illones de pesos: las Afore acumularon utilidades netas por 28 mil 500 millones de pesos, mientras los trabajadores pagaron hasta 23 centavos por cada peso que aportaron para su pensión. En términos porcentuales, la utilidad neta de las Afore creció a una tasa media anual de 24.11 por ciento; mientras el rendimiento de las cuentas de los trabajadores apenas fue de 2.7 por ciento, una diferencia de nueve tantos a favor de las utilidades empresariales, de acuerdo con un análisis (mayo 2008) que sobre esta “solución definitiva” elaboró la Cámara de Diputados, por medio de su Centro de Estudios de las Finanzas Públicas.

Ahora, la Consar considera pertinente “reformar” los planes pensionarios, porque de otra suerte “mayor será el costo para toda la sociedad”. Entonces, “con miras a lograr que el Legislativo ahonde en los cambios al sistema de pensiones, la institución hace referencia a un estudio donde se revela que a los niveles actuales de aportación y comisiones que cobran las administradoras de fondos para el retiro (Afores) un trabajador a su retiro sólo obtendría 60 por ciento de su último salario” (ídem).

El sistema de Ahorro para el Retiro, asegura la Consar, “se encuentra en buenas condiciones”, pero “requiere cambios más profundos que permitan la diversificación, flexibilización y mayor agilidad para las inversiones de las Afores con el fin de que se obtengan buenos rendimientos, sobre todo en lo que se refiere a la adquisición de valores extranjeros y en renta variable; la aportación obligatoria de 6.5 por ciento del salario base de cotización, señala, es una de las más bajas a nivel internacional, lo que sugiere que, aún con los más altos rendimientos y las más bajas comisiones, las pensiones al final de la vida laboral de los ahorradores podrían ser menores a lo deseado” (ibídem).

Un año atrás, el Banco Mundial advirtió que el aumento en el número de cuentas registradas y administradas por las Afore “son datos administrativos que reflejan muy poco la situación de la cobertura efectiva en pensiones (porque) más de la mitad de estas cuentas están inactivas, provocando que muchos de sus titulares ni siquiera tengan derecho a la pensión mínima garantizada”. De hecho, apuntó, “México se encuentra entre los países de América Latina con bajos índices de cobertura en su población de adultos mayores, particularmente en pensiones para la jubilación y el retiro. A pesar de que ha reformado sus principales programas de pensión, sustituyéndolos por sistemas de capitalización total, contribuciones definidas y cuentas individuales, estas acciones respondieron más a las presiones fiscales que venían generando y a la necesidad de fomentar el ahorro financiero, que a lograr una mayor cobertura”.

Así, concluyó el Banco Mundial, “el sistema mexicano de pensiones puede caracterizarse de manera general por su dualidad y fragmentación. Dan cuenta de su dualidad la existencia de un sistema de seguridad social contributivo, con un paquete definido de beneficios para los trabajadores del sector formal privado y del sector público, que coexiste con un conjunto de servicios y beneficios fragmentados no contributivos, ofrecidos mediante diversos programas de asistencia social a la población en pobreza, de bajos ingresos y en el sector informal de la economía”.

Entonces, ¿qué fue de la “gran solución social al México moderno de hoy” y del “sistema para el futuro, moderno, ágil, transparente y, sobre todo, justo”?

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Mientras el gobierno mexicano hace como que no ve el entramado de defraudación fiscal del HSBC en el que participaron políticos y empresarios autóctonos, el dólar en ventanilla se fue a 15.40 bilimbiques (léase 15 mil 400 pesos sin el truco de los tres ceros).

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.