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México SA: Pensiones: penúltimo lugar

reforma energética

V eintitrés años de permanente “modernización” del sistema nacional de pensiones arrojan un resultado verdaderamente espeluznante: en el contexto latinoamericano México ocupa el escalón número 25, de 26 posibles, en lo que a monto de pensiones se refiere (sólo por arriba de República Dominicana, aunque por debajo de Surinam y Haití), al tiempo que hasta ahora, y en el mejor de los casos, apenas cuatro de cada diez mexicanos recibirían una pensión, por mínima que sea (22 por ciento del salario, en promedio).

Fracasaron las “reformas” de Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón. Cuatro sexenios al hilo “actualizando” tal sistema, y a estas alturas si algo se puede presumir es que los pensionados obtienen cada vez menos, al tiempo que se reduce la posibilidad para quienes en un futuro lo serán.

La OCDE, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo divulgaron ayer un estudio (Un vistazo a las pensiones en América Latina y el Caribe) en el que detallan que los 26 países de la región considerados en su análisis registran una tasa promedio de reemplazo (el monto de la jubilación con respecto al último salario) de 55 por ciento, aunque en el caso mexicano es inferior a 30 por ciento (22.2 por ciento de acuerdo con la Auditoría Superior de la Federación), muy por debajo de países como Ecuador y Paraguay (cercanos al 100 por ciento).

Hasta ahora el gobierno de Enrique Peña Nieto ha limitado su “estrategia” en la materia a la puesta en marcha del Programa de Pensión para Adultos Mayores que entrega una pensión, por así llamarle, de 525 pesos mensuales a personas de 65 años en adelante, por tratarse, según dice, de “un acto de justicia social”, aunque en realidad el beneficio es netamente electoral para el partido político del susodicho (al igual que los esquemas instaurados, desde hace cinco lustros, por gobernadores y jefes de gobierno), porque con esa cantidad no se llega muy lejos que se diga y nada se resuelve.

Pero el actual inquilino de Los Pinos algo tendrá que hacer, como presentar su propia “reforma” (quinto sexenio al hilo), y “cocinar” su “nueva ley de pensiones”, porque ya le dieron línea: desde Washington, “tres organismos multilaterales (los citados OCDE, BM y BID) exhortaron ayer a los gobiernos latinoamericanos a abordar cuanto antes reformas en el manejo de las pensiones para evitar la pobreza en la tercera edad, en un continente en el que la población adulta es cada vez mayor; el desafío principal es construir un sistema de protección social a largo plazo (es decir, el que, para el caso mexicano, se anunció 23 años atrás y que hace cada día más miserables las pensiones); sin reformas, entre 63 y 83 millones de latinoamericanos carecerán de pensión; son necesarias reformas en el manejo de las pensiones para evitar la pobreza en la tercera edad”.

Entonces, nada raro sería que en la cocina de Los Pinos o en la del Congreso se dé una quinta revolcada al platillo originalmente preparado por Salinas, el que a su vez fue revolcado por Zedillo, Fox y Calderón, no sólo para armar el jugoso negocio privado con el ahorro de los trabajadores, sino para cumplir con las “amistosas” instrucciones de los organismos internacionales.

La “reforma” (carente de) madre, por llamarle así, fue la de Carlos Salinas de Gortari, en 1992, porque, dijo en aquella ocasión, “estamos empeñados en la modernización financiera” del sistema pensionario. “Reconozco la circunstancia de nuestros pensionados, para quienes a lo largo de su vida no se tomaron previsiones adecuadas para el momento del retiro; por eso, hemos emprendido acciones complementarias para apoyarlos además de los incrementos mencionados en sus pensiones. Con la creación del SAR en 1992, establecimos bases sólidas para fomentar el ahorro a largo plazo y mejorar la situación económica de los trabajadores al momento de su retiro”.

Ernesto Zedillo, el segundo bateador, aseguró (1995) que “si la reforma del Seguro Social se hubiese pospuesto acarrearía un costo muchísimo mayor en recursos y, sobre todo, en servicios esenciales para las familias de los trabajadores. Estoy plenamente convencido de que, por su efecto positivo en el ahorro interno, en el largo plazo la reforma al sistema de pensiones será la que más contribuirá al crecimiento sostenido de nuestra economía. La seguridad social representa el escalón más alto de la justicia laboral. La reforma a la Ley del Seguro Social garantiza la viabilidad futura de un Instituto hondamente apreciado por los trabajadores, sus familias y sus organizaciones. Un nuevo sistema de ahorro y retiro más justo y productivo protege ahora a los mexicanos. Los hechos acreditan la justicia y la oportunidad del rescate de la seguridad social por el Estado mexicano”.

Y llegó Vicente Fox, quien de entrada prometió a los jubilados: “lucharé por pensiones justas. La (segunda) reforma del Seguro Social permitió elevar el valor de las pensiones y detener su erosión. Mi reconocimiento a todas y todos los legisladores que hicieron posible la urgente reforma a la Ley del Seguro Social. Somos el aval de un cambio responsable. El país marcha y marcha bien. Esta decisión constituye el primer paso para asegurar la viabilidad financiera de este organismo, así como para elevar la calidad de sus servicios para los 12 y medio millones de trabajadores y sus familias”.

Más adelante, Felipe Calderón “reformó” la Ley del Issste, “un triunfo –dijo– para la política, la economía y la democracia, porque con ella se demuestra que sí se pueden lograr acuerdos y transformar, mejorar y renovar a México; se trata de la reforma más relevante en los últimos diez años; es una ley con profundo contenido social y humano; con esta reforma, México está mejor preparado para enfrentar con éxito el futuro”.

De allí al “acto de justicia social” de Peña Nieto (los 525 pesotes mensuales para los adultos de 65 años y más), y todos felices y contentos con sus “reformas modernizadoras” que han armado una bomba social de mecha muy corta, y ubican a México en el escalón 25 de 26 posibles en América Latina, con pensiones menores a las que se pagan en Haití.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Eso sí, ni un paso atrás en las voluminosas pensiones para los ex presidentes (por sólo seis años en el cargo), ni en las igualmente jugosas que se autorizan para la dorada burocracia y fauna que la acompaña… Y para amenizar el ambiente, el dólar en ventanilla a 15.74 bilimbiques.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.