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México SA: Petróleo y cuento de hadas

reforma energética

C omo dicen los clásicos, no es lo mismo que lo mesmo, y la aventura privatizadora del petróleo mexicano, que fue presentada como un cuento de hadas (coro de ángeles incluido) tornóse sueño guajiro –terca realidad de por medio–, pues Enrique Peña Nieto y su grupo de estrellas itamitas creyeron que con sólo tirar al caño casi ocho décadas de estatismo petrolero lo demás, simple y sencillamente, era miel sobre hojuelas.

El actual inquilino de Los Pinos, con el genio de Malinalco a su lado (o al revés), nunca tuvo otra “oferta” de gobierno que no fuera la privatización del petróleo (lo demás son meros parches a lo andado), y por lo mismo –calcularon– sólo era cuestión de calendario: presentación de la “reforma”, aprobación por el Legislativo, reglamentación, armado de la tienda y venta, amigos incluidos.

Pero su cálculo fue no malo, sino pésimo, y en cuestión de unos cuantos meses su cuento de hadas se fue al caño, junto con el estatismo petrolero y las promesas de “un futuro promisorio”, porque entre sus planes nunca se consideró la posibilidad de que el “gran atractivo” del oro negro nacional se derrumbara, y junto a él todo lo demás.

Durante su campaña electoral el precio del barril mexicano de exportación rozaba los 120 dólares; el día de los comicios se cotizaba en 91 dólares; cuando fue declarado “presidente electo” se vendía a casi 104 dólares; al tomar posesión del cargo el oro negro se comercializaba a poco más de 97 dólares. Un precio con fluctuaciones “normales” que “en nada alteran lo comprometido”, según decían.

Pero algo falló: el “histórico” día que al Congreso presentó su iniciativa de “reforma” energética el barril mexicano de exportación se vendía por arriba de los 101 dólares; cuando diputados y senadores se la aprobaron, el oro negro se comercializaba en 93 dólares; cuando reglamentaron la nueva ley andaba por los 75 dólares y finalmente, con todo el andamiaje aceitado y la mesa puesta, a duras penas se expende a 51 dólares. El “gran atractivo”, pues, se desplomó 50 por ciento, y desde antes de que eso ocurriera la advertencia de los potenciales inversionistas fue muy clara: “los actuales precios ponen bajo observación más de la mitad de los megaproyectos petroleros a nivel mundial; hoy hay 163 megaproyectos de petróleo en el mundo, de los cuales más de la mitad requiere para la inversión un precio del petróleo de 120 dólares por barril. Estos proyectos no serán factibles si el precio del petróleo baja”. Y ahora tal precio ronda los 50 dólares.

En Los Pinos siempre defendieron la tesis de que privatización petrolera era sinónimo de éxito gubernamental, y por lo soberbios que son nunca consideraron lo contrario, y esto es exactamente lo que sucedió, por mucho que Peña Nieto y sus guajiros se apresuraron a suavizar los de por sí laxos requerimientos para que el capital privado le clave el diente al oro negro otrora nacional. Todo ello, desde luego, aderezado con un terrible ambiente económico, social y político.

Finalmente llegó el día D (la primera licitación de la ronda uno, cuyo objetivo original es “maximizar la renta petrolera”) y ni las moscas se pararon. De 14 bloques ofrecidos, sólo dos se adjudicaron (un fracaso al 86 por ciento, o si se prefiere un “éxito” al 14 por ciento) y ambos quedaron en manos de un solo consorcio, en el cual participa (¡sorpresa!) parte de la familia real: la Casa Salinas (Hipólito Gerard, cuñado del susodicho) y la Casa Peña Nieto (Juan Armando Hinojosa, dueño de Higa, contumaz consumidor de contratos de obra pública a precio inflado y “facilitador” oficial de monárquicas residencias para los meros meros del régimen).

Por cierto, el único par de adjudicaciones (a la familia real) corresponde a bloques en aguas someras, cuando la oferta original de la “reforma” energética y su “brazo ejecutor”, la ronda uno, era desenterrar el “tesorito” petrolero de aguas profundas, porque, decían, Petróleos Mexicanos no tenía dinero ni tecnología más que para extraer crudo en las primeras (y para mejorar su situación le recortaron el presupuesto 2015).

Pero el cuento de hadas se topó con la realidad, y los operadores de la “reforma” energética se vieron en la penosa necesidad de mantener el “tesorito” donde supuestamente se encuentra e intentar ofrecer “atractivos alternativos” en aguas someras, para que los inversionistas (quienes, oficialmente, una vez tirado al caño el estatismo petrolero) cayeran como abejas en la miel sobre la “enorme riqueza que México tiene en aguas profundas”. Y lo único que cayó fue parte de la familia política.

Que vendrán “tiempos mejores” para la ronda uno, dicen en Los Pinos y zonas dependientes, pero con la gradual reincorporación de Irán al mercado petrolero, la negativa de la OPEP a recortar la producción y con una economía “globalizada” que a duras penas respira, difícilmente mejorará el panorama de precios, por lo que habrá que esperar sentados en un mullido sillón el advenimiento de la inversión privada en el crudo otrora nacional.

Pero sólo en el circuito pinolero creen aquello de los tiempos mejores, porque los analistas del sector financiero consideran exactamente lo contrario. Por ejemplo, los del Grupo Financiero Santander alertaron que “no deberíamos esperar una recuperación significativa del precio de la mezcla de petróleo de México que actualmente ronda 50 dólares por barril”, lo que sin duda impactará la Ley de Ingresos y el presupuesto de egresos para 2016, pues con base en los precriterios de política económica para el próximo año, se estima un precio promedio de 55 dólares por barril, lo que se traduce –en caso de que la realidad lo baje aún más– alrededor de 90 mil millones de pesos menos para el erario (La Jornada, Israel Rodríguez y Juan Carlos Miranda).

No sólo los de Santander, porque los del Grupo Financiero Scotiabank consideran que los resultados de la ronda uno “tienen una lectura negativa que pueden representar una mala señal para el desempeño de la inversión en nuestro país”, mientras que los del Grupo Financiero Ve por Más estiman que el gobierno peñanietista deberá reducir sustancialmente sus fantasías si pretende continuar con la ronda uno.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

De qué se queja el gobierno, si al final de cuentas lo único que hizo El Chapo fue aprovechar las “herramientas” que el propio sistema ofrece, por mucho que el inquilino de Los Pinos considere a la corrupción como meramente “cultural”.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.