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México SA: Precio petrolero en el suelo

reforma energética

S i saben contar, pues simple y sencillamente no cuenten con abundantes ingresos petroleros a corto y mediano plazos, porque el desplome de los precios del oro negro va para largo, al grado que si las cosas marchan muy bien, allá por el año 2020 (un bienio después de que EPN despache en otra parte) el barril mexicano de exportación alcanzaría un nivel cercano a 55 dólares (la estimación es del Banco de México), sin considerar la caída de la producción interna y la exportación de hidrocarburos.

Así, el “futuro promisorio” que un día sí y el siguiente también prometía el “ministro” del año se lo engulló la realidad, pues la “volatilidad pasajera” llegó para quedarse un buen rato, de tal suerte que el “blindaje” presumido por Luis Videgaray resultó de mucho menor espesor al utilizado en los chalecos de los policías de esquina.

Cómo olvidar las sabias cuan realistas palabras del secretario de Hacienda, pronunciadas días antes de concluir 2014: “afortunadamente hemos cubierto el precio del petróleo, con independencia de dónde esté el precio del petróleo en los mercados internacionales; tomamos una medida a tiempo que nos permite no solamente proteger los ingresos del gobierno federal, sino también el gasto público federal para el 2015. Gracias a esta cobertura se pueden descartar recortes al presupuesto de 2015 derivado de los precios del petróleo”.

Y se fue de vacaciones a Malinalco. Ya descansado y fortalecido, a su regreso levantó las tijeras y anunció (¡sorpresa!) un recorte presupuestal por 124 mil 300 millones de pesos, con un barril de exportación por debajo de los 40 dólares, medida que, según dijo, “es de carácter preventivo y responsable” ante la caída de los precios petroleros, y que difícilmente será el único a lo largo del presente año y subsiguientes.

Sólo como referencia, seis años atrás el entonces secretario de Hacienda, Agustín Carstens, reconocía (en agosto de 2009, en plena sacudida económica y ante diputados panistas) que las finanzas públicas enfrentaban el “peor shock” en tres décadas, pues, dijo, el “faltante” se aproximaba a 300 mil millones de pesos. Por esos ayeres el precio del barril mexicano de exportación rondaba los 55 dólares y la economía se desplomó 6.5 por ciento. Ahora el “agujero” se estima en 124 mil millones y el barril se vende por debajo de 40 dólares, aunque Videgaray asegura que no hay de qué preocuparse porque, según él, ello no tendrá efectos en la meta oficial de crecimiento (su cálculo falló rotundamente dos años seguidos, y va que vuela para el tercero al hilo).

Ya en su carácter de gobernador del Banco de México, ayer el siempre optimista Agustín Carstens de nueva cuenta se reunió con diputados panistas a quienes pidió “ver hacia adelante” porque los efectos en el gasto público por la caída de los precios del petróleo no serán exclusivos de 2015 ni de 2016 (La Jornada, Enrique Méndez). A las ovejitas blanquiazules les dijo que “la realidad es que México estaba acostumbrado a gastar con ingresos provenientes del petróleo de entre 80 y 100 dólares por barril, pero ya no los tenemos, y parece que esa caída será durable. Será cuestión de años regresar a los ingresos anteriores”.

Y de lo anterior los blanquiazules saben un rato, porque fue precisamente durante la docena trágica panista (los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón) que México obtuvo el mayor ingreso petrolero de su historia, el cual simple y sencillamente se dilapidó (el propio Agustín Carstens fue juez y parte desde la Secretaría de Hacienda).

De acuerdo con las estimaciones del Banco de México, en 2015 el precio del barril mexicano de exportación se mantendrá por debajo de 40 dólares y la misma tendencia se observará en 2016. Si bien marchan las cosas y se incrementa la demanda de oro negro (que también se mantiene en el suelo), ese mismo precio aumentaría, suave y paulatinamente, en el segundo año del próximo gobierno, es decir, en 2020, siempre y cuando el de Enrique Peña Nieto concluya en 2018.

Así, de aquí en adelante –cuando menos los próximos cinco años– los genios de las traqueteadas finanzas nacionales deberán hacer lo que nunca han hecho: ser creativos e intentar nuevas rutas de ingreso, porque como van las cosas los “agujeros” en el erario se incrementarán. No hay que olvidar que el ingreso petrolero aporta entre 35 y 40 centavos de cada peso presupuestal, y hasta ahora ninguno de nuestros siempre eficientes funcionarios dorados ha dicho cómo o de dónde provendrá el dinero faltante. Se han limitado a recortar y recortar, sin abrir caminos alternativos.

Para el gobernador Carstens “es razonable” el recorte presupuestal anunciado por Videgaray la semana pasada, pues “constituye un buen propósito, sobre todo por la oferta de que se evitará al máximo reducir el presupuesto para los programas sociales y en ese caso el impacto a las familias de menores ingresos será limitado”. Una maravilla, pues, porque “la otra alternativa sería contratar mayor deuda, dado que el gobierno federal ha comprometido que no habrá nuevos impuestos ni aumentará las tasas de los vigentes. Mayor deuda es más impuestos en el futuro. La deuda no es una salida” (ídem).

Será que cada quien habla como le va en la feria, pero lo anterior resulta por demás llamativo, pues el propio Carstens, en su calidad de secretario calderonista de Hacienda, notificó a los diputados panistas (en agosto de 2009) que “el gobierno federal propondrá un paquete económico para 2010 basado en más impuestos y un endeudamiento moderado, a fin de hacer frente a un faltante de 300 mil millones de pesos para financiar el presupuesto. Se deberán tomar decisiones “difíciles”.

Seis años después asegura que “mayor deuda es más impuestos en el futuro; la deuda no es una salida”. ¿Por fin? De cualquier suerte, el doctor “catarrito” debió decirlo antes, porque en lo que va del gobierno de Enrique Peña Nieto los impuestos se han incrementado de forma brutal y la deuda pública ha crecido a niveles históricos, tanto que “desde el inicio de la actual administración el endeudamiento contratado con acreedores internos y externos ha crecido en 2 mil millones de pesos diarios. Medida como proporción del tamaño de la economía, la deuda alcanzó el nivel más elevado en 24 años” (La Jornada, Roberto González Amador).

LAS REBANADAS DEL PASTEL

De nueva cuenta los chinos se quedaron con las ganas, pero ahora no será tan sencillo como un viaje de Ruiz Esparza a Pekín, porque la empresa asiática ya dijo que el gobierno de EPN deberá “lidiar de manera adecuada con la enorme mano de obra y dinero que las empresas chinas invirtieron en la licitación del proyecto”. ¡Zas! ¿Y quién paga?

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.