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México SA: Primer bienio = más pobres

reforma energética

E l primer bienio del “México que se atrevió a cambiar” se caracteriza por mucha propaganda y pocos resultados, pues si se comparan discursos con hechos el encontronazo es brutal. Según los primeros, el país y sus habitantes estarían en jauja; si se evalúan los segundos, entonces la situación es alarmante.

¿Qué creció en ese bienio? Los dos ya tradicionales factores: concentración de ingreso y riqueza y pobreza, de tal suerte que, por una parte, en el siguiente reporte de Forbes se anotará el sostenido crecimiento de las fortunas de los muy pocos mexicanos ricos entre los ricos y, por la otra, los informe oficiales no tendrán más remedio que reconocer el arrasador avance de la depauperación de la mayoría.

Será hasta mediados del año próximo cuando el Coneval detalle el impacto de dos años (diciembre de 2012 e igual mes de 2014) sin crecimiento económico, empleo insuficiente, salarios de hambre y nulos resultados sociales, o lo que es lo mismo, la tendencia registrada desde hace ya muchas décadas.

Nada permite suponer que el citado será un informe positivo –como no lo fueron los anteriores–, pero en vía de mientras el propio Coneval (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Seguridad Social) recién publicó su índice de tendencia laboral de la pobreza (ITLP) correspondiente al tercer trimestre de 2014, mediante el cual documenta la fortaleza o debilidad del poder adquisitivo del ingreso laboral, lo que refleja el avance o abatimiento de la pobreza. Su primer reporte lo divulgó en el primer trimestre de 2005, y desde entonces el deterioro de tal indicador ha sido permanente.

Mediante el ITLP trimestralmente se conoce la tendencia y la proporción de los mexicanos cuyo ingreso laboral les resulta insuficiente para adquirir la canasta alimentaria, y en este sentido al cierre de septiembre pasado tal indicador se incrementó (léase mayor número de pobres) 3.88 por ciento respecto a igual mes de 2013 y 2.65 de julio a septiembre, en comparación con abril-junio de 2014, es decir, en esa proporción creció el número de mexicanos a quienes su ingreso laboral no les alcanza siquiera para comprar la canasta alimentaria.

A lo largo del primer bienio del actual gobierno, en ninguno de los trimestres involucrados en el periodo se registró descenso (menor pobreza alimentaria) en el ITLP. De hecho, sólo en el primer bienio de EPN (hasta septiembre pasado) el avance fue de 4.1 por ciento.

Lo anterior con todo y que la “línea de bienestar mínimo” determinada por el propio Coneval resulta ridícula: mil 243.86 pesos para el ámbito urbano (equivalente a 57 por ciento de un salario mínimo mensual) y 869.90 pesos para el rural (40 por ciento de un salario mínimo mensual). Y para que el bienestar sea a secas (no mínimo, pues), el ingreso se eleva a 2 mil 544.10 y mil 616.58 pesos, respectivamente (1.16 y 0.74 veces el salario mínimo mensual en cada caso, al cierre de septiembre pasado).

¿Alguien, realmente, puede tener “bienestar mínimo” o “bienestar” a secas con ese nivel de ingreso? En el citado Consejo dicen que sí. Yen la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos y el Banco de México, también, porque el mini ingreso, o menos de él, genera pobreza en cantidades industriales pero, aseguran, su contención ha sido un ancla necesaria y muy efectiva para el control inflacionario, “el peor impuesto para los pobres”, o lo que es lo mismo, matar a la gente de hambre es benéfico para la nación, porque resulta antiinflacionario.

Es el balance nacional más reciente divulgado por el Coneval. Será hasta el próximo julio cuando esa institución aporte mayores elementos y datos más concisos para la actualización (hasta 2014) del inventario oficial de pobres en el país, el cual, sin duda, será mayor al heredado por Felipe Calderón (61.35 millones de mexicanos en tan terrible situación), en cuyo sexenio la tasa anual promedio de “crecimiento” fue de 1.8 por ciento.

Y como en este espacio se ha comentado, el número de pobres (considerando la pobreza patrimonial, que fue la medición original) el balance es desastroso, por mucho que año tras año se presumen voluminosos presupuestos para combatir ese flagelo. El sexenio de Carlos Salinas de Gortari arrancó con un conteo oficial de 37 millones de mexicanos en esa circunstancia, y a su término el inventario ya sumaba 47 millones. Ernesto Zedillo llegó a Los Pinos con ese registro de pobreza, pero al concluir su mandato el número había crecido a 52.7 millones, récord con el que comenzó el “cambio” de Vicente Fox, quien se fue al rancho no sólo con Martita sino con una nómina oficial de pobres de 46.5 millones, herencia que recibió Felipe Calderón, para que al cierre de su estancia en Los Pinos dejara en el abandono a 61.35 millones de paisanos.

Como se menciona líneas arriba, en el primer bienio de Enrique Peña Nieto el “crecimiento” ha sido raquítico, el empleo formal no alcanza, 60 por ciento de los mexicanos ocupados lo hacen en la informalidad y, por obvias razones, el número de pobres avanza sostenidamente, al igual que el de los discursos que pregonan que ahora sí, se los juro, el futuro venturoso está a la vuelta de la esquina, con una tasa anual promedio (2013-2014) de “crecimiento” de apenas 1.6 por ciento, si bien va.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Y mientras la mayoría sobrevive en condiciones verdaderamente angustiantes, en la tienda de enfrente están de plácemes. Informa La Jornada (Víctor Cardoso) que entre enero y septiembre de este año la Secretaría de Hacienda “se vio obligada a regresar o cancelar impuestos por 44 mil 454 millones de pesos peleados jurídicamente por contribuyentes inconformes. La devolución de impuestos fue apelada en tribunales por 20 mil 145 causantes, en su mayoría grandes empresas que cuentan con recursos suficientes para mantener prolongados procesos jurídicos y acudir a las distintas instancias legales que les permite la actual legislación”. Pero allí no queda la cosa, porque el Servicio de Administración Tributaria informa que el gobierno federal mantiene abiertos procesos jurídicos que se encuentran en fase de definición y que involucran recursos por alrededor de 197 mil 748 millones de pesos. Y algo más, porque la “cartera de créditos fiscales controvertidos” (los impuestos que los contribuyentes han dejado de pagar y se inconforman ante diversas instancias administrativas o judiciales) cerró septiembre en 286 mil 842 millones de pesos (ídem). Lo mejor del caso es que se hizo una “reforma” fiscal para que “paguen más quienes tienen más”.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.