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México SA: ‘‘Reforma’’: sumas y restas

reforma energética

E ntre las inagotables promesas (antes, durante y tras su aprobación) de la “Reforma” energética sobresalió aquella que “garantizaba” un crecimiento económico nunca antes visto en el país, pues los cambios constitucionales (léase privatización) aportarían, anualmente y “cuando menos”, dos puntos porcentuales más al producto interno bruto, según decían. De hecho, en el festín (con el barril a 100 dólares) abundaban las pitonisas oficiales y oficiosas que repartían flores y visualizaban un avance anual no menor a 7 por ciento, “o incluso mucho más”, por la simple razón de que “nos atrevimos a cambiar” (EPN dixit).

Pero como la caprichosa realidad no fue invitada al jolgorio, aquella se cobró el desaire y en unos cuantos meses les apestó el alegre augurio sobre la bonanza nacional. Ayer, ese mismo barril se vendió a 38.07 dólares, con lo que el desplome del precio petrolero mexicano ronda el 60 por ciento, y ahora el oro negro privatizado lejos de aportar lo prometido comienza a restar fuerza al de por sí raquítico ritmo de crecimiento económico nacional.

Así es: en lugar de agregar los dos puntos prometidos, “cuando menos”, ahora resulta que “la economía mexicana podría perder alrededor de un punto porcentual en el crecimiento del año por la severa caída en el precio del petróleo, sobre todo considerando la limitada capacidad productiva de la industria nacional”. En castellano simple, el desplome de los petroprecios puede “tirar” al PIB.

Y lo anterior no lo advierte un nacionalista resentido, sino la mismísima firma especializada Moody’s Analytics, defensora a ultranza de “aperturas” y privatizaciones, cuyo director para América Latina, Alfredo Coutiño, subraya que “dado que el precio para la mezcla mexicana de petróleo se ha desplomado casi 50 dólares con respecto al promedio del año pasado, para situarse en niveles de alrededor de 40 dólares a mediados de enero, la economía mexicana necesariamente enfrentará un ajuste, como siempre ha sucedido en el pasado. La realidad económica mexicana da evidencia de que el petróleo siempre ha sido un determinante del crecimiento, por lo que no hay argumentos para sostener que esta ocasión puede ser diferente ante el desplome en los precios del energético” (La Jornada, Roberto González Amador).

En caso de que el precio del barril se estabilizara en torno a los 40 dólares, añade Coutiño, “el impacto directo sobre el crecimiento del PIB sería de una reducción de 1.5 puntos porcentuales en el año. Si el precio promedio es de 50 dólares, el impacto sería de una reducción de 1.2 puntos porcentuales en el crecimiento. En cambio, si el mercado se recupera, con relación a la situación actual, y la cotización promedio de la mezcla mexicana sube a 60 dólares, el impacto en el crecimiento de la economía sería sólo de un punto porcentual, añadió”.

Por ello, “dado que el gobierno no podrá mantener el nivel expansivo del gasto público en 2016, estratégicamente le convendría más iniciar el ajuste fiscal desde la segunda mitad de 2015. Así, la economía no tendría que sufrir un ajuste severo en 2016 que vendría a arruinar la endeble recuperación económica. Por lo tanto, a pesar del discurso oficial, no sería una sorpresa escuchar el primer recorte al gasto antes de que termine este año”.

Entonces, ya con la privatización petrolera consumada, parece que el cálculo sobre los citados dos puntos porcentuales no fue del todo equivocado, aunque sí la operación aritmética, pues sumaron en lugar de restar, como la realidad ha demostrado. Dijeron que era hacia adelante, cuando en los hechos es hacia atrás. Así, apenas arranca el año ya comenzaron los recortes a la estimación oficial sobre el crecimiento económico en 2015, es decir, lo mismo que hicieron a lo largo del primer bienio del “ministro de Malinalco”, quien sigue tan campante.

Qué decir de la ahora “empresa productiva del Estado”, la ex paraestatal Pemex, a la que los privatizadores presagiaron un futuro maravilloso porque ya podría “competir libremente” con los vampiros trasnacionales del sector. Pero apenas inició 2015, echó a 10 mil trabajadores a la calle para que demuestran su capacidad de “competir libremente” donde puedan, menos en esa empresa, la cual sacó las tijeras (disfrazada con moños de “ahorro”) y empezó a recortar por todas partes, comenzando por la producción de crudo. Y eso que todavía no “compite libremente” con nadie.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Desde Baja California Sur, sobre la mega minería: “ante el generalizado rechazo y la creciente organización ciudadana, se suspendió el proyecto minero Los Cardones (de Ricardo Salinas Pliego) para calmar los ánimos, sacar la agenda electoral 2015 y no exponerse al amplificador y catalizador que puede significar el proceso en sí. Ahora, las mineras irrumpen en otra pista del circo, pero no como las depredadoras corporaciones extractivas que son, sino travestidas en una ‘organización ciudadana’ como es el caso del Frente Pro Desarrollo Sustentable, que no tiene empacho en afirmar que piensa ‘colocar una alfombra roja a la inversión para que aprovechen los recursos naturales de Baja California Sur’, y exige ‘no satanizar ninguna actividad económica, incluida la minería a cielo abierto’. En realidad, lo que pretende es que se apruebe la actividad extractiva a favor de una minera ligada a Christy Walton (la mujer más rica del mundo, heredera de una buena parte de la fortuna Walmart), denominada Cacachilas, pese a que el proyecto ya había sido cancelado en 2013. Mientras, los verdaderos movimientos ciudadanos contra la minería se desmovilizan. Por un lado, el Frente Ciudadano en Defensa del Agua y la Vida deja pasar las recientes movilizaciones ciudadanas y la oportunidad que ello significa de tender puentes, captar gente joven, articularse con otras luchas y fortalecer el movimiento; la argumentación es de un increíble activismo clasista tan lamentable como absurdo: ‘no hay que mezclar luchas’, así, a secas. Tan absurda decisión provocó fracturas internas, valga decirlo. Por su parte, el empresarial SOS suspende la gran aglomeración humana contra la minería programada para el 18 de enero por una razón material: ‘no hay dinero’. Los empresarios no se han recuperado desde el huracán Odile, dicen. Así, mientras las mineras, para seguir vigentes, se travisten en ‘promotoras de la fortuna’ y ‘desinteresadas investigadoras’, a los movimientos ciudadanos los desmovilizan por un activismo clasista y la ‘falta de dinero’” (Víctor Adrián Trujillo Muñoz, [email protected]).

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.