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México SA: Reformas y resultados

reforma energética

P rometieron que el efecto inmediato de las “reformas que México necesita” sería el fortalecimiento del “estado de derecho”, pero aprobadas todas ellas el estado de derecho se mantiene entre los grandes pendientes de la presente administración federal. ¿Qué hacer para llevar a los hechos una promesa de campaña?

Fácil: con galimatías, como el ayer ofrecido por el titular de la Secretaría de Hacienda. Dijo el preclaro funcionario: “los cambios estructurales son un proceso tenaz y disciplinado. No es hacer magia con la economía ni tampoco son instrumentos para sobrellevar el ciclo económico, sino un proceso que requiere disciplina y tenacidad para lograr que los beneficios de un aumento en la productividad, su flexibilización y una mayor competitividad se traduzcan en mejora para todos. No son un instrumento del ciclo económico ni de estímulo de la demanda agregada. Es un trabajo por el lado de los elementos estructurales de la economía y la oferta para lograr mayor productividad y crecimiento económico”. ¿Alguna duda?

Originalmente, la oferta del gobierno peñanietista, Pacto por México incluido, fue que una vez aprobadas las “reformas necesarias”, el país y sus habitantes viajarían de inmediato y a toda velocidad al primer mundo, es decir, el mismo discurso e idéntica oferta desde tiempos salinistas, o lo que es lo mismo, desde hace cerca de tres décadas. Y lo peor del caso: los mismos resultados.

Desde la primera, con Miguel de la Madrid, todas las “reformas” fueron aprobadas; todas prometieron crecimiento, desarrollo, distribución del ingreso, mejoría salarial, “oportunidades” a manos llenas, bienestar, primer mundo y nivel de vida para los mexicanos estilo Noruega. Treinta y tres años han transcurrido desde entonces; cientos de “reformas necesarias” se han aprobado y los “logros” son inversamente proporcionales a la oferta gubernamental.

Pero, ¿qué pasa? Pues lo resumió muy bien otro de los integrantes de la sagrada familia del sector público financiero (cuando menos así se definen), Agustín Carstens: “México no ha concluido su proceso de transformación, sino comienza una etapa difícil… Está inmerso en su fase más laboriosa: la de instrumentar (las “reformas”)… En el actual periodo de crisis y volatilidad generalizada en los mercados financieros internacionales, el gobierno mexicano debe mantener la disciplina presupuestal, fortalecer el marco macroeconómico, controlar la inflación, robustecer el sector externo con apoyo del régimen cambiario flexible, cuentas externas sostenibles y libre movilidad de capitales, si no quiere quedarse rezagado en la recuperación económica frente a otras naciones” (todo ello prometido a partir de la primera “reforma”, tres décadas atrás).

Y de pilón, “fortalecer el estado de derecho”, porque su ausencia “genera altos costos para la economía, al aumentar la incertidumbre en las interacciones cotidianas y las transacciones económicas al inducir una reasignación de recursos privados a la protección de bienes y personas y al retrasar la impartición de la justicia”. Eso sí, “puede implicar un proceso difícil y gradual”. En síntesis, el mensaje es el mismo de tres décadas: los mexicanos deben ponerse cómodos para esperar “los resultados de las reformas”.

En vía de mientras, el Centro de Investigación en Economía y Negocios (CIEN), del Tecnológico de Monterrey, campus estado de México, advierte sobre el reciente señalamiento del Banco de México, de que –contrario a lo dicho por el secretario de Hacienda– la economía mexicana muestra signos de debilidad debido a que las inversiones han perdido vigor, además de que la actividad industrial exhibió un menor ritmo de crecimiento durante el primer trimestre de 2015. “Desafortunadamente, es de esperar que dicha condición de la economía nacional continúe presente al menos durante el segundo trimestre del año”.

Durante abril, detalla el CIEN, la actividad industrial creció 1.1 por ciento respecto del mismo periodo del año pasado medido con cifras originales. A pesar del buen desempeño de la construcción (4.8 por ciento) y de las manufacturas (3.7 por ciento), la abrupta caída de la minería (-8.3 por ciento) derivada de una contracción significativa en la actividad petrolera (-10.1 por ciento), impidió que la producción industrial nacional alcanzara mejores resultados. Incluso, al considerar la evolución acumulada de la minería durante los primeros cuatro meses del año, ésta registra una disminución de 5.8 por ciento.

Así, al considerar los resultados acumulados de los primeros cuatro meses del año, la actividad industrial registró un avance, si así puede denominarse, de 1.4 por ciento, ligeramente por encima del 1.2 por ciento que se alcanzó en 2014, “por lo que de continuar con un bajo desempeño en los próximos meses, será complicado que la economía de nuestro país eleve su ritmo de crecimiento ya que la actividad industrial representa alrededor de un tercio de la producción nacional”.

La tasa anualizada en mayo (2.9 por ciento) ha sido una de las más bajas históricamente. Si bien la reducción en el precio de la energía eléctrica (-2.2 por ciento en términos anuales) como resultado del inicio del programa de tarifas eléctricas de temporada cálida en algunas ciudades del país permitió alcanzar dicho nivel inflacionario, esto obedece también a los bajos resultados de actividad económica, los cuales se traducen en que los ciudadanos deben restringir su consumo a los bienes y servicios indispensables para satisfacer sus necesidades básicas.

Para generar más empleos de calidad que brinden mejores condiciones laborales a los trabajadores, es necesario incrementar los niveles de inversión. En tanto no se recupere la confianza del sector empresarial, difícilmente se inyectarán recursos adicionales a la economía por parte del sector privado. De esta forma, si nuestro país no cuenta con una base sólida interna, los resultados económicos se verán sujetos a la evolución del sector externo, en particular al desempeño de la actividad económica en Estados Unidos, de manera que si ésta no reporta una mejora significativa durante el segundo trimestre del año, “es de esperar que la economía nacional no abandone los signos de debilidad que ha mostrado durante el primer tercio de 2015”.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

No lo hizo cuando fue debido, pero ya que el capital privado se apresta a succionar el petróleo nacional, el gobierno peñanietista quiere “catalizar” el ahorro de los mexicanos –vía Afore– al financiamiento de las “enormes oportunidades” en el sector (Emilio Lozoya dixit). Así que cuidado con sus bolsillos.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.