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México SA: Salarios: realidad vs discurso

reforma energética

Dicen en el Olimpo tecnocrático que a estas alturas “el sector más dinámico del crecimiento económico” del país no es el “motor externo”, sino el consumo interno, pues “gracias a las reformas estructurales se observa una mayor capacidad adquisitiva de las familias mexicanas” (Videgaray dixit), la cual se “fortalece” por “los bajos niveles de inflación, la evolución del mercado laboral, el aumento en las remesas en términos reales en pesos y el financiamiento bancario” (Carstens dixit).

Qué bueno, pero de entrada lo que allá en las nubes denominan “crecimiento económico” en realidad es un comportamiento raquítico que resulta aún peor que el observado en la docena trágica panista, lo que ya es decir. Por el lado de la inflación oficial, cierto es que su comportamiento ha sido a la baja aunque no lo suficiente para resarcir el poder adquisitivo de los salarios, cuyo nivel acumula décadas en terreno negativo.

Las remesas que envían los paisanos han aumentado en volumen e impacto, dada la devaluación del peso frente al dólar, y el financiamiento bancario al consumo mantiene atrapados a millones de mexicanos, en especial en la versión “moderna” de las tiendas de raya, conocidas como tarjetas de crédito, de cuyos elevadísimos intereses y comisiones difícilmente pueden escapar.

Queda entonces el mercado laboral como “factor” del “dinámico” consumo interno, por mucho que el indicador que mide la confianza del consumidor (Inegi) se encuentre en un nivel inferior al registrado a la llegada de Peña Nieto a Los Pinos, y que en los dos primeros años de su estancia en la residencia oficial el número de mexicanos en pobreza de ingresos aumentó más de 3 millones.

Pero bueno, en el Olimpo defienden el punto al recordar que del primero de diciembre de 2012 al cierre de octubre de 2015 oficialmente se generaron (en números cerrados) un millón 700 mil empleos formales, al tiempo que se “unificó” el salario mínimo a su cota más “elevada”, lo que son razones más que suficientes, según dicen, para explicar el por qué del aumento en el consumo.

Entonces, de acuerdo con la versión del Olimpo, el “nuevo motor” de la economía es el consumo interno, cuyos pilares son la generación de empleo formal y los salarios. Bien, pero si por algo se caracterizan la nuevas plazas laborales es por su precariedad, con salarios miserables y mínimo valor agregado.

Otras actividades no son consideradas por ilegales, y en el recuento no se consideran los narco dólares y narco pesos, aunque es un hecho que el negocio es boyante, el ingreso crece como la espuma y el producto de la venta, quiérase o no, se inyecta en la economía, genera empleo y estimula el consumo. Pero esto no se cuenta en el Olimpo, cuando menos no públicamente.

¿Qué tanto puede impulsar el consumo interno el “mercado laboral”, como dicen? De acuerdo con las cifras oficiales, del millón 700 mil empleos formales registrados en el IMSS en lo que va del sexenio peñanietista, alrededor de 77 por ciento han sido plazas que pagan entre uno y dos salarios mínimos (de 70.1 a 140.2 pesos por día, a precios actuales y ya “unificado” el mini ingreso), es decir, estipendios miserables que difícilmente pueden incrementar los indicadores de consumo y mucho convertirse en “motor del crecimiento”.

Por el contrario, en el mismo periodo la proporción de empleos que pagan más de cinco salarios mínimos (de 350.5 pesos diarios en adelante) se redujo 20 por ciento. Lo anterior documenta que si bien crece el número de empleos formales, lo que los caracteriza es la precariedad laboral, con pagas verdaderamente miserables, mientras la tasa de informalidad laboral se mantiene cercana a 60 por ciento de la población ocupada.

Lo anterior no ayuda a fortalecer la tesis del Olimpo, en el sentido de que el mercado laboral ha contribuido a incrementar el nivel de consumo ni la teoría aquella del “motor”, de tal suerte que la última posibilidad es atribuir la mejora al asunto salarial.

Sin embargo, si queda claro que en el país se pagan salarios de hambre, y empeorando, entonces ¿tampoco puede considerarse parte del “motor” al mini ingreso y su “unificación”? El ejercicio es el siguiente: cuando Peña Nieto se instaló en Los Pinos el salario mínimo vigente era de 62.33 pesos por día en la zona A (en ese momento no se había “unificado”).

De entonces a la fecha, el mini ingreso registró un “aumento” de 12.45 por ciento, o lo que es lo mismo, 7.77 pesos en el periodo, a razón anual promedio de 2.59 pesos. ¿Esta voluminosa cantidad refleja “una mayor capacidad adquisitiva de las familias mexicanas”? (Videgaray dixit). Todo indica que no, pero el ejercicio continúa.

Desde que Peña Nieto se instaló en la residencia oficial al cierre de octubre de 2015, oficialmente la inflación acumulada fue de 9.73 por ciento, de tal suerte que el aumento general de precios se “comió” el 78 por ciento del “aumento” al salario mínimo acumulado en igual periodo salarial, es decir, de los 7.77 pesos de “incremento” la inflación se “merendó” 6.06 pesos, de tal suerte que el remanente que en el Olimpo califican de “mejoría” a duras penas fue de 1.71 centavos, o lo que es lo mismo, 57 centavos por año (menos de cinco centavos por mes, si es que los masoquistas no quedaron satisfechos).

Hay que recordar que 68 por ciento de la población ocupada reporta un ingreso de entre cero y tres salarios mínimos, aunque el grueso obtiene entre uno y dos minis salarios. El ejercicio también se puede realizar considerando el salario promedio que reporta el IMSS para sus trabajadores afiliados, el cual, con Peña Nieto, pasó de 248.52 pesos el primero de diciembre de 2012 a 293.55 pesos en septiembre de 2015. El aumento en el periodo fue de 18.12 por ciento en tres años, lo que equivale a un “incremento” de 20.85 pesos en el trienio, a razón anual promedio de 6.95 pesos (58 centavos por mes).

Entonces, ¿es en serio que por los factores descritos “ha aumentado el consumo”, es “mayor la capacidad adquisitiva de las familias mexicanas” y de nueva cuenta ruge el “motor” interno de la economía?

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Los dichos del dúo dinámico resultan tan falsos como la “virtud en grado eminente” y el “servicio a la patria y a la humanidad” que los senadores dicen haber encontrado en el oligarca Alberto Bailleres, quien ayer se colgó la medalla Belisario Domínguez en el pleno del Salón del Empresario… perdón, del Senado de la República… Y del imperio llega la noticia de que Fernando del Paso fue galardonado con el Premio Cervantes 2015. Va un enorme abrazo.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.