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México SA: Se desinfla el ‘‘futuro promisorio’

reforma energética

E l “futuro promisorio” ofrecido en el arranque sexenal de plano no trascendió el discurso, y en un giro de 180 grados ahora el desinflado gobierno peñanietista, siempre en voz de su “ministro del (d)año”, advierte sobre la urgencia de “prepararnos para escenarios desfavorables”, de tal suerte que si en su primera mitad los resultados positivos brillaron por su ausencia, en la segunda el pronóstico pinta color de hormiga.

Con apenas unas cuantas semanas en el puesto, el secretario de Hacienda Luis Videgaray, se pavoneaba porque “es innegable que hay un gran optimismo en torno al futuro de México, pero también, como lo dijo el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, éste es apenas el principio, y los mexicanos tenemos ahora la oportunidad de, con nuestro trabajo, con nuestra capacidad, construir los cambios que México necesita y merece construir un mejor futuro” (10 de enero de 2013).

Insatisfecho con ese empalagoso discurso, que repetía un día sí y el siguiente también, el susodicho todavía se animó a decir que México “se distingue como un país con un futuro promisorio” (21 de marzo 2013). Claro, el punto de partida no era otro que “las reformas que se requieren” y “los cambios en la política económica que reclama el mayor crecimiento, y que estén a la altura de la oportunidad que sin duda tenemos por nuestras características geográficas, de recursos materiales, de recursos humanos y de recursos naturales” (21 de marzo de 2013; hasta donde se sabe esas “reformas”, tras su aprobación y reglamentación por parte del Congreso, están en operación y el crecimiento brilla por su ausencia, al igual que el “futuro promisorio”).

Si en 2013, 2014 y –todo indica– 2015 la economía se mantuvo como siempre (léase en la lona), con el “crecimiento” mediocre de las últimas tres décadas, habrá que imaginar que pasará en los tres años restantes del sexenio, en especial cuando el sempiternamente optimista “ministro del (d)año” advierte sobre la necesidad de “prepararnos para escenarios desfavorables”. ¿Qué fue, entonces, de aquel “futuro promisorio”? Pues se mantiene en lista de espera, como desde hace 30 años.

Para 2016 “tenemos un panorama de gran incertidumbre”, reconoce Videgaray en declaraciones a El Universal, y “es difícil de predecir qué va a pasar con los precios de los activos, con las tasas de interés, con los tipos de cambio; no es posible desde ahora prever con certidumbre un precio del crudo, (aunque) lo que es muy poco probable es que veamos cotizaciones tan altas como las que tuvimos los últimos cuatro o cinco años; será un contexto macroeconómico diferente al de otros años donde tendremos que manejar rangos de pronóstico y, sobre todo, lo importante es que es el primer paso en el armado de lo que será el presupuesto de 2016, que tiene que tener una lógica diferente”. Sic del “ministro” (¿y el “momento mexicano”? ¿Y el “saving México”?)

Con el zarandeo de los petroprecios, la devaluación (el diferencial es lo suficientemente amplio como para defender la tesis del “deslizamiento”) y demás gracias, el resultado económico en 2015 pinta para lo mismo que en 2013 y 2014. En ese periodo se presumieron “históricos presupuestos de egresos de la federación” y, con todo, la tasa anual promedio de “crecimiento” a duras penas llegaría a 2 por ciento, es decir, la misma que en los 30 años previos, “sin las reformas que el país requiere”.

¿Y para el próximo año? Dice Videgaray que “realmente no estamos hablando de ajustes en el presupuesto de 2016, sino en un presupuesto de arranque, un presupuesto con menor gasto que el que tuvimos en 2015 (ya tijereteado), pues no puedes recortar algo que todavía no existe; más bien desde el origen y diseño del presupuesto 2016 se tendrán menores recursos que el de 2015… Efectivamente, existe un alto grado de incertidumbre… Sería muy peligroso hacer supuestos optimistas sin fundamento, creo que debemos actuar con seriedad, con responsabilidad y prepararnos para escenarios desfavorables… al que le toca apretarse el cinturón es al gobierno y es exactamente lo que vamos a hacer”. Entonces, si con “históricos presupuestos” no pudieron, ¿qué pasará con menores recursos?

El “ministro del (d)año” no quiso ponerle números al tema, pero el Instituto Mexicano de Contadores Públicos (IMCP) sí: “el rediseño al gasto público anunciado por el gobierno federal podría significar un recorte hasta de 250 mil millones de pesos (el doble con respecto al practicado en 2015, hasta ahora), equivalente a 1.4 por ciento del producto interno bruto”.

Quien sí se animó a ponerle el cascabel fue el presidente de la Comisión de Análisis Económico del IMCP, Ernesto O’Farril, y detalló que tal recorte conlleva el efecto que tendría el incremento en las tasas de interés por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos, y siempre y cuando el alza fuera gradual. Si ésta se presenta en una forma más ruda o de una sola vez, entonces no quedaría más camino que aumentar la proporción del recorte presupuestal en México, sin olvidar un mayor costo financiero para las finanzas públicas por la creciente deuda pública, cuyo servicio, pase lo que pase, no se verá menguado.

Pero el recorte en sí no resuelve el problema, detalló el IMCP, si el llamado “rediseño del gasto público” no reconsidera la política fiscal, porque de otra forma no se impulsará la inversión ni se crearán más empleos en el sector formal de la economía, lo que se traduciría en menor crecimiento.

En fin, el aferrado “ministro del (d)año” sólo cosecha lo que sembró en lo que va del gobierno peñanietista. Los resultados están a la vista y los padecen millones de mexicanos, de por sí golpeados. Si el que oficialmente aparece sentado en la gran silla quiere rescatar algo de su sexenio, no tiene mayor alternativa que cambiar de estrategia económica y, por lo mismo, de titular de Hacienda, el estratega. De otra suerte, el país milagrosamente llegaría en una pieza a las elecciones presidenciales de 2018.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Si el obligado giro en la estrategia económica resultara igual al “cambio” en el aparato de “procuración de justicia”, entonces que ni le muevan, porque la titular de la PGR, Arely Gómez, simple y sencillamente recicló personal que, como subprocuradores, demostraron su ineficiencia en los sexenios de Fox y Calderón, con tres de sus procuradores (Rafael Macedo de la Concha, Daniel Cabeza de Vaca y Eduardo Medina Mora)… Y ayer el dolarito se vendió en ventanilla a 15.25 bilimbiques, y el barril de oro negro a 45.24 dólares.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.