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México SA: Tipo de cambio en caída libre

reforma energética

Q ue la devaluación hará más productivo a México e incrementará sus haberes, dicen en Los Pinos y zonas aledañas, mientras la economía no deja de caer al igual que el tipo de cambio del peso frente al dólar, con todo y la multimillonaria utilización de reservas internacionales. Sólo ayer de ellas se “inyectaron” 400 millones de dólares y de todas maneras el billete verde impuso nuevo récord: 17.50 en ventanilla bancaria.

Para el siempre convincente Enrique Peña Nieto, la devaluación del peso (él le llama “apreciación del dólar”) genera “cierto escozor”, pero “también es positiva, le da a nuestro país condiciones de mayor competitividad, lo hace más atractivo y atrae mayor turismo”, pero pocos lo entienden así, pues “a veces asociamos mucho el que el tipo de cambio se mueva con que estamos mal”. Sin embargo, sólo los ciegos no ven que “México ha salido mejor librado” de la zarandeada económica internacional. No hay conflicto de intereses.

En esto de las excusas y de las declaraciones “sin optimismo infundado” no podía faltar el “ministro del (d) año”, el carismático Luis Videgaray, para quien “evidentemente la depreciación del tipo de cambio genera competitividad para, por ejemplo, la industria manufacturera o la industria turística, eso lo saben muy bien quienes vienen de estados turísticos”, al tiempo que “absorbe los choques que vienen del exterior”.

Pues bien, a lo largo del sexenio peñanietista la devaluación del peso frente al dólar ha sido cercana a 34 por ciento, y creciendo, y por ninguna parte se ve lo “atractivo”, aunque sí el creciente “escozor” de la población, pues tal desplome ni lejanamente ha incentivado la actividad económica, la competitividad y todas las gracias presumidas por el mencionado dúo.

Cierto es que Peña Nieto no es el único inquilino de Los Pinos que ha devaluado, ni que se ha devaluado. De hecho, sólo se suma al interminable inventario de mandatarios que han procedido en ese sentido, pero lo que sí queda claro es que la “apreciación del dólar” –como denomina al desplome de la divisa nacional– sólo ha hundido más la perspectiva económica, a menos, claro está, que una tasa anual promedio de 1.8 por ciento sea una maravilla en materia de “crecimiento”.

Para la memoria, como presidente de la República Lázaro Cárdenas devaluó (de 3.6 a 4.85 pesos por dólar, es decir, alrededor de 34 por ciento de depreciación en el sexenio), pero, con todo y boicoteo por a expropiación de 1938, la economía mexicana no sólo creció a un ritmo anual promedio de 4.54 por ciento, amén de que el Tata sumó la enorme riqueza petrolera a los haberes de la nación.

La estabilidad cambiaria se mantuvo a lo largo del sexenio de Manuel Ávila Camacho, periodo en el que la economía nacional creció a una tasa anual promedio de 6.15 por ciento. Pero a la residencia oficial arribó el primer civil, Miguel Alemán Valdés, y el tipo de cambio prácticamente se duplicó, pues el presidente-empresario (o al revés) devaluó de 4.85 a 8.65 pesos por dólar (una caída de 78 por ciento). Apesar de ello, entre 1948 y 1952 la economía mexicana registró una tasa anual promedio de crecimiento de 5.79 por ciento.

Otro veracruzano, Adolfo Ruiz Cortines, llegó a Los Pinos y dos años después de su arribo a Los Pinos devaluó: en pleno sábado de gloria de 1954 y sin mayores avisos (salvo a los amigos) incrementó el tipo de cambio de 8.65 a 12.50 pesos por dólar, una devaluación de 44.5 por ciento. Aun así, la economía mexicana creció a una tasa anual promedio de 6.41 por ciento.

En su sexenio Adolfo López Mateos mantuvo la estabilidad cambiaria (12.50 por dólar) y la economía creció a tasa anual promedio de 6.41 por ciento (igual a la de los tiempos de Ruiz Cortines). En Los Pinos lo sucedió el asesino Gustavo Díaz Ordaz, quien no modificó la paridad y registró una tasa anual promedio de crecimiento de 6.24 por ciento.

El relevo en la residencia oficial fue Luis Echeverría, quien el 31 de agosto de 1976 (a tres meses del cierre sexenal) devaluó, tras 24 años de estabilidad cambiaria. De 12.50 el tipo de cambio se incrementó a 19 pesos por dólar (52 por ciento de depreciación), aunque la economía creció a una tasa anual promedio de 5.96 por ciento.

Y llegó el autodenominado “último presidente de la Revolución Mexicana”, es decir, José López Portillo, quien en el último año de su sexenio, y tras comprometerse a “defender el peso como un perro”, devaluó en seis ocasiones hasta llevar el tipo de cambio a 70 pesos por dólar (270 por ciento de devaluación), con todo y “administración de la abundancia”. Caída de precios petroleros, crisis de deuda y zarandeo por todas partes, pero la economía mexicana creció a un ritmo anual promedio de 6.55 por ciento.

Hasta allí llegó el crecimiento económico con devaluación de la moneda. A partir de que la tecnocracia se instaló en Los Pinos el tipo de cambio no ha dejado de caer, al igual que el crecimiento económico. De Miguel de la Madrid a Enrique Peña Nieto, todos los inquilinos de Los Pinos devaluaron (unos más que otros), pretextando los mismos “beneficios” de los que ahora habla el señor que no tiene conflicto de interés y que ahora despacha en la residencia oficial.

De hecho, con el arribo de los neoliberales el tipo de cambio pasó de 150 a 17 mil 500 pesos por dólar (el precio del billete verde se incrementó casi 12 mil por ciento en el periodo), mientras la economía ha registrado una suerte de conteo boxístico antes de declarar el knock-out: con Salinas la tasa anual promedio de crecimiento fue de 3.9 por ciento; con Zedillo, 3.5 por ciento; con Fox, 2.3 por ciento; con Calderón, 1.9 por ciento; y en la primera mitad de Enrique peña Nieto, 1.8 por ciento, y descontando. ¿Dónde quedaron las supuestas “ventajas” de la devaluación? ¿Dónde el cacareado “impulso” que tal medida daría a la economía nacional?

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Muchas son las anécdotas temáticas, pero vale recordar el alegre discurso pronunciado por Felipe Calderón a escasas semanas de la crisis de 2008-2009 y, obviamente, de la enésima devaluación del peso: “las turbulencias recientes en los mercados financieros internacionales han obligado a los bancos centrales de otros países a inyectar cientos de miles de millones de dólares a su sistema financiero para atender problemas de solvencia. No ha sido el caso de la economía mexicana que ha demostrado solidez en su sistema financiero y monetario. En otros tiempos, estas turbulencias hubieran generado una crisis económica”. Poco después, la mayor debacle económico-financiera del país desde los tiempos de la gran depresión… Y el discurso oficial no se ha modificado un milímetro.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.