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México SA: Tres años: pena sin gloria

reforma energética

Con mucha pena y nada de gloria el inquilino de Los Pinos concluye la primera mitad de su estancia en la residencia oficial, y hoy comienza su segundo tramo sin mayor perspectiva de mejoría para el país y sus habitantes. Oficialmente le restan tres años, pero en realidad sólo dos deben considerarse por razones de calendario electoral, aunque en los hechos nada le queda, porque de tiempo atrás arrancó el proceso sucesorio, de tal suerte que el susodicho tendrá que nadar de “muertito” hasta 2018, mientras se cumplen tiempos y ritos.

La primera mitad de Peña Nieto en Los Pinos fue de mucho ruido y pocas nueces, que en un abrir y cerrar pasó del México “en movimiento” al México en decaimiento, es decir, el propagandístico “salvando a México” en los hechos se convirtió en el muy real “hundiendo a México”. Nada qué presumir, pues, pero sí mucho por qué preocuparse.

En este sentido, el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC) advierte que la mitad del sexenio concluyó, y en apariencia un trienio es poco tiempo para hacer grandes transformaciones, “salvo cuando se considera que las denominadas reformas estructurales forman parte de un modelo económico que comenzó a implementarse hace 30 años, por tanto los resultados deberían llegar más rápido, a menos que los cambios aplicados no correspondan a la realidad de la economía y sociedad mexicanas”.

Para el México de hoy, y después de tres años, subraya el IDIC, “lo que resta es obtener resultados inobjetables que transformen una realidad que no corresponde con los recursos físicos y humanos de que dispone la economía clasificada como la número 15 del mundo. Después de todo, se sigue aplicando el mismo modelo de los últimos 30 años, ya es momento de que genere frutos o se apliquen nuevas estrategias”.

El saldo de los primeros dos años del gobierno fue un incremento de 2 millones de personas en situación de pobreza multidimensional (3.2 millones en pobreza por ingreso). Falta contabilizar el tercero en esta materia, pero lo cierto es que “a pesar de la aplicación de la Cruzada Nacional contra el Hambre y del Programa Sin Hambre” cada día hay más depauperados en el país.

El citado instituto señala que “la historia importa como referencia, es un punto de comparación, desafortunadamente el pasado reciente de México se encuentra contaminado por un crecimiento económico mediocre. La evidencia estadística es clara, durante los primeros tres años de cada uno de los últimos seis sexenios el incremento del producto interno bruto (PIB) ha sido inferior a 2.5 por ciento, salvo en el caso del gobierno salinista, cuando la economía promedió un aumento anual de 4.5 por ciento”.

Durante las administraciones de Ernesto Zedillo y Felipe Calderón se presentaron las dos crisis más fuertes que el país ha enfrentado desde la Gran Depresión de 1929, algo cierto, pero que “ejemplifica la vulnerabilidad del modelo económico, tanto a eventos externos como a la debilidad estructural de su mercado interno y del inadecuado manejo de las finanzas públicas”.

La apertura económica se tradujo en mayores oportunidades comerciales y financieras, pero la ausencia de un programa de desarrollo de las capacidades productivas de México, así como la inadecuada supervisión y regulación financiera también propició una toma de riesgos que ha cobrado una factura muy alta. La crisis interna de los bancos en 1995 y el colapso de los mercados financieros internacionales tuvieron un efecto pernicioso y permanente sobre la economía mexicana. “Tendríamos que preguntarnos si vale la pena comparar el hoy contra un ayer en donde la nación sólo ha crecido 2.5 por ciento en promedio; ganar o perder algunas décimas sólo significa que se sigue inmerso en el mismo proceso que algunos han llamado de estancamiento estabilizador”.

Después de la crisis de los años ochenta la administración pública se dedicó a controlar las variables financieras y la inflación sin aplicar el mismo empeño sobre el desarrollo de las capacidades productivas, es decir, sin crear el entorno propicio para el desarrollo productivo de las empresas. Esto permite entender el bajo desempeño de todos los sectores que conforman la economía real.

“En el caso del sector primario, donde debe generarse el alimento para la población, la evidencia muestra que en ninguno de los seis últimos sexenios se ha logrado un crecimiento superior a 3 por ciento… En la evolución del sector secundario, el industrial, se puede observar la inconsistencia entre el modelo de apertura económica y lo que México requiere para generar mayor crecimiento económico, incrementar su productividad y competitividad industrial… En lo que corresponde al sector terciario, servicios” el mejor resultado se registró dos décadas atrás.

Derivado de lo anterior, anota el IDIC, “puede afirmarse que durante los últimos seis sexenios lo que en general ha privado a la mitad de cada administración ha sido un crecimiento modesto, que no alcanzó a rebasar el 2.5 por ciento y que a nivel sectorial refleja un debilitamiento de la industria, ello a pesar de que las exportaciones crecen de manera sostenida”.

Hablar de estabilidad macroeconómica “significa mucho y a la vez poco”, apunta el instituto. “Representa algo positivo que se logró gracias a los pactos económicos que comenzaron a finales de los años ochenta y que continuó con el control de la inflación con base en la contención de los salarios. ¿Qué ha cambiado desde entonces en esa materia? La baja inflación no es producto de un incremento en la productividad laboral o de la denominada como productividad total de los factores. Se debe a la baja dinámica del mercado interno, de la importación de productos baratos de China y de la absorción de costos que las empresas han realizado de choques como la depreciación del tipo de cambio que estamos viviendo. Una visión de corto plazo se puede congratular de ello, concluye el IDIC, “pero desafortunadamente, con una perspectiva de mayor profundidad esto representa una factura que se deberá pagar, tal y como hoy lo estamos haciendo”.

Tres años, pues, que se suman a los 30 previos y la mediocridad, por decirlo suave, es la constante.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Si de “logros” se trata allí está la “confianza” mostrada por la gente del dinero: empresarios y ciudadanos mexicanos transfirieron a cuentas bancarias en el exterior recursos cercanos a 50 mil millones de dólares en lo que va de la administración peñanietista, revela información del Banco de México; 75 por ciento más que lo registrado, por el mismo concepto y en el periodo comparable, en el gobierno anterior.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.