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México SA: Veinte años de ordeña

reforma energética

E l desabasto nacional de combustibles que por estos días ocurre en esta bella República “modernizada” contribuyen dos exitosas acciones del gobierno federal: la conversión de Pemex (de paraestatal a empresa productiva del Estado) y la resultona política de seguridad, la cual (versión Los Pinos y Bucareli) nunca fue más efectiva que ahora.

Entre gritos, mentadas y sombrerazos de los consumidores en buena parte de la geografía nacional con motivo de tal desabasto, las cabezas visibles –tercer nivel– de Petróleos Mexicanos aseguran que tal situación es resultado “del crecimiento exponencial de tomas clandestinas”.

Como Emilio Lozoya está muy ocupado en negocios más productivos, quien se vio en la penosa necesidad de salir a dar la cara fue el subdirector de Almacenamiento de Pemex, Francisco Fuentes Saldaña, quien aseguró que “entre las causas que han provocado el desabasto en Aguascalientes, Coahuila, Chihuahua, Jalisco, Nuevo León y Zacatecas está el crecimiento exponencial de tomas clandestinas”, pues si en 2012 se contabilizaron mil 620 de ellas, para 2014 el número se había elevado a 4 mil 218, “y ahora tan sólo en lo que va del año hay un registro de 2 mil 813” (La Jornada, Israel Rodríguez).

Esa es la versión oficial, y como al mal tiempo hay que poner buena cara el susodicho funcionario dijo que en realidad no hay problema, porque “el abasto de combustibles se regularizará este martes en Jalisco, Aguascalientes y Zacatecas, y para Nuevo León se prevé que sea en esta semana”, toda vez que “se tomaron medidas extraordinarias para restablecer el suministro y actualmente se cuenta con inventarios de 5 millones de barriles”, amén de que se importan 75 mil barriles adicionales, cifra sin precedente, “con lo que hay inventarios suficientes de combustibles para seis o siete días a escala nacional”. Y, ¡listo!, llenen sus tanques cuando llegue el producto.

Pues bien, desde mediados de 1996, cuando menos –hasta esa fecha llega la porosa memoria de este tecleador–, el glorioso cuan efectivo aparato de seguridad prometió “acabar en definitiva”, mediante “ejemplar operativo”, con el jugoso negocio del “popote” clandestino en los ductos de Pemex, el cual ya para aquellas fechas resultaba verdaderamente escandaloso. Casi dos décadas después, la “ordeña” de combustible goza de cabal salud, se extiende por toda la República y en plena “modernidad” y con “México en movimiento” el número de dichas tomas se ha multiplicado por casi tres tantos.

Sólo los malpensados supondrán que tal actividad no sólo permanece intocada, sino que se expande a pasos agigantados por la connivencia entre el crimen organizado y ese aparato de seguridad que desde veinte años atrás, cuando menos, prometió, mediante un “ejemplar operativo”, acabar con esa práctica ilegal. No hay de otra, como lo que sucede en otros negocios igual de “clandestinos” (narcotráfico, extorsión, secuestro, prostitución y los que se queden en el tintero).

Eso por lo que toca al siempre efectivo aparato de seguridad (“la policía siempre en vigilia”, como diría la dupla Manzano- Cuenca; un abrazo a Eduardo). Por el lado de la “modernización” de Pemex, el citado subdirector de Almacenamiento adujo “razones de mantenimiento” en “algunas refinerías” (es tan limitado el número de ellas en el país –6 en total–, que en los hechos pueden ser todas).

Esa es la versión oficial, pero en los hechos debe ser tan detallado el “mantenimiento” de tales plantas (lo mismo se hizo en tiempos de Fox y Calderón, con costosísimos retrasos), que las seis existentes reportan un sustancial descenso en su producción desde que el gobierno peñanietista llegó a “modernizar” a Petróleos Mexicanos. Añádase que en la presente administración, el volumen de producción de crudo se ha desplomado, en promedio, 321 mil barriles menos por día, o lo que es lo mismo, 12.6 por ciento.

De acuerdo con información de la ex paraestatal, de diciembre de 2012 a mayo de 2015 la elaboración interna de petrolíferos se desplomó 8.6 por ciento. Yen el detalle, Pemex documenta que la de gasolinas cayó 5.6 por ciento (proporción equivalente a 21 mil 300 barriles menos por día como promedio), la de diésel 7.3 por ciento, la de gas licuado 8.3 por ciento, la de combustóleo 21.6 por ciento y la de querosenos 12 por ciento.

Esos huecos fueron cubiertos con la fórmula mágica que se utiliza desde que la tecnocracia se instaló en Los Pinos, 33 años atrás, es decir, la importación de todo lo que antes se producía internamente, alimentos incluidos. La refinería más “joven” del país data de 1979, y desde el sexenio de Miguel de la Madrid la negativa gubernamental a construir refinerías ha sido tajante (de hecho, Carlos Salinas cerró la de Azcapotzalco para “hacer un parque ecológico”, el cual inauguró casi 20 años después, incompleto, Felipe Calderón).

Con petróleo, pero sin refinerías el gobierno alegremente se dedicó a importar combustibles, mientras su planta productiva quedó obsoleta y los “mantenimientos” que supuestamente en ellas se hacían rompieron récord en lentitud gasto de recursos públicos. Aquí los malpensados también supondrían que el jugoso negocio de la importación de combustibles se ha incrementado gracias a la connivencia entre autoridades y vendedores.

Y no es poca cosa, porque sólo en lo que va del sexenio de la “modernidad” de las arcas públicas han salido alrededor de 60 mil millones de dólares por concepto de importación de petrolíferos, especialmente gasolinas y diésel. En síntesis, la “modernidad”, que transformó a Pemex en empresa productiva del Estado (con negra intención, por lo visto) y la política de seguridad, con su costosísimo aparato, sirven para una pura y dos con sal: producción a la baja, “ordeña” al alza, desabasto a galope y con los mismos problemas de hace 20 años, cuando menos, sin resolverse.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Pues nada, que el blindaje (Videgaray-Carstens dixit) no ha resultado efectivo, pero sí carísimo. Ayer el tipo de cambio peso-dólar trepó hasta 16.15 bilimbiques por billete verde, aunque cerró el día en 16.10, de cualquier suerte un récord cambiario. Ello a pesar del sacrificio de reservas internacionales, que en sólo un mes (del 3 de junio a igual día de julio) se redujeron mil 32 millones de dólares, o lo que es lo mismo, dineros que terminaron en los bolsillos de los especuladores. Y también ayer el precio del barril mexicano de exportación perdió 63 centavos para colocarse en 50.11 dólares.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.