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México SA: Volatilidad en los mercados financieros

reforma energética

D ice el “ministro del (d)año” que “México está protegido ante la volatilidad en los mercados financieros”, pero lo cierto es que en la más reciente ocasión –como en todas las anteriores– que al gobierno federal se le ocurrió afirmar eso –palabras más o menos– la crisis le estalló en la cara y la economía nacional, y junto con ella el bienestar de los mexicanos, simple y sencillamente se hundió estrepitosamente.

Luis Videgaray tiene un grave problema, cuyas consecuencias las pagan los mexicanos: cada que promete algo, y en ello se ha dado vuelo, la realidad se lo tumba rápidamente y de la manera más drástica posible, y ello no es un caso fortuito, porque va –para resumir– del “futuro promisorio” que ofreció cuando Enrique Peña Nieto se instaló en Los Pinos (o al revés), sin olvidar el fracaso en materia de crecimiento económico, hasta su dicho de que el desplome del precio petrolero le hacía los mandados al país, porque “tenemos coberturas”.

¿Cuál fue la ocasión más reciente? Allá por febrero de 2008 Agustín Carstens, entonces secretario calderonista de Hacienda y hoy al frente del Banco de México, presumía que para México el desbarajuste económico en Estados Unidos provocaría un “catarrito”, cuando más, y destacaba la “fortaleza” interna para enfrentar la “volatilidad” externa.

Ocho meses después, y no sin antes resentir el brutal efecto de lo que el susodicho denominó “catarrito”, el inquilino de Los Pinos, Felipe Calderón, anunciaba un “oportuno” plan “contracíclico” y Carstens anunciaba que “ante la crisis se presentará nuevo presupuesto”, mientras el tipo de cambio alcanzaba niveles históricos (ahora superados), las reservas internacionales perdían más de 10 mil millones de dólares en unas cuantas horas, el precio petrolero se hundió, el Banco de México (por entonces a cargo de Guillermo Ortiz) reconocía la recesión interna y el señor del “catarrito” se lamentaba por la existencia de un “boquete” de 300 mil millones de pesos en las finanzas públicas (“presión en el gasto”, le llamó) y el producto interno bruto registraba el mayor desplome en muchas décadas, entre los más profundos a nivel internacional.

Lo anterior sucedió siete años atrás (aunque el mayor problema es que México acumula 33 años en esa situación), y a la vuelta inmediata de la historia el escenario se repite puntualmente, comenzando por el discurso oficial, siempre de color rosa, de que el problema externo “es afuera” (Felipe Calderón dixit), porque adentro vamos de maravilla y “estamos protegidos ante la volatilidad de los mercados financieros”. En aquel desastroso 2008 el Banco Mundial se vio en la penosa necesidad de reconocer que “el sistema económico actual ya no funciona”, y fácilmente lo tendría que repetir en 2015.

Mientras la realidad hace su trabajo, el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC) advierte que la más reciente estimación oficial de crecimiento económico “deberá enfrentar fuertes desafíos para convertirse en una realidad, y en primera instancia es prioritario vencer a la inercia” en la que de tiempo atrás se encuentra el país.

Las tan cacareadas “reformas” no dan resultados tangibles, a lo largo del sexenio peñanietista son más las restas que las sumas, y parece que al gobierno federal lo menos que le importa es acelerar el crecimiento económico, un crecimiento que impulse el desarrollo social. En este sentido, el IDIC subraya que “México debe avanzar con mayor velocidad en el desarrollo de sus capacidades productivas, y para ello es necesaria la inversión pública y privada”.

El gobierno peñanietista anunció que en 2016 de nueva cuenta recortará el presupuesto federal, y que ello “no afectará a la economía”, como, dice, sucede en el presente año con el primer recorte presupuestal. Sin embargo, “en conjunto ambos ajustes representan 1.4 por ciento del producto interno bruto, por lo que es complicado pensar que no habrá ningún efecto adverso sobre el aparato productivo”.

El IDIC detalla que existe “una debilidad en la prospectiva económica oficial, pues se subestima el efecto adverso del recorte en el gasto de gobierno y se sobreestima el crecimiento de Estados Unidos, para el cual supone incrementos de 3.1 por ciento en 2015 y 2.9 en 2016, algo que difícilmente ocurrirá, pues en los tres años previos el mejor desempeño de la economía estadunidense fue de 2.4 por ciento, por lo que es complicado pensar que el consumo personal, la inversión privada y el gasto de gobierno podrán lograr un funcionamiento superior en 2015 y 2016. De igual forma, se ha moderado la creación de empleo en el vecino del norte, “algo que es una mala noticia para el mercado interno estadunidense y para los países que dependen del mismo”, especialmente México.

Otra cuestión a considerar, anota el citado centro de investigación, es que el gobierno federal estima un tipo de cambio promedio de 14.50 pesos por dólar, es decir que se apreciaría nuestra moneda y que se mantendrá hasta el siguiente año, ¿Es realista? “Ante la caída en los ingresos públicos provocada por la contracción del precio del petróleo es delicado que se realicen estimaciones que sobrevaloran el crecimiento del país, básicamente porque se traducen en ingresos tributarios que podrían una ser una ilusión contable”.

No puede olvidarse que en 2014 la economía nacional a duras penas “creció” 2.1 por ciento, “un débil antecedente para el piso mínimo de 3.2 por ciento que se plantea al gobierno para 2015. Además los primeros resultados del año envían un mensaje que debe tomarse en consideración, la actividad industrial únicamente se elevó 1.2 por ciento en los primeros dos meses del año, cifra que se traduce en un debilitamiento de su ciclo económico”.

Seguramente, puntualiza el IDIC, en la presentación de los Criterios Generales de Política Económica para 2016 existirán cambios sustanciales, tanto en las expectativas de crecimiento como en la reducción del gasto, porque falta por considerar la revisión integral de presupuesto que el propio gobierno anunció. Es altamente probable que en los meses por venir se deba reconocer que la economía no tendrá el desempeño esperado hace meses, aun con las “reformas estructurales” aprobadas.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

El Club de Periodistas de México denuncia públicamente que su secretaria general, Celeste Sáenz de Miera, ha sido amenazada de muerte, junto con su familia, por “denunciar injusticias, corrupción, violaciones a la ley manejo discrecional del poder público”. Todo apunta a que el origen de la intimidación se encuentra en las altas esferas del gobierno de Morelos, que preside el inefable Graco Ramírez.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.