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México SA: ‘‘ Volatilidad temporal ’’

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T odo indica que la “volatilidad” del tipo de cambio se transformó en descarado ataque especulativo en contra del peso. La historia se repite, y la secuencia de declaraciones se inicia con el “no pasa nada”, porque “se trata de algo pasajero”; de allí a “tenemos los mecanismos de protección” y al “no vemos la necesidad de intervenir” en el mercado cambiario, para finalmente anunciar que, en efecto, meterán la mano donde aseguraban que no se requería.

Ayer, el tipo de cambio peso-dólar alcanzó 14.65 unidades, y la “reacción” –por llamarle así– de la autoridad financiera resultó tan lerda como en octubre de 2008 cuando, primero, el entonces secretario calderonista de Economía, el inenarrable Gerardo Ruiz Mateos, decía que “es ocioso aplicar una estrategia para evitar un impacto de la crisis financiera de Estados Unidos en México”, porque “sería anticiparnos a algo que todavía no pasa”, para que una semana después su jefe reconociera, oficial y tardíamente, la crisis económica, mientras el tipo de cambio se desmoronaba. En ese entonces, por un billete verde se pagaban 12.40 bilimbiques.

Después del anuncio de Calderón, junto con su “oportuno” plan “anticrisis”, en los siguientes tres días el Banco de México sacrificó sus primeros 8 mil 900 millones de dólares en reservas internacionales para intentar sostener el tipo de cambio del peso frente al dólar. Tan sólo el 10 de octubre de 2008 esa institución le metió 6 mil 400 millones de billetes verdes, que fueron consumidos en 65 minutos por las hordas especulativas.

Por aquellos no lejanos ayeres, Agustín Carstens, el de la tesis del “catarrito”, fungía como secretario de Hacienda, y salió a denunciar que “el gobierno mexicano detectó que un grupo de empresas del país realizó operaciones especulativas para tener utilidades”, lo cual, detalló, “fue el origen del ataque contra el peso”. Entre octubre y diciembre de 2008 al país le costó alrededor de 20 mil millones de dólares la intentona de “contener la volatilidad” (léase especulación contra el peso), mientras el tipo de cambio se hundía y hundía.

Por ello, Carstens prometió divulgar los nombres de las empresas integrantes de ese “grupo” especulador y dar a conocer un “detallado informe” que sobre el particular elaboraría la Secretaría de Hacienda (‘‘un inventario de operaciones y responsables”). Pero tardó más en anunciarlo que Los Pinos en silenciarlo. Al quite entró el entonces presidente de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, Guillermo Babatz, quien se encargaría de la “investigación”, cuyos resultados, por saber “qué tenemos que buscar y en dónde”, no tardarían en divulgarse. Eso fue a mediados de octubre de 2008. Seis años después, el respetable se mantiene en espera de que la CNBV divulgue los resultados de la “investigación”.

Sirva lo anterior para dar contexto al escueto anuncio que ayer hizo la Comisión de Cambios (integrada por las cabezas del Banco de México y la Secretaría de Hacienda), con el fin de “adoptar medidas preventivas para proveer liquidez al mercado cambiario en caso necesario”, es decir, inyectar dólares de las reservas internacionales al mercado cambiario nacional.

Dice así: “ante la reciente volatilidad en los mercados financieros y con el objetivo de procurar el funcionamiento ordenado del mercado cambiario nacional, la Comisión de Cambios ha decidido adoptar la siguiente medida: a partir del 9 de diciembre, y hasta nuevo aviso, el Banco de México ofrecerá diariamente 200 millones de dólares mediante subastas a un tipo de cambio mínimo equivalente al tipo de cambio fix determinado el día hábil inmediato anterior conforme a las disposiciones del Banco de México, más 1.5 por ciento. De esta manera, la subasta resultará en asignaciones únicamente cuando el tipo de cambio presente una depreciación, entre sesiones, cuando menos de 1.5 por ciento. Este instrumento ya se ha utilizado con éxito en otros episodios de volatilidad transitoria en los mercados financieros, siendo su objetivo principal proveer de liquidez al mercado cambiario en caso de que ello llegara a ser necesario”.

Seis años atrás se hizo el mismo anuncio, y el tipo de cambio se acercó a 16 pesos por dólar. La única diferencia es que en aquel entonces diariamente se subastaron 400 millones de dólares y el “plus” fue de 2 por ciento, todo para alimentar el barril sin fondo de la especulación. Y ahora repetirán el numerito, mientras las hordas especulativas son las de siempre.

Con Calderón los términos predilectos para evadir la realidad fueron “ocio”, “catarrito” y “gripe” (frases célebres cuyos autores fueron, respectivamente, Ruiz Mateos, Carstens y el propio Jelipe), y el país se hundió. Pero también los tricolores son creativos: a finales de septiembre pasado, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray (integrante de la Comisión de Cambios), aseguraba que “la economía mexicana cuenta con mecanismos de protección para hacer frente a la reciente volatilidad en los mercados financieros internacionales y que, localmente, se ha expresado en un retroceso en el valor de cambio del peso frente al dólar”. Por esas fechas el tipo de cambio del peso se ubicó en su nivel más bajo desde junio de 2012.

Ya para octubre, el propio “ministro del año” subrayaba que “México se cuenta entre los países con menor volatilidad” cambiaria y financiera. En el arranque de diciembre declaró que “México puede enfrentar la volatilidad”, porque “el mercado cambiario mexicano funciona con liquidez y orden, por lo que no se ve necesidad de llevar a cabo una intervención… México es, sin duda, uno de los países que está mejor preparado para enfrentar la volatilidad”.

Ayer, una semana después de tan bonita declaración, la Comisión de Cambios (que presiden Carstens y Videgaray) anuncia la intervención en el mercado cambiario, y ahora la cotización peso-dólar se ubica en su nivel más bajo desde 2009, y contando.

Y colorín colorado, esta realidad no ha terminado.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Treinta y ocho años de “volatilidad temporal” en el tipo de cambio se traducen en una devaluación superior a 117 mil por ciento. Y nuestros funcionarios son geniales: del “reitero que el tipo de cambio está asegurado” (frase célebre de Luis Echeverría, pronunciada días antes de la devaluación de 1976) a la tesis del perro, y ahora al “no se ve necesidad de llevar a cabo una intervención” en el mercado cambiario (ídem de Luis Videgaray), días antes de anunciar la intervención justo donde aseguraba que no era necesaria.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.