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México SA: ¿Y el salario mínimo?

reforma energética

¿D ónde quedó aquel “espíritu justiciero” y el “empuje político” que reivindicaba un “buen incremento” al salario mínimo para contrarrestar la constante pérdida de poder adquisitivo? Nadie supo, nadie sabe, porque el hecho es que hasta ahora nadie ha dado el paso siguiente para concretar, a nivel nacional, una iniciativa que sobre el particular promovió el gobierno del Distrito Federal, de la que muchos oportunistas –entre ellos los panistas– quisieron colgarse para reclamar la paternidad.

Pero más allá de foros, propuestas y proclamas el asunto del salario mínimo remunerador permanece en el éter, sin que se note voluntad alguna para regresarlo al ámbito terrenal. Lo peor del caso es que cada día se profundiza el deterioro del mini ingreso y, por ende, el de por sí escuálido nivel de bienestar de la mayoría.

En este sentido, el Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la UNAM adelantó a este espacio su más reciente reporte de investigación (México: esclavitud moderna; cae 78.71 por ciento el poder adquisitivo), del que se toman los siguientes pasajes. Va.

Últimamente hemos presenciado la fuerte discusión por la lucha de una mejor calidad de vida a partir de un aumento del salario mínimo de los trabajadores. Pero, ¿en realidad se mejoró la situación de los trabajadores mexicanos? El salario mínimo no cumple con lo estipulado constitucionalmente en el artículo 123 sección VI. De hecho, en México es letra muerta, pues ni lejanamente alcanza para que una familia pueda vivir dignamente.

La realidad precaria de la clase trabajadora, producto de las políticas salariales de los gobiernos neoliberales, da cuenta de un adverso panorama. El último incremento al salario mínimo (para 2015) fue de 4.2 por ciento, es decir, de 2.81 pesos diarios. Dicho “aumento” se pulverizó en el primer trimestre del año, sin considerar el rezago histórico. Después de marzo todo el aumento de los precios en los alimentos y servicios se acumulará a la pérdida del poder adquisitivo.

Para ser más claros, entre el 16 de diciembre de 1987 y el 15 de abril del 2015 el precio de la canasta alimenticia recomendable (CAR) aumentó casi 5 mil por ciento, mientras que el salario mínimo sólo lo hizo en mil por ciento, de tal suerte que la relación precios-salario mínimo favorece a los primeros por cinco tantos. Lo anterior se ha expresado durante el neoliberalismo en una pérdida acumulada del poder adquisitivo del salario de 78.71 por ciento, es decir, en esa proporción se ha contraído el consumo con respecto a 1987.

Así, un peso de 1987 equivale a menos de 22 centavos de 2015, de tal suerte que la precarización del trabajo a nivel general puede leerse como el costo que nos han impuesto mediante la política económica los seis gobiernos neoliberales, así como los empresarios y los sindicatos charros que enarbolan la bandera de la competitividad de la mano de obra, aunque en los hechos sólo buscan mantener el precio de la fuerza de trabajo mexicana como uno de los más reducidos a nivel mundial, y eso sí es una ventaja, especialmente para las empresas trasnacionales.

¿Qué ha sucedido con el salario mínimo durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, quien arribó a Los Pinos mediante consignas como “el presidente que hará valer más tú salario”? Lo primero que debe señalarse es que lejos de generar un cambio en el rumbo de las políticas salariales y laborales, lo ha profundizado en detrimento de los intereses de los trabajadores y sus familias. Estamos ante un escenario donde todo puede subir de precio (y así sucede), menos el salario.

Durante su estadía en la residencia oficial, el salario mínimo se ha incrementado 8.25 por ciento de manera acumulada, es decir de 64.76 a 70.10 pesos diarios (Zona A) de 2013 a 2015. En igual lapso el precio de la CAR creció 17 por ciento, más del doble respecto del mini ingreso (de 171.86 a 201.01 pesos), amentando 29.15 pesos. Vale señalar que faltan siete meses para concluir el presente año y todo apunta a que los precios se mantendrán al alza, no así el salario.

Durante los años 80 México se insertó en la dinámica mundial del neoliberalismo. El resultado de más de 30 años de dicho modelo económico puede observarse mediante el indicador del tiempo laboral que un trabajador destina para poder adquirir los alimentos para su familia. Lo que hemos observado en esta realidad del trabajador asalariado mexicano es que para el año de 1987 debía de laborar cuatro horas de una jornada de trabajo de ocho para así poder comprar una CAR. Sin embargo, el nivel de despojo al que ha sido sujeto el trabajador en poco más de tres décadas refleja una guerra y nueva geografía sobre la realidad de los trabajadores. Hoy el mismo trabajador tiene que destinar 23 horas para comprar la CAR.

En 1976, con un salario mínimo diario se compraban casi tres kilogramos de carne, siendo bastante claro que es a partir de 1982 que se invierte esta relación, es decir, el precio de la carne se encuentra por encima de lo que recibe un trabajador como paga diaria. Ahora con un salario mínimo sólo se puede comprar medio kilogramo de bistec de res. Ese es el resultado concreto de la política salarial de los gobiernos neoliberales y del método adoptado para “hacer competitiva” una mano de obra productiva y barata.

El primer día de enero de 1982 un trabajador de salario mínimo compraba casi 19 litros de leche; ahora, con un mini ingreso sólo adquiere cerca de cinco. Lo mismo sucede con otros productos de consumo básico. Algunos ejemplos: 51 kilogramos de tortilla, contra seis actuales; 280 piezas de bolillos, contra 38; siete litros de aceite, contra 2.25; 8.5 kilogramos de huevo, contra dos; 12 kilogramos de frijol, contra cuatro.

¿Cómo es que el trabajador afronta y trata de resolver esta lógica del capital? Esto lo resuelve buscando otra “chamba” y/o logrando que más miembros de la familia se incorporen al mercado laboral, al informal mayoritariamente. Ante este escenario es aún más desalentador observar que la tasa de desempleo en México (2014) es de 14.9 por ciento, es decir, hay, en términos reales 8 millones 735 mil trabajadores desempleados (desempleo no es lo mismo que desocupación).

LAS REBANADAS DEL PASTEL

He allí, pues, los prometidos “resultados tangibles” (Peña Nieto dixit) y una muestra fehaciente de cómo los empresarios son el “motor del desarrollo económico y social de México”, al tiempo que “arriesgan sus inversiones en favor de generar prosperidad para la nación” (otra frase célebre del inquilino de Los Pinos).

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.