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Mientras tanto, el montón de abriles

Luis Ricardo Guerrero Romero

Y a fácilmente podemos identificar de qué irá este texto maculado de tinta a montones, o más bien montoncitos de letras colocadas, notas en la partitura relatora de alguna divagación.

Nuestro hablar así llanamente es muy sustancioso en comparaciones, todavía más cuando se trata de escuchar la plática coloquial, por ejemplo, aquella tarde y su calle de ventas ambulantes en que con interés pregunté el costo del mango que coloreaba la sabana extendida en el suelo, la respuesta: –a 15 el montón–, ¿el montón? –pregunté–, –sí el montón es a 15. En ese momento insaculé un montón de monedas y di el pago por cinco mangos. No pensé en ese instante en Parnaso, lo hice después en que ideas tras ideas comenzaron agruparse en mi mente, un juego de sinapsis destelló y recordé a Rafael Sanzio y sus frescos de la Sala de la Signatura, en donde un arco en particular expone a las musas y a los poetas, que bien afortunado puede simbolizar el arco el mismo la montaña de Parnaso, lugar por antonomasia de la adivinación por medio de las aves, según dicta Pierre Grimal. Lo anterior tiene que ver sólo de referencia por el sustantivo montaña o monte, del latín: montis. Todos sabemos que una montaña se genera a partir de las fuerzas endógenas, pero también reconocemos que al conjunto de muchas unidades se le denomina montón en relación con el fenómeno del relieve terrestre.

Recordando la Sala de la Signatura y su fresco del Parnaso, y su colocación en la Sala, es posible observar que esta pintura se está situada en por donde penetran la luz, eso pudiera no decirnos nada si se tratara de cualquier pintor, pero examinado que es el Parnaso en donde se encuentran las musas, ¿por qué no pensar en otro monte, el monte de Venus? Que obviamente es el monte erótico pero también que es penetrado para dar luz. Pues bien, que nuestra palabra montón puede contener montones de averiguaciones y se generó por medio de un fenómeno lingüístico que cerró la vocal, es decir de montis˃ monto˃ montón. Aun usamos el sustantivo monto en áreas como la economía para hablar de la valía de algún bien.

Claro no podríamos dejar de vincular el monte, con uno de los montes más citados en la literatura mística: el monte Carmelo que según el punto crítico de sus analistas es interpretado como subida al monte (esto en las ideas sanjuanistas). Pero de lo que tratamos acá es de revisar por qué montón siendo una de nuestras palabras coloquiales, es mal oída, si es de tan rica historia. Una posible respuesta lo eufónico del resto que de palabras que anidan la misma idea, o sea, se oirá mejor, tienes muchas virtudes, en lugar de, montón de virtudes; te quiero tanto, te quiero un montón. Otra posible respuesta al soslayo de nuestra palabra en cuestión es quizá el uso rural y el citadino, hay sin duda una discriminación por el lenguaje común de las rancherías frente al lenguaje común de lo citadino.

Yo sin duda creo que bien usada puede escucharse bella esta palabra, por ejemplo en ese libro bíblico Cantar de los cantares donde dice: “Tu ombligo como una taza redonda/ Que no le falta bebida. Tu vientre como montón de trigo/ Cercado de lirios.” O también el apellido de alto nivel acústico en la pulsación de la guitarra, como es el caso de José Luis Montón, guitarrista de los ritmos flamencos.