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Con jóvenes politécnicos regresó el periodismo del 68

Rogelio Hernández López

C on el movimiento estudiantil del Politécnico Nacional reaparecieron prácticas periodísticas chabacanas, rebosantes de chismes o inducciones, faltas de contexto y hasta delatoras de falsos complots; prácticas de la prensa que campeó en el México de 1968, hace medio siglo.

Cuando leí el primero de esos “trabajos”, el 3 de octubre de 2014, en una página digital deportiva (tactico.mx) no le di mucha importancia. El titular decía: “¿Quién está detrás de #TodosSomosIPN? ¿AMLO? ¿SME?”. El autor, Pedro Solórzano, externó sus “sospechas” apoyado en fotografías; una de ellas fue contra Daniel Antonio Rosales, vocero del movimiento y de quien presentó datos sacados de la web:

“…tiene experiencia en movimientos estudiantiles, es miembro del Comité de Lucha Estudiantil del Politécnico (CLEP) y además fue un miembro activo del movimiento #YoSoy132 y era miembro del Comité Seccional de MORENA jóvenes y estudiantes en el Politécnico”.

Esos datos servirían para el análisis posterior del movimiento, pero no como algo que lo defina, pensé. Parecía un chisme, como dice el Diccionario de la Real Academia de la Lengua de España: “Noticia verdadera o falsa, o comentario con que generalmente se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de alguna”.

El chisme se extendió

Pero, en menos de 72 horas la especie se extendió. Lógicamente, se anidó primero en los medios intencionalmente amarillistas (La Razón del DF) pero llegó hasta los más acreditados por periodistas profesionales como La Silla Rota que dirige Roberto Rock o Eje Central de Raymundo Riva Palacio, además la subieron a sus trascendidos una buena cantidad de columnistas, incluso de medios industriales, como El Universal. Pronto, todos juntos hicieron que pareciera una campaña desacreditadora del movimiento, de linchamiento mediático, como en los años 60.

Morena tripula movilizaciones del IPN” (laotraopinion.com.mx)… “Vocero de politécnicos, muy ligado a Morena”(Grupo Milenio) … “El negociador #1 del IPN es de Morena” (La Razón)… “Vocero del IPN, muy ligado a Morena” (Vanguardiacom.mx)… “Estudiante afiliado a Morena representará al IPN” (Eje Central)… “vocero de politécnicos, muy ligado a Morena” (sinembargo.mx).

En días ya habían “descubierto” que otros tres estudiantes participan en movimientos estudiantiles o están vinculados a Morena. Algunas de sus pruebas fueron fotos tomadas en el IPN de jóvenes con el escritor Paco Ignacio Taibo II.

Pero, columnistas más intencionados, se dieron vuelo con especulaciones: “El soplo de AMLO en el IPN” (Rubén Cortés en La Razón)… “IPN, la huelga de Morena” (Pablo Hiriart, El Financiero) Y así decenas. El único que contrastó fue Leo Zuckermann en Excélsior con el artículo; ¿Y cuál es el problema si líderes politécnicos son de Morena?

Mas, Ricardo Alemán en El Universal, fiel a su enfoque para levantar polémica, puso todo lo que tenía a su alcance para descalificar no sólo a los jóvenes de izquierda sino a todo el movimiento: “IPN: ¡se pudrió y… apesta!”. Escribió: “Desde su aparición, aquí dijimos que el movimiento estudiantil del Instituto Politécnico Nacional (IPN) no era una expresión auténtica. ¿Por qué? Porque eran muchos los signos de que se trata de otra “botarga” inflada por los mismos de siempre: los tripulantes del #132, de “No Más Sangre” y otras banderas “engañabobos” (Itinerario Político, 9 de octubre).

Como hace 46 años

El investigador de medios, Raúl Trejo Delarbre, tiene en su blog una inspección al comportamiento de la prensa durante el movimiento estudiantil de hace 46 años. “1968 retórica de la descalificación” (http://mediocracia.wordpress.com/2008/10/25). Y allí, pone, como muestra de ese periodismo una crónica del reportero Antonio Lara Barragán en la primera plana de El Universal, bajo el título “El foco de la agitación” del 27 de julio de 1968.

 “Agitadores del Partido Comunista Mexicano, de la Central Nacional de Estudiantes Democráticos, de la Línea Trostquista, del ‘Movimiento de Liberación Nacional’, del Movimiento ‘28 de julio’ y las ‘células’ de la Juventud Comunista del IPN y de las escuelas de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM tuvieron a su cargo los desórdenes que se registraron después de las 20 horas en la Avenida Juárez…. A esa hora, núcleos estudiantiles, dirigidos por los miembros de las ‘células’ comunistas, se unieron a los grupos castristas que habían marchado desde la fuente del Salto del Agua hasta el Palacio de Bellas Artes… Muchas mujeres y varios hombres de definido físico cubano, portando banderas castristas, lanzando ‘¡mueras’ al gobierno de México, insultos a la policía y ‘¡vivas!’ a Demetrio Vallejo, Dionisio Encina y Valentín Campa, se mezclaron a los estudiantes”.

“Esos párrafos –sostiene Raúl Trejo–, con los que comienza la nota de Lara Barragán, son paradigmáticos del tono que desde entonces y durante más de dos meses mantendría la mayor parte de los diarios de la ciudad de México (con informaciones no reconocidas del ejército y de la DFS)… tendía a suscitar la alarma y el disgusto de los lectores … es para una antología del despropósito periodístico”.

Periodismo de Estado hace medio siglo, por conveniencia política. Periodismo chabacano en 2014, por interés del mercado.

Ahora hay normas

Si los jóvenes señalados o el movimiento en su conjunto quisieran iniciar una querella jurídica estarían en su derecho. En eso el mundo y México han avanzado.

Las normas jurídicas que impiden la discriminación (estigmatización para aislar a las personas) están en la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Artículo 13) y en el artículo 1º de la Constitución: “Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas”.

Las que garantizan el derecho a la reputación se encuentran en el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos (Artículo 19), en el artículo 6º constitucional (La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros).

El derecho al honor, además de las convenciones internacionales referidas, se encuentra en el Artículo 1916 del Código Civil Federal: “ Por daño moral se entiende la afectación que una persona sufre en sus sentimientos, afectos, creencias, decoro, honor, reputación….Se presumirá que hubo daño moral cuando se vulnere o menoscabe ilegítimamente la libertad o la integridad física o psíquica de las personas”.

También en la Ley de Responsabilidad Civil para la Protección del Derecho a la Vida Privada, el Honor y la Propia imagen del  Distrito Federal. Dice su Artículo 14.- “El carácter molesto e hiriente de una información no constituye en sí un límite al derecho a la información, para sobrepasar el límite de lo tolerable, esas expresiones deberán ser insultantes, insinuaciones insidiosas y vejaciones…. (lo que) supone un daño injustificado a la dignidad humana”.

 Y también ética

 En el México de 2014 hay medios y cientos de periodistas que también reconocen pautas éticas para ejercer profesionalmente. El periodismo, que se vale de hechos e imágenes parciales, descontextualizadas para impactar a las sensaciones y “vender” los productos, es amarillista y de ética limitada por necesidad comercial; pero cuando medios y periodistas posicionados tuercen deliberadamente los hechos y encaminan sus trabajos contra personas o movimientos para desacreditarlos quiebran pautas éticas y muestran el aprecio que cada quien tenga de sí mismo. Mirada de reportero.