Incongruente
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Huachicoleros y la locura de nuestro gobierno
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Miseria y delincuencia

Ignacio Betancourt

La miseria en que ha sumido a la población la delincuencia gubernamental, provee de carne de cañón al crimen organizado. Si una población depauperada cae en manos de la delincuencia organizada lo hace en buena medida empujada por la corrupción gubernamental. Si alguien no tiene empleo y sí muchas necesidades, es un objetivo idóneo cuando la delincuencia llega a “ofrecer” ganancias económicas por sustraer petróleo o gasolina de los ductos de Pemex. Los empobrecidos pobladores de muchas comunidades no tienen opción.

Si el gobierno federal, estatal y municipal permiten o propician tal actividad, se obtiene de manera inmediata mano de obra barata para la realización planificada del sistemático robo de gasolina y petróleo; la población indefensa y necesitada no tiene alternativa. La carencia de opciones laborales prácticamente obliga a muchos pobladores a ponerse al servicio del crimen organizado. Los vacíos que el gobierno mexicano cede para ser ocupados por quienes dice combatir serán un permanente foco de conflictos. La pobreza es un tesoro para los corruptos.

La balacera entre militares y huachicoleros ocurrida en Palmarito de Tochapan, Puebla, la propició el gobierno de Peña Nieto por más que adorne con demagogia la existencia del problema. Ahora que los hurtos ya no son sólo contra Pemex sino contra las empresas trasnacionales, finalmente el gobierno federal declara que combatirá los robos de gasolina y petróleo, sin embargo, el Frankenstein que priístas y panistas construyeron con delincuenciales arreglos, complicidades que funcionarios de todos los niveles han propiciado desde hace años, vuelve inoperante cualquier intento de frenar los robos a los ductos; la pobreza creada oficialmente y su inevitable relación con el crimen organizado resulta ya indetenible.

Si la Federación en verdad quisiera terminar con tan grave problema debería comenzar con encarcelar a sus propios funcionarios y a sus aliados. Se sabe que los robos de combustible en ductos se dispararon fuertemente el pasado año alcanzando un monto de más de 2 mil millones de litros, un incremento de más de 50 por ciento en los recientes años del gobierno de Peña Nieto. La más abierta falsedad, el galopante disimulo de priístas y panistas ha llevado a límites inimaginables el vínculo entre miseria y delincuencia.