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Luis Ricardo Guerrero Romero

Simplemente dejó de existir, una tarde mientras todos jugábamos en la cancha llegaron los señores de la camioneta blanca y lo treparon. Su mamá llora muy seguido. La directora de la escuela ya le dijo que no puede esperar más y que nuestro amigo está dado de baja. Los rumores sobre la desaparición de Salomón son muy extraños, al menos para nosotros sus amigos que lo conocíamos bien nos resulta poco creíble que Salomón fuera eso que cuentan por las calles de la colonia. O sea, él sí era muy dependiente de las computadoras, pero ¡vamos!, a nuestra edad nadie piensa hacer eso con los medios de comunicación masiva, ni con las redes sociales.

A nuestro juicio, aquellos tipos de la camioneta eran de la mafia del poder, porque de aquí nadie trafica drogas, pornografía, u otra cosa. La violencia con que tomaron a Salomón era digna para episodio de película de acción. En fin, desde aquel día ya no podemos salir a la cancha a jugar con tranquilidad, y a veces nos damos las vueltas por la colonia para revisar si Salomón se ve por algún lado. Cuál culpa habrá pagado nuestro amigo; por qué se lo llevaron. La policía no ha querido ayudar, los militares no obedecen a un grupo de civiles apurados, en la escuela nadie apoya a la familia de Salomón. Lo único que nos queda es esperar otros tres años más. Nos han comentado que de no verlo más por aquí en el lapso de ese tiempo no habrá más que el recuerdo de un Salomón dependiente de la computadora. Por cierto, tampoco hilvanamos el por qué esos sujetos al venir por Salomón se llevaron también su computadora.

A menudo el hombre se hace dependiente de varias cosas —lo fue Salomón de su computadora—, conforme evolucionamos surgen nuevos objetos, ideas, personas o costumbres a las que nos hacemos dependientes. Parece ser que, si nuestra suposición no es incorrecta, al día somos dependientes de las redes sociales, y de aparatos digitales, lo cual no es ni bueno, ni malo, sencillamente evolucionamos. Depender de algo, o de alguien tiene una larga interpretación, y habremos de comenzar diciendo que la palabra dependiente es un ejemplo complejo de lo que en semántica se reconoce como polisemia (varios sentidos un solo concepto).

La arquitectura de las palabras nos construye la lengua a la vez que nos impacta de sentidos, por ejemplo, en el caso en cuestión: dependiente, es entendido a manera de ensamble como el sujeto o ente que se vale de algo o alguien para algún propósito. Así, son dependientes los que usan drogas, los bebés para con las madres, los hombres de los días para vivir.

Pero otro sentido de lo dependiente está en función con la persona que vende tras un mostrador. La palabra latina dependo es trasladada al español como pagar o gastar, en dicho sentido la mayoría de nosotros somos dependientes puesto que por nuestro tiempo invertido en alguna actividad nos remuneran, más mal que bien nos realizan el dependo (pagar) que a su vez nos hace dependientes al dinero, al anhelo quincenal, al pago de deudas que nos pende de un hilo: la histeria de ser dependientes.