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Mujeres sin equidad de género

María Elena Yrízar Arias

La conmemoración del Día de la Mujer es nacida de una historia larga y sangrienta, de mujeres valientes,  de madres, de  revolucionarias, las señaladas como mujeres indecentes, las no religiosas, las furibundas, las indignadas, las migrantes y de baja escala social, muchas de ellas, quienes pedían mayor equidad en la vida conyugal y percibir iguales salarios que los hombres, entre otros muchos reclamos como el derecho a emitir votos, la no violencia física, a la impunidad, al atraco sexual, a la injusticia, a los tratos diferenciados con relación a los que reciben los hombres, la descremación femenina, no más muertes de las mujeres, no más maltrato sicológico como los  celos, violencia intrafamiliar, machismo y muchos otros embates que las mujeres tenemos que enfrentar para nuestro desarrollo que tienen que ver con la búsqueda de una vida digna. Para nuestra propia desgracia, somos las mujeres quienes reproducimos los comportamientos discriminatorios en el hogar con nuestros hijos. Asignamos roles de servidumbre a las mujeres a favor de los hermanos y culturalmente damos a los hombres mejores tratos, mejor comida y preferencia para estudiar con relación a las mujeres. Somos nosotras la fuente del mismo mal del que nos enojamos y nos indigna.

En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, el gobernador Juan Manuel Carreras dijo el pasado martes que “se han tenido avances importantes en el papel de la mujer en la sociedad, lo que ha enriquecido nuestra convivencia en comunidad”; sin embargo, resaltó que hay también “retos porque lamentablemente aún en muchos aspectos de la vida cotidiana no tenemos equidad de género”. Las palabras del gobernador son muy ciertas y sobran pruebas sobre el tema. Las mujeres no tenemos equidad de género. Pero, ¿qué es eso? La equidad de género es un conjunto de ideas, creencias y valores sociales en relación a la diferencia sexual, el género, la igualdad y la justicia en lo relativo a los comportamientos, las funciones, las oportunidades, la valoración y las relaciones entre hombres y mujeres. Pero en la realidad de la vida cotidiana, los hechos son los que hablan por sí mismos, por ejemplo en el estado potosino ha habido 16 feminicidios en los últimos seis meses. También, se está volviendo casi una costumbre ver que mujeres jóvenes son extraviadas, asesinadas, algunas niñas perdidas y hasta una perito de la Procuraduría de Justicia de nombre Lupita, está desaparecida junto con su criatura, y ¿qué ha hecho la Procuraduría? No ha resuelto ni siquiera un problema de sus mismos trabajadores.

El mismo martes 8, una trabajadora del gobierno hizo una protesta pacífica frente al Palacio de Gobierno, donde denunció que no se ha hecho justicia en el caso de acoso y abuso sexual que sufrió por parte del delegado sindical en la Secretaría de Desarrollo Urbano, Vivienda y Obras Públicas, Juan Martín Gatica Izaguirre, no obstante que existe orden de aprehensión en su contra y no se ha hecho nada por parte de las autoridades judiciales.

Cabe destacarse que en ese mismo día, las oficinas del Instituto de las Mujeres, en forma simbólica y como un acto de inconformidad, un grupo de representantes de algunas asociaciones civiles que se dedican a defender los derechos de las mujeres, hicieron una clausura, como símbolo de enojo por la parsimonia de la institución ante tantos casos de violencia contra mujeres en todas las regiones del estado.

Esta lucha es simple, requerimos el reconocimiento como mujeres diversas, con liderazgo político, que trabajamos doble o triple jornada, que demandamos derechos laborales y exigimos el derecho a una vida libre de violencia, que se considere que somos madres de ustedes y de sus hijos. Consideren el hecho de que nacieron de nosotras. Que los amamantamos, les dimos la vida, los criamos y jamás nos rajamos en nuestras responsabilidades, porque superamos muchos obstáculos y sin embargo, por ser mujeres, somos discriminadas por ellas y por ellos. Estamos ante un problema cultural, en el cual cada quien tenemos que asumir nuestra responsabilidad para luchar por dar tratos iguales a los desiguales. Las mujeres tenemos que hacer un gran esfuerzo simplemente para destacar en el mundo machista y siempre tenemos que librar muchos embates. Esta es una responsabilidad de todos. Asumámosla. Luchemos juntos por la igualdad de hombres y mujeres. Además, juntos, lo hacemos mejor.

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