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Pilar Torres Anguiano

Némesis, alado equilibrio de la vida,
diosa de oscuros ojos, hija de la Justicia,
tú que dominas la vana arrogancia de los mortales con inquebrantable brida
y condenando la dañina vanidad, la negra envidia eliminas.

Mesómedes de Creta, Himno a Némesis

Te vas para la izquierda, bajas la pierna derecha al suelo. Si es necesario, repites la operación del otro lado. Mientras más despacio vamos es más difícil estabilizarse, pero si aceleramos sin dominar los contrapesos, casi seguramente terminaremos en el suelo. Hay que encontrar el punto imaginario en el que se equilibran todas las fuerzas que intervienen en el proceso, y así poder avanzar. Aprender a andar en bici es todo un arte.

Mientras logras dominarlo, el cuerpo, instintiva y torpemente, hace cuanto está a su alcance para mantener un equilibrio, esa situación ideal en la que se encuentra un cuerpo cuando logra mantenerse, y avanzar sin caer.

Cuando era niña, mi papá me compró una bicicleta nueva, muy bonita. Me enseñó a andar en ella y viví en carne propia la falta de equilibrio. Azoté y recuerdo haber escuchado a una de las vecinas con la que jugaba, diciendo que me había caído por “justicia divina”. Supongo que se refería a que mi rodilla raspada restituía, de alguna manera, el equilibrio de nuestro microcosmos, amenazado por mi bici nueva.

El equilibrio está en todos lados. Es parte esencial de la cosmología. Por ejemplo, en el arte el equilibrio es el principio que se preocupa por igualar las fuerzas visuales. En física es el estado de inmovilidad de un cuerpo sometido a dos o más fuerzas de la misma intensidad que actúan en sentido opuesto, por lo que se contrarrestan o anulan.

A veces hay cosas que amenazan ese equilibrio. Para ello existe Némesis, diosa de la venganza y la justicia retributiva, hija de la noche y el océano. Una deidad primordial, por lo que no se somete a los designios de los dioses del Olimpo. Némesis es el contrapeso que representa la justicia que contrarresta los excesos, sanciona la desmesura e impedía con su látigo que los mortales fueran demasiado afortunados, en su intención de resguardar el equilibrio universal.

De alguna manera, Némesis es la diosa que mide la dicha de los mortales y decide cuándo es demasiado y les manda alguna dificultad que contrarreste y restituya el balance. En la iconografía se le representa con una corona, un velo que cubre su rostro, una flor de narciso, una rama de manzano y una rueda. Es la única deidad que tiene el poder de revocar al destino. En física hay equilibrio cuando las fuerzas que actúan sobre un cuerpo se anulan entre sí. De este modo se consigue una situación de igualdad y la aguja de la balanza está en el centro.

Se vale, como consuelo momentáneo, invocar a Némesis al decir que la suerte de la fea la bonita la desea, o pensar que la estupidez es un contrapeso de la belleza o que la inteligencia lo es de la fealdad. Pero pienso que este concepto se aplica erróneamente a la dimensión política y social, con la intención de buscar el progreso económico, el bienestar o el poder.

A veces la realidad nos muestra que en la política no se respetan las reglas básicas de la naturaleza, por eso la teoría de los contrapesos es discutible. La política es caos, no cosmos. Así, hay ideologías que persiguen el equilibrio social anulando las fuerzas en un errado concepto de justicia o búsqueda del bien común. Lo mismo va para quienes ostentan el poder sin encontrar el camino (por más apoyo popular que tengan), como para quienes quieren constituirse como una oposición eficaz, sin lograrlo.

En la mitología griega no todo es Némesis, también existe Armonía, la diosa del acuerdo, el entendimiento y la concordia, la personificación del orden y la unidad. La armonía se da cuando las fuerzas opuestas, en vez de anularse entre sí, convergen y se complementan en una justa proporción.

El equilibrio que construye Némesis implica hablar de fuerzas que se contrapesan entre sí en una suerte de dialéctica insuperable del amo y el esclavo. Hablar de armonía es hablar de cualidades complementarias. La armonía necesita de las diferencias para trabajar a partir de ellas. Némesis, el contrapeso (seamos serios), más que restitución de equilibrio, es la personificación de la venganza. Por ello todos los mortales le tememos (también los que decretan que sí merecen la abundancia y que viven con austeridad en Londres).

Pretender contrapesos que equilibren materialmente fuerzas divergentes alimenta la rivalidad de discordias como en el juego de la cuerda, porque siempre una fuerza aventajará a la otra. En cambio, la armonía conjuga fuerzas para construir algo mejor. El equilibrio en un lado, y la armonía en otro, hacen que el universo no colapse.

@vasconceliana