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Ni ninis ni narcos

Guillermo Luévano Bustamante

E n su declaración tras la homilía dominical, el arzobispo católico de San Luis Potosí Jesús Carlos Cabrero Romero alertó que habría que cuidar de las y los jóvenes que no ingresaron a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí que podrían convertirse en “ninis” y acabar construyendo túneles, en franca alusión a la fuga del narcotraficante Joaquin Guzmán Loera del Penal de máxima seguridad del Altiplano.

En su mensaje el jerarca de la iglesia católica llama a las universidades a “modernizar” sus planes de estudio para que no sigan siendo “fábricas de desempleados”. Es curioso que llame a modernizarse una institución sumamente desactualizada en sus posiciones frente a los problemas sociales mas relevantes, especialmente los vinculados con las libertades y los derechos fundamentales.

Es evidente que las Universidades requieren muchas adecuaciones para responder a las necesidades de la comunidad a la que se deben. Es preocupante y grave que muchas personas jóvenes no accedan a un espacio dentro de la educación pública en el estado y que quienes si acceden padezcan luego el filtro económico de las altas cuotas que por gastos administrativos requieren las instituciones públicas.

La orientación de la educación superior es ya mayoritariamente pragmática, las reformas en el campo se han orientado en el país por modelos de desarrollo de “habilidades” y competencias que disminuyen el peso de las humanidades, las ciencias sociales y que se encaminan a formar técnicos “útiles” a las corporaciones multinacionales por bajos salarios. El pensamiento crítico está ausente en la formación científica en el país. El encarecimiento de cuotas y colegiaturas en instituciones de educación superior dificulta el acceso de personas empobrecidas y contribuye al círculo de perpetuación de la vulnerabilidad social.

Pero se equivoca el arzobispo, las personas que no estudian no son “ninis”, esa noción mediática es excluyente, simplista, discriminadora, precisamente porque las y los jóvenes que “ni estudian, ni trabajan” no son onanistas o hedonistas que se dediquen a la contemplación del mundo, eso sería un lujo reservado a una clase social privilegiada. La mayoría de las personas jóvenes sin estudio ni trabajo no se encuentran ahí por voluntad, señor Cabrero. Llamarles “ninis” es peyorativo, es discriminatorio, es insultante, por adultocéntrico.

Y constituye un desacierto también ofensivo atribuirle propiedades delictivas a la condición de vulnerabilidad social, debería asumirlo si sus homilías fueran  transversalizadas por la perspectiva de los derechos humanos. No acceder a la universidad no hace mejores o peores a las personas jóvenes, les niega un derecho, y reafianza el círculo de la exclusión.

 

Twitter: @GuillerLuevano

Guillermo Luévano
Guillermo Luévano
Doctor en Ciencias Sociales, Profesor Investigador en la UASLP, SNI, columnista en La Jornada San Luis.