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No al fracking en territorio potosino

María Elena Yrízar Arias

Hemos escuchado y leído palabras como el fracking o fracturación hidráulica. Para poder familiarizarnos con ese término y entender de lo que se trata, ¿qué son los hidrocarburos de lutitas o shale? Se trata del petróleo y gas natural que se encuentran atrapados en los poros de formaciones rocosas poco permeables denominadas lutitas bituminosas situadas en el subsuelo, entre mil y cinco mil metros de profundidad.

Para poder extraer tanto el petróleo como el gas natural, debido a la baja permeabilidad de las lutitas (la lutita es una roca sedimentaria clástica de grano muy fino, textura pelítica, variopinta; es decir, integrada por detritos clásticos constituidos por partículas de los tamaños de la arcilla y del limo) se requiere la utilización de la fracturación hidráulica o fracking. Esta técnica consiste en la perforación de un pozo vertical hasta alcanzar la formación que contiene gas o petróleo. Seguidamente, se realizan una serie de perforaciones horizontales en la lutita, que pueden extenderse por varios kilómetros en diversas direcciones. A través de estos pozos horizontales se fractura la roca con la inyección de una mezcla de agua, arena y sustancias químicas a elevada presión que fuerza el flujo y salida de los hidrocarburos de los poros. Pero este flujo disminuye muy pronto, por lo cual es necesario perforar nuevos pozos para mantener la producción de los yacimientos. Por este motivo, la fracturación hidráulica conlleva la ocupación de vastas extensiones de territorio.

El punto aquí a considerar es que al aplicarse el fracking se producen importantes impactos socioambientales del uso de la fracturación hidráulica: Se da la disminución de disponibilidad del agua: La fracturación de un solo pozo requiere entre 9 y 29 millones de litros de agua. El ritmo de explotación anual de 9,000 nuevos pozos en Estados Unidos que se pretende exportar a México supondría un volumen de agua equivalente al necesario para cubrir el consumo doméstico (100 litros por persona diariamente) de entre 1.8 y 7.2 millones de personas en un año. Ello acarreará la disminución de la cantidad de agua disponible, lo que pondría en peligro los ecosistemas y al legítimo acceso al agua potable y consecuentemente al agua para producir alimentos, lo que es contrario a los derechos humanos más elementales para preservar la vida humana y el medio ambiente.

Lo anterior sería un verdadero peligro para el medio ambiente y desde el punto de vista de la política, sería violatorio de los tratados internacionales que México ha reconocido en el artículo primero de la Constitución política nacional, que protege los derechos humanos de los pueblos y de los indígenas que se encuentran asentados en esa región, lo que vendría a deteriorar el medio ambiente, contaminándolo y destruyéndolo como lo ha hecho en  estados como Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, regiones donde esta actividad ya se está realizando, la disponibilidad de agua es limitada al tratarse de regiones con alto estrés hídrico, donde la demanda de agua es mayor a la disponibilidad con que se cuenta.

De permitirse la implantación del fracking en territorio potosino, nos pasaría lo mismo que está pasándole a nuestros vecinos y acá, dañaría el ecosistema de la región más hermosa con que cuenta el patrimonio turístico potosino.

Al difundirse la noticia de la posibilidad de que se aplicara en territorio huasteco esta técnica del fracking, en la comunidad de San Pedro, del municipio de San Antonio en la Huasteca norte, dio lugar al surgimiento de un movimiento social de rechazo absoluto a los trabajos de explotación petrolera que pretendía ejecutar personal de Pemex en ese lugar. La última postura del nobierno estatal es “no hay fracking”. Por su parte, Marco A. Gama Basarte, senador electo del PAN, reiteró su postura en contra de la exploración y explotación de hidrocarburos mediante la fractura hidráulica: “No al fracking en México y mucho menos en nuestra Huasteca potosina”. Agregó que inmediatamente después de tomar posesión de su cargo, presentará un punto de acuerdo y todas las iniciativas necesarias para tener acceso a dicha información y, por supuesto, detener el fracking en la zona Huasteca, dado el enorme daño que dicha actividad puede causar en toda la región. “Mi postura y compromiso es clara, no al fracking, y voy a trabajar desde el Senado de la República para detener esa práctica”, sostuvo Gama Basarte, “además que al menos 25% de las sustancias utilizadas en las distintas mezclas de perforación pueden causar cáncer y mutaciones, 37% afectar al sistema endocrino, 40% provocar alergias y 50% dañar el sistema nervioso”, agregó.

Entonces, la aceptación del fracking significaría aceptar el precio de muerte por la contaminación atmosférica que produciría, los daños al ecosistema y demás desastres. Entonces: No al fracking para extraer gas y petróleo en territorio potosino.