Naturaleza
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Los capitalinos se están asfixiando
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¡No al silencio!

Ignacio Betancourt

Algo muy grave ocurre cuando la diferencia entre guardianes del orden y delincuentes se anula. La evidencia más palpable de un Estado fallido la encontramos (sin buscarla) en la incapacidad de los gobiernos federal, estatal y municipal de México para garantizar la seguridad de la ciudadanía. De hecho, el gobierno mexicano está incumpliendo su obligación legal, moral y jurídica de ofrecer, mantener, garantizar seguridad, no sólo a los periodistas sino a la ciudadanía en general. Para eso se sostiene y se paga a todos los empleados gubernamentales.

Si Javier Valdez Cárdenas (corresponsal de La Jornada en Sinaloa) unos días antes de ser asesinado dijo que a la periodista Miroslava Breach Velducea (corresponsal de La Jornada en Chihuahua) la mataron por: “lengua larga, que nos maten a todos, si esa es la condena de muerte por reportear este infierno”, para culminar afirmando “¡No al silencio!”, cómo deberían llamar a su país los cientos de miles de familiares de asesinados y desaparecidos (sea a manos de la delincuencia organizada o de las propias fuerzas de seguridad gubernamentales) ¿Infierno? ¿País de impunes? ¿Pesadilla? ¡No al silencio!

¿Cómo caracterizar a una nación en donde quienes dicen gobernar son los agresores más evidentes (sea por omisión o por explícita complicidad)? ¿Cómo es posible que más de cien millones de seres humanos puedan ser potencialmente victimados por un puñado de criminales de cuello blanco o de lentes oscuros y botas picudas (o encorbatados y bien peinados). La realidad es siempre más fantasiosa que las más desmesuradas fantasías.

Cómo reconocer frente a quién se encuentra el ciudadano, si de197 averiguaciones previas iniciadas desde el año 2000 para investigar asesinatos y desapariciones de periodistas sólo en 17 de ellas se ha dictado sentencia, mientras las autoridades encargadas de resolver se limitan a decir: se está en “proceso de integración”. Cómo creer en las oficializadas mentiras de quienes insisten en la importancia de su actividad pese a que, por ejemplo, la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos Contra la Libertad de Expresión, en todo su tiempo de existencia sólo ha logrado tres sentencias condenatorias (¡tres!) de 743 averiguaciones previas hasta el año de 2015.

A partir de la disolución de los límites entre gobernantes y delincuentes cualquier infamia es posible, pues (suponen) puede ser justificada con verborrea televisiva; sin embargo, millones han aprendido que ninguna demagogia logra sustituir nunca a las soluciones concretas, justamente las que el gobierno mexicano se niega a implementar, pues a ellos les bastan las declaraciones ¿dado el grado de complicidad en que se encuentra involucrado?

¿Cómo detener tanta destrucción con pura demagogia? solamente a los más canallas puede ocurrírseles solución de tal naturaleza. No serán policías ni soldados la opción para un país en crisis de gobernabilidad ¿nos merecemos los mexicanos el gobierno que tenemos? Bien pronto todos deberemos responder a esa pregunta (no solamente votando).