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No se agüite

Luis Ricardo Guerrero Romero

Antes, la gente sabía ser responsable y educada, no faltaba el saludo matinal de cualquier vecino de la cuadra, es más, no se requería ser vecino de alguien para que éste lo saludase, sí, ya sé, me lo han dicho miles de veces, cuando envejeces el síntoma de añoranza se acentúa más que las arrugas. Por eso para evitar que se propague ese sentimiento absurdo, decidí matar a cuanto sujeto planteara el recuerdo, porque, en definitiva, los recuerdos sólo sirven para algo: resistencia de muerte. Por ejemplo, hace un par de años mi tía abuela insistía en el argumento de que el ser humano mexicano está hecho para soportar y no agüitarse, y que, si tal sujeto se llegara a agüitar, el único remedio sería seguir soportando. La consecuencia de tal idea externada fue una tarde dominical de muerte. Es decir que, meses después, mi tía murió víctima del secuestro y agresión por parte de su sobrino, yo. Tuve que comprobar su estado de tolerancia, saber qué tanto resistía sin agüitarse. Esos meses en los que ella estuvo privada de sus gustos petulantes de soltera, por reiteradas ocasiones le llegaba a preguntar: ¿te agüitas tía?, y secundaba mi pregunta al externarle: No te apures, yo te protegeré de esta vida sin valores y desquiciada. Los jueces no creen que si la acuchillé fue por amor a la vida, y que únicamente deseaba comprobar sus enseñanzas sobre la teoría del agüite.

Caso peculiar se deja ver en el sobrino a quien una palabra tan común, instigó a darle muerte a su familiar, pero así son muchas de las cosas más normales, o sea, que el motivo de un acto bueno o malo, puede ser producto de nimiedades, como palabras del uso coloquial. La palabra agüitarse, por muy banal que se oiga resulta ser fruto de un cultismo latino, así que, la próxima ocasión que te corrijan por usar tal expresión cuéntales que, en una página de La Jornada San Luis, te enteraste de la voz latina: Quiríto, are (cuirito): la cual en la semántica castellana expresa la idea de lamentar, gemir o gritar. Es la voz latina que da vida a nuestro agüitarse. ¡No te acuites!, sería el grito en el cultismo; ¡no te agüites!, es la expresión que por las calles y en las escuelas se deja oír. En otras palabras: no te lamentes, no gimas, por tal o cualquier situación, diría la difunta tía abuela. La formación de esta palabra es probablemente la unión de /a/ como elemento copulativo, y no como elemento de negación, así tenemos varias palabras: adelantar, avanzar, atrapar.

De tal voz en cuestión, como de tantas otras, gracias a la economía del lenguaje y el uso de la lengua mayormente fonético que gramatical, encontramos la palabra agüites mutando en su aspecto morfológico, por “awuites”, pero este cambio, como hemos dicho, se debe más a la expresión y uso coloquial de las nuevas generaciones. No descartamos que existan otras aseveraciones sobre el origen de la palabra tratada, aunque, son especulaciones débiles, debido a que, la adjudican a voces del náhuatl, que poco tienen que ver con el sentido primigenio de la palabra. Sea como fuere, creemos como la occisa mujer, el no agüitarse y soportar es uno de los rasgos del mexicano.