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Notas para comprender al periodista mexicano

Rogelio Hernández López

O tra vez, como en muchos estados esta semana me topé en Campeche con maltrato e incomprensión a lo que son, hacen y padecen las personas dedicadas al periodismo.

Corroborar las magras condiciones en que se desempeñan atizó nuevamente la necesidad de que convenzamos a legisladores, gobernantes, académicos, funcionarios de la educación superior y hasta a un buen número de los mismos colegas de que esta actividad debiera ser reconocida jurídicamente como del interés público porque requiere ser protegida, tutelada y auspiciada.

No es exagerado demandar que exista un marco legal suficiente para dar otro trato jurídico, laboral y social para los periodistas, como se hace con los notarios, los abogados, los ingenieros, los médicos. Estos profesionistas no padecen las agresiones sistemáticas, la corrupción crónica que provocan autocensura y silencios en perjuicio del derecho de los ciudadanos a ser informados debidamente,

Lograr el reconocimiento en las leyes de que esta es una actividad de interés público sería uno de los cinco pasos indispensables para reducir las grandes vulnerabilidades de esta actividad. Las personas que se dedican al periodismo padecen esas cinco vulnerabilidades: por su deficiente formación académico-profesional; frente a las agresiones; por insuficiencia de marco legal; por malas prácticas de las fuentes informativas y servidores públicos; y por la desunión y carencia de organismos profesionales que los defiendan y promuevan su capacitación continua.

Lo que tenemos que hacer quienes nos asumimos como periodistas profesionales es compartir los argumentos que permitan a otros comprender lo que decimos de la importancia económica y política que tiene nuestra función, además de la social. Esa relevancia que todos los políticos manosean cuando dicen que somos los mediadores más directos entre la ciudadanía y los gobiernos, entre el derecho a la información y la democracia.

En Campeche discutimos esto y más sobre la esencia del periodista quienes llegaron como alumnos y este reportero al segundo módulo del seminario de capacitación en periodismo cultural que organizaron la Secretaría de Cultura de la entidad y la asociación Periodistas 3.0. Allí repasamos lo que define al periodista. Lo siguiente es un resumen:

Vacío jurídico que perjudica

Quienes son periodistas activos sufren una paradoja absurda. Las instituciones públicas –más bien algunos de sus ignaros funcionarios– les exigen en muchos tonos que tengan desempeños cada vez más profesionales y hasta les demandan códigos de ética, mientras que en contraste se carece de una caracterización jurídica como trabajadores profesionales de la información.

Hoy se cuenta sólo con dos reconocimientos legales.

En 1990 la Comisión Nacional de Salarios Mínimos inició el reconocimiento de que algunas especialidades del periodismo merecían un salario mínimo profesional y fijó 2.5 tantos de los salarios mínimos generales para reportero y reportero gráfico. Ese diminuto avance no es regalo, fue resultado de la presión de los colegas entonces organizados, principalmente en la Unión de Periodistas Democráticos, hoy extinta

El 25 de junio de 2012, más de dos décadas después, se reconoció la necesidad de proteger a los periodistas agredidos o amenazados en la Ley para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas. La definición que allí se asentó fue otro pequeño avance:

Artículo 2.- Para los efectos de ésta Ley se entenderá por: (…) Periodistas: Las personas físicas, así como medios de comunicación y difusión públicos, comunitarios, privados, independientes, universitarios, experimentales o de cualquier otra índole cuyo trabajo consiste en recabar, generar, procesar, editar, comentar, opinar, difundir, publicar o proveer información, a través de cualquier medio de difusión y comunicación que puede ser impreso, radioeléctrico, digital o imagen.

Y este otro paso diminuto frente a la necesidad de reconocer para proteger, tampoco fue dádiva. Resultó de la presión combinada de organismos internacionales y algunas organizaciones de periodistas. El vacío sigue siendo muy grande.

Identificar bien al sujeto económico

No hay en México un estudio o elaboración académica recientes que permita identificar correctamente al periodista como sujeto económico social: sus características como profesión, su lugar como sujeto económico y también sus funciones sociales. Junto a ello se tienen que delimitar las características académico-profesionales que debiera tener.

De la importancia social y política que tiene el periodismo hay mucha elaboración internacional. Los arquetipos ya no se discuten en México porque se aceptan por académicos y políticos. Pero a eso hay que agregarle otros roles para que se entienda por qué debe reconocerse jurídicamente a esta actividad como de interés público.

¿Cuál es la función del periodista en la producción? ¿Cuál es su ubicación económica? Más explícitamente ¿cuál es su ubicación en el proceso productivo de la información en la comunicación social?

La definición mayor del sujeto que se dedica a esta actividad proviene de su relación con el objeto de trabajo (la información para el mercado) y el efecto que su labor tiene para las sociedades (lo social).

La mayoría de quienes se desempeñan en el medio son trabajadores especializados, empleados mediante remuneraciones. En primera instancia, son trabajadores intelectuales que al transformar en información noticiosa, lo que oyen, ven u observan de la realidad, están agregando una calidad que no había. Por el tipo de producto nuevo que generan (noticia en cualquier género), sin importar el puesto que ocupen crean nuevos valores: de uso social, de consumo, mercantil, valor este que, mientras más trascendente sea, da mayor poder de negociación política a los propietarios y responsables de los medios.

Lo injusto es que los mercaderes menosprecian a la pieza fundamental del proceso informativo y no aceptan que los medios son instrumento de difusión pero no de generación de lo sustantivo. Para eso requieren a los periodistas como piedra de toque para producir todo tipo de mensajes y contenidos. Las remuneraciones en la mayoría de los casos son injustas frente a los nuevos valores que crea el periodista (reportero, redactor, corrector, productor, diseñador, editor) son tratados como otra mercancía que cada día se devalúa más. Trato que sería muy diferente si se le protegiera en el mercado de la información como profesionista tutelado por el Estado.

Otro lugar social tendrían los periodistas si se caracterizara legalmente su actividad como de interés público que requiere la tutela del Estado. Entonces la información noticiosa demeritaría como mera mercancía para recuperar su utilidad social. Entonces quizá los profesionales de esta actividad serían mejor comprendidos y recompensados como profesionales. Abonemos con argumentos para que se entienda mejor a los periodistas entre propios y extraños, pero sobre todo hagamos mejor cada día nuestro trabajo de informar.

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