Designaciones atropelladas en la Ciudad de México
12 enero, 2018
Astillero: Cisen Paulette
12 enero, 2018

O reclaman o padecen

Ignacio Betancourt

Las argumentaciones del gobierno mexicano (se podrían llamar de otro modo: artimañas, manipulaciones, demagogia, mentiras, etcétera) cuando intenta justificar las corruptelas de los “impolutos” políticos priístas en funciones gubernamentales, por muy institucionalizadas y “legales” que sean han dejado de servirles, actualmente sólo producen indignación o humorismo involuntario en la mentalidad de millones de ciudadanos, quienes hartos de los abusos de los que prometen el paraíso nacional cada seis años y solamente los perjudican (los explotan, los engañan, los utilizan, etcétera) pareciera que hoy comienzan a cambiar. Es decir, todas las mediáticas justificaciones y el autoritarismo rampante resultan inútiles ante la indignación inacabable de la inmensa mayoría de los mexicanos agredidos, por ejemplo el ominoso destino de las llamadas clases medias (un millón ciento setenta mil trabajadores “abandonaron las filas de los ingresos privilegiados”) que fueron durante largo tiempo uno de los votos duros del PRI, los otros son los más pobres, (las “clases altas” son ellos mismos); en un contexto tan radicalizado como el actual la transformación urge a gobernantes y gobernados; incluso la burocracia subalterna se vuelve prescindible (muchos serviles están quedando desempleados) o se ha reducido a un conjunto de malos actores en un caos de equivocaciones (ya hasta los más crédulos comienzan a dudar).

Mantenerse gracias al humorismo involuntario resulta una solución muy fugaz para el poder, especialmente cuando los datos duros lo muestran tal cual es. Por ejemplo, señala la periodista Mathieu Tourliere en la revista Proceso: Videgaray y Meade sólo sirvieron de tapadera respecto al lavado de dinero en México. Al indagar en sus actuaciones ahora se sabe que obligados a revisar el 100% de los lugares propicios para el lavado solamente lo hicieron en el 0.20% de “casinos, agencias automotrices, agencias inmobiliarias, joyerías y servicios de transporte en los últimos tres años”; es decir, dejaron fuera de su mirada (y la de sus agradecidos cómplices) a “cuatro mil notarios públicos, cerca de 450 mil abogados y a seiscientos mil contadores” ¿cómo llamar a eso? Miguel Alcántara Soria, funcionario de la actual Unidad de Inteligencia Financiera de la SHCP, dice que la Secretaría de Hacienda protegió a funcionarios cercanos a Peña Nieto: “Mi percepción es que esto se hizo para cuidar a los secretarios, a Luis Videgaray y a José Antonio Meade…”

Pareciera que el PRI se ha quedado sin soluciones, y no es falta de imaginación, es simplemente que sus tradicionales recursos (la manipulación mediática, un Legislativo siempre enemigo de la población y demás ilegales recursos) han caducado como opciones para mantenerlos medrando eternamente. La población es otra, México cambió sin que el PRI se diera cuenta. La voracidad personalista, la ilusión de suponer que en el país “sólo existo yo y mi grupo” se paga, tarde o temprano (generalmente al final del sexenio). Hoy es evidente que las fantasías autoritarias ya no son posibles en múltiples lugares, mucho menos en un país en donde bien que mal ha existido una guerra de Independencia y una Revolución.

Actualmente ya no se puede ocultar que los mayores ladrones siempre resultan evidencia de una degradación más amplia que involucra de manera grotesca desde los más miserables a, incluso, los jefes de jefes. En un contexto tal nada habrá de impedir la irrupción popular reclamando con sobrada justificación por sus más elementales derechos. O reclaman o padecen, no han dejado a la heterogénea población otra alternativa; en este punto desaparece cualquier mediación y sólo queda una ciudadanía (más de cien millones de seres humanos) frente a un puñado de delincuentes metamorfoseados en funcionarios. No importa de que nivel lo sean, por omisión o por comisión propagan una insoportable peste social y tan nefastos resultan los principales como sus empleados y beneficiarios (no se trata de puros e impuros, se trata de reclamos justos ante acciones injustas).