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¿Opositores domesticados o contrapesos reales?

Carlos López Torres

A unque el opaco titular del Ejecutivo afirma que el gobernador electo recibirá “cuentas claras y recursos suficientes”, y algunos alcaldes que dejan el puesto aseguran algo semejante, lo cierto es que en un primer momento corresponderá a los diputados electos para integrar la próxima Legislatura analizar las cuentas públicas de los gobernantes salientes.

Por lo pronto el vicario general de la Arquidiócesis de San Luis Potosí, Benjamín Moreno Aguirre, reconoce que los titulares que próximamente saldrán de la administración estatal y los ayuntamientos, dejan trabajos pendientes: “muchísimo, muchísimo, y más San Luis Potosí”, enfatizó el prelado.

Así las cosas, por más que Toranzo Fernández pretenda sobredimensionar su cuestionada actuación reconociéndole a los potosinos su vocación democrática, lo real es que su gestión dejó mucho que desear como titular del Ejecutivo y primer priísta del estado; ahí están la cifras que corroboran la pérdida de confianza de la ciudadanía hacia el partido del gobernante, sin entrar aún en la cuantificación e interpretación de las abstenciones y los votos nulos a nivel estado.

El que las campañas se hayan caracterizado por la superficialidad de sus planteamientos, y por lo tanto, de una ausencia notable de propuestas derivadas del análisis insuficiente de los graves problemas viejos y nuevos que subsisten, a pesar del triunfalismo toranciano, no logra ocultar el estancamiento de la entidad, la incapacidad demostrada por el tricolor para administrar sin corrupción y eficientemente los impuestos de los vecinos de los municipios más poblados de la entidad, quienes se han inclinado por una opción a la que se le ha definido como portadora de cierto populismo.

El reacomodo electoral de las principales fuerzas políticas, especialmente en el Congreso del Estado y los ayuntamientos, no es garantía alguna de una democratización de la entidad, tratándose de una democracia representativa incipiente como la nuestra, por supuesto, donde la participación ciudadana es mínima en la toma de decisiones y fiscalización de los recursos puestos a disposición de los gobiernos en turno en los diferentes niveles.

¿Cuál es el “mismo proyecto en favor de la población” al que llama a sumarse a ganadores y no electos, el arzobispo Jesús Carlos Cabrero Romero? Ese proyecto estaría por construirse, a partir de discutirse con los pobladores y contribuyentes, con quienes forman la pluralidad de intereses y la diversidad de fuerzas políticas con o sin registro. Dada la diversidad real existente en el estado, hayan votado o no, tienen todo el derecho de aprobar un nuevo proyecto de entidad, donde realmente se les incluya más allá de la retórica y, desde luego, se les asignen acciones concretas para la solución de sus nuevas y viejas demandas.

Los llamados en general como el del gobernador Toranzo Fernández por “la unidad y la paz”, que son necesarias para que nuestro estado siga creciendo en todos los órdenes, no son garantía alguna de un verdadero desarrollo como ha sido ya demostrado. Sólo la construcción de verdaderos contrapesos desde abajo, desde los habitantes de comunidades y municipios, obligarán a los autollamados representantes populares a convertirse en opositores reales en el avasallado Congreso del Estado.