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Óscar G. Chávez

A pocos sorprendió que el ex secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Emilio Álvarez-Icaza Longoria, fuera enlistado al Senado de la República por vía plurinominal; se veía venir.

Lo que sorprende es que la nominación no haya sido realizada por el PAN, partido con el que había venido coqueteando en últimas fechas, sino por el PRD, entidad a la que cuestionó y criticó con ferocidad, luego de los sucesos de Ayotzinapa.

En la misma reunión plenaria, animada por una sacualtipana que protagonizó el lumpen perredista, ocurrió lo previsto para San Luis Potosí. Pocas veces yerran los oráculos locales de la política, y ésta no fue una de ésas; la lógica indicaba la posible selección de los dos Ricardo Gallardo para contender por la fórmula senatorial.

Senadurías por Ayuntamiento era lo pretendido si la terna panista para la alcaldía capitalina hubiera sido del agrado de don Ricardo, señor de todo lo visible en amarillo, pero no fue así; el registro de Xavier Nava Palacios como precandidato a la contienda vino a complicar las cosas para la alianza amarillo-azul, y encendió las iras del alcalde capitalino.

No es necesaria la explicación, para Gallardo el nombre y persona de Xavier Nava se encuentran proscritos; el rompimiento de aquel antiguo y prometedor amor fue total. Aunque fuego hubo, las brasas que no se consumieron sólo han servido para avivar odios plenos. Así, dado que la aparente alianza permitía que cada partido propusiera a sus candidatos para la alcaldía, parece ser que en una mala jugada el azul irá con Nava.

Es suposición válida, entonces, que será Gallardo quien se presente como candidato de su partido, el PRD, a la presidencia municipal de la capital potosina. De ser así es casi un hecho que asegurará una nueva victoria en su haber, con miras a ocupar en 2021 el edificio de en frente.

No puede ser de otra manera: el PRI cederá frente a Gallardo. Las alianzas estratégicas de este partido van más enfocadas a canalizar a favor de la presidencia los votos del electorado potosino, que en tratar de recuperar los municipios que de antemano tiene perdidos, entre ellos la capital. Otro ejemplo concreto lo encontramos en la negociación de las candidaturas en Villa de Reyes, donde el Partido Conciencia Popular –propiedad del diputado Óscar Vera Fábregat– busca la titularidad de la alcaldía en alianza con el PRI.

De obtener esta prebenda, es evidente que los votos a la alcaldía potosina asegurados por Conciencia, se utilizarán como agradecimiento, sumándose al PRD en mayor parte, y en número reducido al candidato priísta.

El remedo de candidato –como al parecer lo será– que represente al PRI, seguramente luego de las elecciones volverá a su delegación federal, y algún premio nada despreciable se le otorgará en recompensa. Beneficios redituables por prestarse a un ridículo que no le genere más de unos 30 mil votos.

Esta cifra se da si consideramos los votos del priísmo tradicional, más algunos que aporten los partidos satélites del tricolor. Recordemos, por ejemplo, que el Verde (hoy casi podrido) Manuelito Barrera, está en deuda con el gobernador, quien le permitió aferrarse a la curul.

El caso de Nava –aunque con un número mayor de votos– es más complejo, ya que de entre los pocos más de ochenta y un mil votos que obtuvo Acción Nacional en la elección pasada, más unos tres mil que pueda aportar Movimiento Ciudadano, habrá que considerar para resta, aquellos que se ahora se repartirán entre el propio Nava y Morena.

Porque no podemos negar que aunque esta última fuerza política en el pasado proceso electoral alcanzó casi seis mil votos para el candidato a la alcaldía, la realidad es hoy otra. Su candidato –otrora apasionado navista, arengador de multitudes y panegirista del prócer, hoy apologista y presentador de López Obrador–, el notario don Leonel Serrato, podría  posicionarse gracias al efecto AMLO y a algunos navistas no claudicantes, hasta en un tercer lugar entre los contendientes.

Así, a los 131,411 votos que le permitieron a Gallardo alcanzar el triunfo en la elección del 2015, posiblemente se sumen –al menos– unos 25,000 de la sobre entendida alianza con el priísmo y Conciencia; consideremos además los de resentimiento aportados por algunos panistas.

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La mejor estructura política en San Luis Potosí es en definitiva la del PRD, ya que su líder de facto no ha descuidado ningún flanco. En el PRI, por el contrario, las cosas están para llorar por la incompetencia de su presidente estatal, aunada a las fracturas internas y la falta de cuadros entre sus militantes.

De Acción Nacional, ni qué decir; su dirigente Javier Azuara se preocupó más por su imagen que por cuidar el partido, y se esmeró en fomentar el divisionismo entre los militantes. Su impericia fue tan evidente que no pudo ni garantizar dentro de la fórmula senatorial, la permanencia en primer lugar de la persona a quién le debe todo: Marcelo de los Santos.

Sí tuvo la precaución, sin embargo, de guardar algo a su persona, una representación plurinominal que –se rumora– trató de asegurar por partida doble, incluyendo su nombre en dos ocasiones. Algo se le desmoronó entre las manos.

Y ya que andamos entre panistas y entre rumores, se piensa que la invitación de otro partido que alguien rechazó, habrá quién sí la acepte. Consecuencia de la forma en que Azuara prefirió beneficiar a sus allegados por encima de aquellos panistas con trayectoria.

Todos los anteriores son dichos escuchados en corrillos, mesas cafeteras, barras mezcaleras, y campos de golf, y aunque pudieran sonar a chismes vertidos en antesalas de agencias de ministerio público, se rumora que un importante colaborador de la Fiscalía del Estado entrega escritorio, para integrarse a un equipo más divertido. Que algún analista político haga ver al doctor Carreras que la capital del estado está tan perdida como la presidencia de la República; sus alianzas de trueque –igual que sus planes de gobierno– carecen de sentido. No cambie oro por espejitos, ¿qué dirían los Meade y el padre Peñalosa?