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¡Oye, eso ya es gula!

Luis Ricardo Guerrero

L a gula es uno de los pecados capitales, que de forma somera se puede decir que hace referencia a la insaciable manera de comer y comer luego de comer. Hay distintos personajes que reflexionan sobre esta inclinación licenciosa del mal comer desde otro ángulo, por ejemplo, Fernando Savater da una definición más amplia y real del tema al decir que: “el pecado de la gula, es el ansia inmoderada de comer, de beber, ese afán de asimilarse el universo por la vía digestiva”.

Lo más interesante es el final, el deseo inmoderado de asimilar el universo por la boca y sus muy ricos placeres digestivos, pues finalmente si le encontramos un cauce a todo lo tragado por el hombre (hablando de alimentos) su final será totalmente escatológico.

Esto me hace recordar la prosa de Borges en La prueba que cito a continuación: “Del otro lado de la puerta un hombre/ deja caer su corrupción. En vano/ elevará esta noche una plegaria/ a su curioso dios, que es tres, dos, uno, / y se dirá que es inmortal. Ahora/ oye la profecía de su muerte/ y sabe que es un animal sentado. / Eres, hermano, ese hombre. Agradezcamos/ los vermes y el olvido”.

La pluma del autor citado es relatora de la gula comestible, pero para el sicoanalista Erich Fromm, en Anatomía de la destructividad humana, la gula y voracidad son síntomas compañeros, es decir que acto de la gula es aún más complejo pues éste se acompaña de la voracidad.

Pero lo que a mí me atañe decir con mayor interés es recodar que la palabra gula deviene del latín gula-ae, y ésta se traslada al español como garganta, esófago y en ocasiones es tomado simbólicamente como paladar. Lo anterior se ve enriquecido al recordar que es el paladear lo que nos proporciona el gusto. La palabra gula como hoy la conocemos probablemente  es más propia de la traducción de gulosus, que significa tragón.

Además esta palabra se ve fortalecida simbólicamente por los colores en la heráldica, debido a que la heráldica y blasones fue también un factor que influyó para que a un glotón le llamemos goloso, o que peca de gula. Pues en los blasones el color rojo, (que por otra parte se dice que estimula la sensación de alimentarse, pero que más bien es el anaranjado) se le denomina color gules, es decir rojo; proviene del francés gueule, que figura el color de las fauces de los animales voraces y carnívoros.

El color bermellón en la heráldica es signo de fortaleza y victoria, es decir que su enemigo era devorado como el león acaba con la vida del ciervo, o en otro tenor, el poder acaba con la vida del siervo.

La gula, un mal que trasciende los conceptos acuñados de un sistema goloso: la Iglesia, y que gustan paladear en el sistema político a cada cambio de poder, sin reconocer que todos los golosos, son un animal sentado.

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