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Palabrería

Ignacio Betancourt

La verborrea va y viene por todos los lugares, pero en donde se acentúa la inutilidad y la recurrencia de las palabras engañosas es en la presidencia de la república, en donde parecieran seguir creyendo ciegamente en la funcionalidad de la demagogia (ahora contra las locuras de Trump). Las declaraciones patrioteras que día a día se vuelven más inoperantes son los únicos recursos de los que parecen disponer funcionarios y funcionaretes. La pura palabrería nunca ha modificado nada, todo mundo sabe que son únicamente los hechos los que de manera irrefutable transforman todo tipo de realidades (aunque los “políticos” se nieguen a creerlo). Quienes no han descubierto tan elemental verdad seguirán equivocándose como hasta ahora. Sin embargo, pese a los graves riesgos de tamaña ignorancia (o mala fe) el gobierno mexicano sólo habla pero no actúa. Tan nefasta costumbre se ha vuelto inercial en los “políticos”.

Cuando las palabras del presidente resultan tan inútiles (e ignoradas por el mismo Trump a quien van dirigidas) algo ha dejado de funcionar; igual en el contexto nacional como en el internacional la vigencia de la demagogia presidencial pierde eficacia y lo que circunstancialmente había resultado, hoy se exhibe en toda su inutilidad frente a los ojos de propios y extraños. Si Peña Nieto imagina que su verbo, inútil ya en lo nacional, podría convencer a alguien en otras latitudes, pronto deberá volver a su deplorable y rutinaria incapacidad, por una razón elemental: nadie le da crédito a sus dichos, hacen falta actos no sólo palabrería trasnochada e inútil. Triste condición de quienes durante décadas han existido sólo sustentando su actuación en la demagogia y el autoritarismo y su consecuente impunidad, insoportable será descubrir la inoperancia de un comportamiento que lo único que ha logrado es propiciar crisis tras crisis en un país siempre en prolongadas crisis.

Frente a las agresiones del gobierno norteamericano siguen predominando las declaraciones patrioteras en toda clase de funcionarios mexicanos, para quienes el ejemplo a seguir es el comportamiento del presidente. La misma deplorable actitud de suponer que los discursos van a solucionar los problemas, sin realizar acción alguna, terminará por acabar de hundir en el abismo a casi la totalidad de los mexicanos. Afortunadamente un país no es su gobierno y México no puede ser la excepción, así que los ciudadanos (como siempre) van a tener que resolver los problemas que llegan en cascada. Se hace presente la hora de actuar (y que todos los dioses del olimpo mexica nos ayuden) porque un loco como Trump muy probablemente va a poner a prueba no sólo a un gobierno sino a la ciudadanía.

La cambiante realidad pareciera colocar sorpresivamente a los mexicanos al lado del principal subastador del país convertido por arte del azar geopolítico en el supuesto defensor de un país digno, ese mismo México que con tanto afán ha estado entregando a los peores intereses del mundo. El subastador de la patria convertido súbitamente en el defensor verbal de lo que hace unas semanas vendía como ganga al mejor postor. El sin sentido de la realidad se vuelve espectacular, lo absurdo se apropia de lo cotidiano y el principal verdugo del país puede ostentarse, de la noche a la mañana, como la transfiguración de la demagogia nacionalista convertida en personaje de carne y hueso y con banda tricolor en el pecho. El propiciador principal de las desventuras patrias vuelto defensor de lo que se ha empeñado en destruir a toda costa, pues según suponen los oligarcas, eso es la modernidad que finalmente habrá de redimir a la mexicanada.

El mismo demagogo protector de corruptos ahora aparece en los televisores como el defensor de la dignidad de la patria pidiendo (por cierto con toda precaución) respeto al país por parte del gobierno de Estados Unidos, cuando el propio presidente ha sido incapaz de respetar a la mayoría de los mexicanos. Quien le crea al palabrero principal que lo haga por su propia cuenta y riesgo. La única solución posible a los problemas sociales seguirá siendo la actuación de la mayoría de los mexicanos, nunca la de sus políticos verborreicos.