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Para el difamador

Luis Ricardo Guerrero Romero

“El dolor no brota de no tener. Brota de querer tener y sin embargo no tener. El querer tener es la conditio sine qua non para que el dolor sea eficaz. La enseñanza más importante del estoicismo como ética de la razón pura es desprenderse todo lo posible del querer.” (Los dolores del mundo, Schopenhauer)

Extraña frase para el humilde epitafio fúnebre que corona el perpetuo descanso del abuelo Hilario, sujeto que fue premiado con la paz y probado en vida con la guerra. Aunque no lo conocí, parece que hay días en que me habla de cerca para recordarme las cosas que a todos se nos suelen olvidar, el ser autónomos. Ya que según se cuenta, la autonomía era aquella característica que lo hacia inconfundible, este abuelo fue tan autónomo que parecía caer en el egoísmo. Todo quien lo trató, incluyendo a su hijo, mi padre, suponían que sólo pensaba en él mismo. Hoy que lo recuerdo entre estos jardines ostentosos del arte topiaria se viene a mi mente cuanta palabra se une a la voz auto.

Autómano, porque era un abuelo imaginativo; autoláteo, ya que de vez en cuando era sano escucharlo hablarse a sí mismo; autopsia, porque la cirrosis no es amiga del tiempo; autógrafo, de más de cinco que lo admiraron por sus habilidades; autofagia, ya que mitigar el hambre con su propio ser fue algo arriesgado; autonomía, como dije, era un tipo muy solitario; autócrata, pues se imponía gracias a su ser de autognosta y autognosis.

Lo dejaré de pensar y lo imaginaré esta noche, y supondré que no le hace falta a mi padre, y que esas injurias en contra de su memoria son una sarta de difamaciones.

Puesto que lamentablemente hay humanos que hablan como bestias, se comportan como bestias e imitan el hablar de los salvajes, a ellas todas mis maldiciones. Entes que usan su mente para difamar, en su lengua hay una fiesta que se afila más y más al herir al otro, al muerto. No les deseo ningún mal, únicamente les deseo todas mis maldiciones.

Lo anterior lo digo para explicar la palabra difamar, palabra que puede encontrarse de forma muy directa en la lengua latina: diffamo, divulgar; es decir, dividir al vulgo, segmentar al pueblo. No obstante, la palabra que ahora me ocupa no es de procedencia directa de la lengua que nos dieron los lacios (Lazio), ya que la lengua griega ya sumaba a su vocabulario la palabra δυσφημεω (disfemeo) la cual tiene el significado de decir palabras de mal agüero, o el hablar para el escarnio y vituperio.

Cuestión muy familiar para aquellas que tienen esa denigrada facultad de difamar. Gorgonas de la sociedad.

No hay que confundir el término difamar con el de libelo, el cual es un acto donde se difama de modo escrito y no sólo tácito con el lenguaje. O sea, en el área del derecho actuar de modo libelo, designa que se ha difamado a alguien de modo escrito detallando santo y seña, es decir el día de su santo y señas particulares.

Finalmente sintetizo que la palabra griega disfemeo mutó al latín diffamo, y luego al español difamar.

No sabía que algún día me enteraría de sus difamaciones, pero aquí en este plano trascendente todo se sabe, incluso ahora sé lo que sintió el abuelo al morir.