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¡Para eso me gustaban!

Carlos López Torres

L a ironía, dice el realizador Armando Casas –cuyo largometraje Gamilia Gang se exhibe en la cartelera comercial en todo el país–, “es una forma de soportar nuestra realidad sobre aquellos que detentan el poder y solidaria hacia quienes no lo tienen”.

Acaso por ello, ante la tremenda debacle que de múltiples maneras asoma cotidianamente en todos los ámbitos de nuestra maltrecha institucionalidad, los mexicanos encontramos una y mil formas de ejercicio irónico para ayudar a defendernos del dolor y las dificultades cotidianas, como atinadamente dice el cineasta.

Un área de oportunidad, como dirían los empresarios, para la práctica de la ironía de los sistemáticamente burlados potosinos, se encuentra precisamente en los días que corren, en estos días de transición de poderes en que algunos actores políticos cambian de papel: unos son objeto de reciclaje, otros se despiden temporalmente y otros llegan con la intención de quedarse.

Los que dejan la función pública, así sea para saltar a otro puesto o temporalmente ocupan la banca, se van con su gran cargamento a cuestas dejando un cúmulo de pendientes producto de su incapacidad, incompetencia, irresponsabilidad o de plano de su incorregible mitomanía.

Tal es el caso del el ex titular de Finanzas, Jesús Conde Mejía, quien muy orondo apareció diciendo que por instrucción de su jefe, dejarían el proyecto de presupuesto de egresos de 2016. Ahora resulta que no dejó nada de documento, ni se preocupó por dejar debidamente aclarado lo relativo a la recuperación de más de 300 millones de pesos, que al decir de su jefe y el mismo funcionario, contradictoriamente aseguraron que serían para abonar a la deuda de pensiones y otros pendientes, aunque al parecer ni a los policías estatales les cubrió su homologación, según denuncia hecha por los propios servidores públicos.

Cómo no va a ser irónico que los diputados salientes, incluyendo algunos que recibieron su premio de consolación por haber perdido en su intento por alcanzar otro hueso, no sólo desempeñaron una función legislativa, inadmisible en cualquier país de instituciones no fallidas, como es el caso de las graves violaciones a los derechos de los infantes potosinos encontradas precisamente en la Ley de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del Estado, por la Comisión Nacional de Derechos Humanos, sino todavía se despacharon con la cuchara grande repartiéndose una millonada del presupuesto del Congreso.

A poco no mueve a risa el que los diputados entrantes, después de todo lo que han pregonado sobre la pretendida austeridad, ahora salgan con que necesitan aumentar el presupuesto de la Cámara de Diputados. O la atropellada estampida de ediles entrantes hacia la Secretaría de Hacienda para rescatar algo de lo devuelto por sus antecesores que no aplicaron.

No deja, en fin, de ser una ironía que el PRD establezca como prioritario la lucha por la libertad del junior Ricardo Gallardo, en lugar de prepararse para ejercer gobiernos y gestiones legislativas creíbles, apegadas a sus principios y objetivos establecidos en su programa.

Si quiere continuar con la ironía, váyase a ver la película Familia Gang.