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Percepciones, decepciones e ilusiones

Óscar G. Chávez

S ugerente y evocadora la cauda de palabras que conforman el título de la presente columna. Al parecer la carga receptiva no va más allá de lo escrito; ninguna mella hará en aquellos a los que va dirigida. Todo queda en el imaginario, en el mundo de las ilusiones.

En el primer grupo ubicaremos a las que los cínicos y baquetones curuleros del Congreso local creen tener derecho en virtud de la agotante carga laboral a la que fueron sometidos durante los tres años que duró su encargo legislativo. Es lo menos a lo que pueden aspirar después de su flamante desempeño, decir e incluso suponer lo contrario sería una ingratitud contra aquellos que sacrificaron todo por representar a los potosinos de la más digna de las formas durante esta legislatura.

Habrá seres despreciables que digan que ésta fue la peor de todas las que se han conformado hasta este momento; por integrantes, por desempeño, por cantidad de iniciativas presentadas, por leyes aprobadas, por ausencia de beneficios a los potosinos, por incrementar la carga de egresos del estado por el lastre económico que representan sus salarios; sin embargo los que lo dicen, no pasan de ser unos resentidos que nada saben de leyes, ni de la calidad humana que hay en cada uno de ellos.

Recuerdo un diálogo a través de las redes sociales en el que el diputado Alejandro Lozano, luego de ser cuestionado por Jaime Nava Noriega –columnista de este diario–, y revestido de santa indignación, respondió de una forma muy acertada al mal agradecido agitador: tú debes ser muy bueno en lo tuyo, pero yo también lo soy en lo mío. No sé en qué sea bueno el panista, pero supongo el comentario era en clara alusión a los refritos de sus iniciativas cargadas de errores que desde luego se irían sorteando sobre la marcha.

De ser aplicada la frase del sátrapa Santos, un poco de tormento a la Constitución, no es posible saber en estos momentos si nuestros honorables legisladores lo aplican a la local, o en general al grueso del pueblo potosino. Lo único cierto es que se marchan de su encargo con los bolsillos, billeteras y cuentas bancarias, más abultados que al inicio de su gestión; consideremos que algunos de ellos nunca habían pasado de pericos perros en su entorno inmediato. Nada mejor para posicionarse e incrementar sus percepciones que una curul local.

Otros no tuvieron empacho en pretender continuar viviendo a costa de este incremento que se han acostumbrado a recibir quincena tras quincena, e incluso pensaron en incrementarlo, pretendiendo alcanzar una curul federal. Finalmente la política como instrumento de movilidad social es algo a lo que se tiene derecho y más en este año de Hidalgo. Cierto es que para no hacerse acreedores al marbete del consabido refrán, nada dejarán.

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Por oposición a la boyante despedida que se autoasignan los diputados y que ya fue defendida por los consabidos centaveros Rosa María Huerta y Eugenio Govea –que esperemos en un lapso de iluminación no pretenda que se otorgue pensión vitalicia a los integrantes de las legislaturas subsecuentes, con retroactividad a la actual–, la situación que atraviesa el Heroico Cuerpo de Bomberos de esta ciudad es catastrófica en realidad.

Su actividad al parecer ha sido menospreciada por las autoridades municipales quienes se han empecinado en señalar, lejos de resolver, que la deuda no es exclusiva de esta administración, sino que también las que les antecedieron en algún momento algo adeudaron a la benemérita institución. Bueno hubiera sido que en su momento le dijeran a Mario García Valdez que no eran convenientes sus aspiraciones a la alcaldía porque rectores anteriores que lo habían intentado acabaron sumergidos en la desacreditación y la ignominia. Sin embargo tal vez así le consuele saber que su desastroso fracaso no fue exclusivo de su administración, también de otras que le antecedieron.

Interesante sería que las cuentas de los ingresos por parquímetros que le reditúan importantes dividendos al Ayuntamiento, y que deberían ser destinadas a los bomberos, fueran transparentadas y se demostrara qué se ha hecho con ese dinero que no ha sido llevado a su filantrópico fin original.

Se argumentará que la lamentable situación del actual Ayuntamiento deriva de la que le fue heredada por su tenebrosa y rapaz antecesora, pero sería pertinente recordar a nuestro alcalde, que él tuvo en sus manos la solución, y que por sumisión a los dictados centrales dejó pasar la oportunidad de convertirse en un alcalde que sin mayor problema hubiera llegado al palacio de enfrente. Pusilanimidad y corrupción acreditadas; algo en lo que él es especialista, ya que fue el impulsor de la mayor cantidad de acreditaciones a la universidad, durante su gestión. ¿Pretenderá que el cabildo, secretario general y presidente también lo sean? Debería promoverlo.

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Cualquier esperanza que los potosinos pudiéramos tener en gobernador, alcalde y legisladores cae en el panorama de lo ilusorio, nada logrará enderezar el torcido estado en que dejan la administración estatal. Pareciera que todos han ingresado al estadio de la desilusión y la nostalgia, no por el cargo que entregan, sino por las percepciones que dejarán de llegar a sus cuentas mes tras mes, producto de una actuación cómoda y despreocupada; más frívola que inteligente, y más pusilánime que enérgica.

Por fortuna este sexenio, repartido en dos trienios municipales y en dos trienios legislativos concluye. La farsa de los quinceneros presupuestívoros llega a su fin. Esperemos que la próxima gubernatura no sea una trágica consecusión de la misma; esperemos que los futuros legisladores tampoco den sucesión a esta escatológica legislatura invadida por personajes sin dignidad y llenos de ambiciones personales e ideológicas. Yunquistas de baja estofa que antepusieron su limitada mentalidad al interés público; caprichosas endebles, y botoxeadas propuestas que al ser desechadas generaron el desinterés por algunas de mayor beneficio público; inmorales saltimbanquis; comparsas del oficialismo; inescrupulosos aspirantes a continuarse nutriendo de la mermada ubre que los alimentó durante tres años. Todos remedos de políticos.

Es cierto que la alcaldía quedará en nuevas manos, no sabemos si de uñas cortas, lo que sí sabemos, o al menos es fácil suponer, que éstas no serán llevadas al corazón para actuar en contra de su deslumbrante antecesor; esperemos que bajo esa dinámica no se le ocurra poner a Mario García un sambenito y llevarlo a la hoguera pública. No habrá bomberos que lo socorran en ese auto de fe.