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Perder todo menos el registro

Jaime Nava Noriega

E n varios momentos durante su campaña, el candidato a presidente municipal por Morena, Joaquín Mendoza, publicó encuestas que, supuestamente, lo ubicaban por encima del candidato del PRD, Ricardo Gallardo, en las preferencias electorales. Si esa encuesta le costó dinero, debería solicitar su reembolso sin dudar.

Morena en todo el estado se enfrentó a partidos políticos con mayor experiencia y mejor salud financiera, y con candidatos convertidos en eco del discurso largamente repetido por el líder y empleado con sueldo de Morena, Andrés Manuel López Obrador, los gritos de victoria se quedaron atorados tras las palabras “mafia del poder”.

San Luis Potosí no es el Distrito Federal, AMLO lo sabe, y quizá los principios, la voluntad y dignidad de muchos militantes y simpatizantes de Morena les impidieron ver lo elemental: para que unos puedan tener mucho, otros deben tener poco. Y así fue, el incuestionable líder repitió en múltiples ocasiones que en Morena no se necesitaba más que un par de tenis y una gorra para que los candidatos hicieran campaña. ¿Cuántos tenis se compró Ricardo Monreal para caminar por la delegación Cuauhtémoc?

En Morena sostienen que a muchos de sus candidatos sólo se les entregaron 20 mil pesos para toda la campaña y, a pesar de tener dos mil pesos más que el candidato independiente Pedro Kumamoto de Jalisco, no lograron alzarse con la victoria. Claro que San Luis Potosí no es Jalisco; no obstante los ejemplos de Kumamoto en Jalisco y de Clouthier en Sinaloa son una muestra de que el trabajo, creatividad y un discurso propio pueden vencer a los partidos con todo y sus despensas o millones.

Morena nunca debió transformarse en “movimiento partido” porque como movimiento ha perdido fuerza y, como partido, la centralización de los recursos aunada a la repetición del discurso de puros contra corruptos ha contagiado de hartazgo a muchos de sus simpatizantes. Estoy convencido de que si Morena hubiera permanecido como movimiento y, en estas elecciones, hubiera apoyado candidaturas ciudadanas, lejos del esquema de partidos políticos, los resultados serían distintos.

Ganó AMLO pero no Morena, ganaron sus candidatos, los de AMLO, los de su círculo cercano, los futuros integrantes de su gabinete. Los de siempre. En los estados, incluso a los candidatos con grandes posibilidades de triunfo, por su trabajo con la ciudadanía durante años, fueron debilitados para favorecer al gabinete de Obrador. Veremos si las victorias en el DF alcanzan para fortalecer a Morena en los estados desde el centro.

Mención muy aparte merece el panismo encabezado por Felipe Calderón Hinojosa, quien en su cuenta de Twitter escribió que las actas en San Luis Potosí deben contarse bien para aclarar las dudas ¿Y los votos en 2006? ¡Qué bien sabe un recuento de votos en elección ajena! ¿a poco no?

Quien mejor reconoció su derrota antes de arriesgarse a hacer más notoria la diferencia en la elección fue el candidato de “la gente buena”, Xavier Azuara, quien no pudo convencer a los electores de que su padrino, Marcelo de los Santos, es “gente buena” –y de toda la vida goooey–.

Y con casi el 5 por ciento de votos nulos en una elección en la que únicamente participaron la mitad de los electores el mensaje es claro para los partidos pequeños de reciente creación: no me convencieron. ¿Aguantarán el registro? Yo creo que sí, la ley está hecha a modo para que los partidos puedan conservar sus registros sin importar los votos nulos, el abstencionismo o los votos en blanco porque son contrincantes; pero, al mismo tiempo, miembros de la exclusiva familia política partidista.

Jaime Nava N.
Jaime Nava N.
Estudiante de maestría en Derechos Humanos por la UASLP. Activista en Amnistía Internacional.