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Periodistas, no teman al derecho de réplica

Rogelio Hernández López

C olegas, guarden sus recelos al nuevo derecho de réplica que se aplicará sólo cuando informemos defectuosamente. Desconfiemos sí de quienes son fuentes con mala acreditación o usan a periodistas y medios de prensa para golpear a terceros impunemente. Esas prácticas son las que motivaron principalmente la nueva ley que, de paso nos presionará para poner mayor cuidado y rigor al producir noticias. Los públicos ganarán.

La nueva ley de rectificación informativa es de carácter general para todo el país. A pesar de algunos procedimientos tortuosos, sí ayudará a disminuir algunas de esas malas prácticas de los políticos y otros notables que contaminan el ejercicio informativo del periodismo mexicano.

Con la aprobación de la nueva norma jurídica por el Senado se colaron, casi inadvertidamente, dos buenas noticias para los periodistas más inclinados por la autorregulación ética: para su aplicación no habrá una nueva instancia de gobierno; cada medio deberá designar obligatoriamente una persona responsable de atender las peticiones para rectificar información; esa es una de las tareas de los defensores de la información (ombudsman) en medios públicos.

Los alcances

Como todos los periodistas debieran saber el martes 13 de octubre, por fin el pleno del Senado de la República aprobó el dictamen con proyecto de decreto por el que se expide la ley reglamentaria del Artículo 6o. párrafo primero, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, con el Derecho de Réplica. El Senado tardó casi dos años para revisar y aprobar –casi textual– la minuta que le envió la Cámara de Diputados desde diciembre de 2013.

Formalmente, se dice que cuando la información en prensa sea falsa o inexacta se podrá aplicar el derecho de réplica para “proteger la reputación y el buen nombre de las personas” de una manera más eficaz que a través del juicio civil por daño moral, difamación o calumnia. En 21 entidades los códigos civiles protegen el derecho al honor y en otras 11 todavía son los códigos penales. También “la crítica periodística será sujeta al derecho de réplica en los términos previstos en esta Ley, siempre y cuando esté sustentada en información falsa o inexacta” (artículo 5).

Los sujetos obligados para atender este derecho son todos los medios de difusión masiva: prensa escrita, agencias de noticias, radio, televisión, productores independientes y cualquier otro emisor de información, lo que incluye medios digitales.

Cuando el sujeto obligado se niegue a difundir la réplica solicitada dentro de los plazos establecidos merecerá multa de 500 a 5 mil días de salario mínimo; y cuando se inicie un  juicio y se niegue a cumplir la sentencia o lo haga fuera del plazo establecido, será sancionado con multa de 5 mil a 10 mil días de salario mínimo.

Algunas resistencias

Semanas antes de la aprobación algunos analistas, especialmente de la Asociación Mexicana del Derecho a la Información (Amedi), expresaron resistencias a que se aprobara el proyecto tal como venía de los diputados porque, según sus dichos, burocratizaría y judicializaría el procedimiento para hacer valer un derecho para todos en beneficio de los corporativos de radio y televisión al establecer que cuando estos se negasen a difundir las rectificaciones, se tiene que acudir a juzgados, llenar formatos engorrosos, presentar copias de los productos polemizados y esperar quizá varios meses, cuando ya se hubiese perdido el efecto de defender mediáticamente la integridad de los afectados. Empero, finalmente el dictamen se aprobó en lo general por 73 votos a favor, 30 en contra y cero abstenciones.

Seguramente vendrán más inconformidades. Pero, presumiblemente serán pocas. El día siguiente de la aprobación sólo un periodista publicó su antipatía y la calificó de “censura al ejercicio periodístico. (Sergio Sarmiento en los medios del grupo Reforma).

“Si yo expreso un punto de vista crítico en contra de algún político o si lo acuso de corrupto la Ley del Derecho de Réplica obliga al medio en el que escribo o comento a darle un espacio igual en tamaño o ubicación igual para que presente su punto de vista aunque no tenga argumentos para llevarme a un juicio de daño moral. Como muchos se pueden decir agraviados por la misma información o comentario 200 o 300 personas podrían exigir el derecho de réplica. El medio tendría que dedicar todo su espacio para cumplir y eso lo llevaría a la quiebra.”

Respondo, como viejo reportero al que en 38 años le han llegado únicamente dos aclaraciones, que toda información, crítica o acusación periodística obliga a ser preciso, conciso y exacto con los datos documentados y verificados. Hasta los adjetivos tienen que sustentarse. El nuevo derecho encauza a los reporteros y analistas a ser más rigurosos.

En los años 80, el columnista más leído e influyente de México, Manuel Buendía Tellezgirón reiteraba por escrito y en sus conferencias que el periodismo mexicano provocaba trastornos a la sociedad porque padecía tres grandes males: solemnidad, mediocridad e impunidad. Las tres oquedades han cambiado paulatinamente.

Entre colegas sabemos bien cuando alguno o alguna tuerce los datos para colocar bien una noticia y hasta los llamamos “voladores”; identificamos a los medios pequeños o grandes que se prestan para afectar a terceros con notas intencionadas; demasiados de nosotros caemos en la tentación de “revelar” hechos negativos de políticos o empresarios o líderes sociales sólo con dichos de otros, sin la documentación o verificación suficientes.

También todos sabemos que el mayor castigo por esas malas prácticas periodísticas es el descrédito público y que se aplican pocas sanciones jurídicas. A esa impunidad se refería Buendía.

Colegas, no tengan temores. Los periodistas profesionales y los medios de prensa responsables no podrían estar en contra del nuevo derecho de rectificación (o réplica). En unos meses podremos saber si la nueva ley ayuda para abatir la impunidad que protege malas prácticas de fuentes informativas, informadores y medios; que efectivamente servirá para que la información de interés público y los periodistas profesionales seamos un poco más confiables.

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