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Plan B: calle sin salida

ATP: fichas quemadas
Guajardo: desmentido

Carlos Fernández-Vega

Comienza a tomar forma eltan cacareado “plan B” del gobierno mexicano ante el inminente sepelio del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Se trata de una “novedosa alternativa” (versión oficial) que pretende utilizar las mismas fichas quemadas –a principios de 2107– por el propio sepulturero de TLCAN, el mismísimo Donald Trump. ¡Brillante!

Y esas fichas inservibles no son otras que las presumidas (en 2015) por el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, como “el tratado comercial más ambicioso de la historia”, o lo que es lo mismo, el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (ATP), mecanismo que Estados Unidos abandonó apenas cuatro días después de que el salvaje se aposentó en la Casa Blanca. Ello, independientemente de que el Senado mexicano no lo ha ratificado.

Lo peor del caso es que ayer el secretario Guajardo (reunido en Danang, Vietnam, con los otros 10 ministros de los países que negocian el ATP, tras la salida estadunidense de ese mecanismo) declaró que los participantes “alcanzaron un acuerdo”, que las discusiones fueron “muy productivas” y que estaba “muy feliz” por el resultado.

Pero más tardó en decirlo que el resto de participantes en desmentirlo. Por ejemplo, el ministro canadiense de Comercio, François-Philippe Champagne, dijo que “no son verdaderos los reportes de que se llegó a un entendimiento entre los países del Acuerdo Transpacífico” (agencia Reuters), mientras el australiano Steven Ciobo no confirmó que hubiese un acuerdo. Y los de Malasia, Singapur y Perú “no quisieron hacer comentarios” sobre el particular.

He allí el “plan B”: rescatar proyectos fracasados y presentarlos como nuevos, pero carente del atractivo principal para todos los participantes: el mercado estadunidense en el que todos los participantes tenían los ojos puestos. Sin ese “atractivo”, el acuerdo se desinfló de inmediato, por mucho que el gobierno mexicano insista en vender el globo desinflado como “el tratado comercial más ambicioso de la historia” y el propio Ildefonso Guajardo lo califique de “la herramienta que pone México a la vanguardia del comercio internacional en el siglo XXI”, pues las naciones integrantes de dicho mecanismo “representan 40 por ciento del PIB mundial, alrededor de 25 por ciento del comercio internacional y 28 por ciento de la inversión extranjera directa mundial”.

Pero además de ser una ilusión, el ATP no ha sido ratificado por el Senado mexicano, y, peor aún, se trata de un mecanismo totalmente desinflado, disminuido, tras la salida de Estados Unidos. ¿Por qué? Bueno, porque sólo el producto interno bruto estadunidense representa 62 por ciento del PIB conjunto de las 12 naciones que originalmente se pronunciaron a favor de dicho acuerdo. Y si se considera el peso específico de Japón (17 por ciento del total), entonces la proporción conjunta crece a 79 por ciento y el resto (21 por ciento) se diluye (de forma no proporcional, desde luego) entre los otros 10 países.

Y el desmentido secretario Guajardo sabe que México a duras penas pinta en el ATP, porque su peso específico en el mecanismo comercial que se cita sólo representa 1.3 por ciento del PIB conjunto de las naciones abajo firmantes, sin olvidar que 85 por ciento de su comercio exterior (todavía) se realiza con un sólo país: Estados Unidos, que no pertenece, ni le interesa, al TPP.

Sobre el particular, retomo un ejercicio temático publicado meses atrás en este espacio, porque si bien los abajo firmantes del ATP presumen que todas las naciones participantes “son iguales”, nunca está demás precisar que hay de iguales a iguales. Entonces, dentro de ese mecanismo un primer bloque lo forman Estados Unidos y Japón, que representan 79 por ciento del PIB total y la mayor proporción del comercio.

Entre los otros 10 países restantes se distribuye desigualmente 21 por ciento del PIB restante. Canadá, Australia y Nueva Zelanda representan 6.2, 5.1 y 0.65 por ciento (toda la información relativa es del Fondo Monetario Internacional), respectivamente, de tal suerte que en conjunto suman 11.95 por ciento del PIB total.

Y en el último escalón se encuentran siete naciones subdesarrolladas que en número cerrados representan el 9 por ciento restante. México, Chile y Perú, las naciones latinoamericanas participantes, aportan 1.3, uno y 0.7 por ciento, respectivamente, del total. Entonces, el balance es desolador: países desarrollados, 91 por ciento del pastel; el resto, 9 por ciento, y todos (versión oficial) “competirán en igualdad de condiciones”, pero ahora sin Estados Unidos.

Allá por finales de 2015 el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz advirtió que “si el presidente Enrique Peña Nieto desea hacer lo correcto por el pueblo mexicano, instruirá al secretario Ildefonso Guajardo para que rechace un acuerdo que dejará el futuro económico de México en manos de inversionistas trasnacionales. A partir de la experiencia pasada, con acuerdos comerciales liderados por Estados Unidos, y lo que hemos podido deducir de documentos filtrados de debates de carácter confidencial, es claro que las esperanzas del presidente Peña Nieto se encuentran fuera de lugar. Los negociadores de México parecen estar a punto de rendirse ante las demandas de las empresas de los países avanzados, sin beneficios para su país”.

El inquilino de Los Pinos ni lejanamente hizo caso a Stiglitz. Peor aún: dos años después resulta que las fichas quemadas del ATP se utilizarían como “plan B”, es decir, la “alternativa” al TLCAN. Agárrense, pues.

Las rebanadas del pastel

Concluyó octubre con más de lo mismo: inflación anualizada de 6.37 por ciento, 2.1 veces mayor a la de 12 meses atrás, mientras el índice de precios de la canasta básica se incrementó 8.8 por ciento –también anualizado–, casi cinco tantos más que en igual mes de 2016… De la lectoría, sobre los enjuagues en torno al próximo proceso electoral: “Juan Carlos Sánchez León, director general jurídico del Tribunal Electoral de la CDMX, aspira a ser magistrado electoral local con el apoyo del PT-Morena. Sánchez León, personaje de negro historial y que reprobó el examen de consejero electoral en 2014, con esto invalida cualquier aspiración, pero tiene padrino, Eduardo Arana Miraval, quien pretende heredarle la plaza, porque sigue imponiendo su ley. ¿Se puede jugar con ella; se vale el tráfico de influencias”?… Y el dolarito cerró jornada financiera a 19.56 pesitos.

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Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.