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Pluralidad, representación y partidocracia en SLP

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El Tribunal Electoral del estado de San Luis Potosí (TEE) ordenó al Consejo Estatal Electoral y de Participación Ciudadana (CEEPAC) dejar sin efecto las asignaciones a los escaños plurinominales en el Congreso del Estado a los partidos; MORENA, PT y Movimiento Ciudadano. En consecuencia, el 19 de agosto del presente año el CEEPAC se vio obligado por el TEE a reasignar tales escaños; quitándoselos a los partidos pequeños afectados y reasignándolos a los tres más grandes. En razón de esto, PRI, PAN y PRD tendrán, de mantenerse esta resolución judicial electoral, un diputado plurinominal más cada uno, en detrimento de los ya mencionados partidos pequeños.

Lo anterior nos brinda un panorama donde de manera ineludible se tiene que reflexionar sobre la representación en nuestro Poder Legislativo, y lo que implica tal decisión judicial-electoral de redistribuir los escaños plurinominales. En este sentido, por un lado es importante mencionar que lo que ocasionó que la asignación de los escaños plurinominales se modificara, fue una petición del PRI ante el CEEPAC que terminó en el TEE. Esto es importante pues la motivación política y sus efectos no pueden eludirse a pesar de que se siga el propio cauce institucional.

Tal situación, por otra parte, afecta en términos de representación pues cambia la composición de la siguiente Legislatura en el Congreso local. Y como mencionaron en abierta protesta los tres dirigentes de los partidos afectados, no solo se pierden tres escaños, sino que se dejan sin efectos a los ciento diez mil votos (110,000) que se emitieron a favor de estas opciones políticas el pasado 7 de junio. Entonces, en términos de nuestra democracia procedimental, tal decisión judicial redistribuye el poder político en nuestra Cámara de Representantes y favorece a los tres partidos más grandes, pero afecta en buena medida la representación ya que se tachan sobre la base de esa resolución del TEE, los 110 mil votos emitidos para los tres pequeños partidos. Y además afecta también la pluralidad política, pues esas tres opciones votadas de forma legítima no se verán reflejadas en la siguiente legislatura.

Es conveniente detenernos un momento para reflexionar también sobre nuestro sistema electoral, que es el conjunto de reglas, normas, y en suma instituciones que se encargan de convertir los votos en escaños. Hacer este paréntesis es importante porque nuestro sistema electoral es mixto. Es decir, a diferencia de un sistema electoral de mayoría pura donde gana quien tiene más votos, como el sistema electoral británico o estadounidense, y donde en consecuencia el partido que gana se lleva todo y el que pierde (asi sea en un cerrado segundo lugar) pierde todo. En nuestro sistema, la idea primordial es que el detrimento o los “efectos negativos” de la sobre representación, se compensen entonces con el principio de representación proporcional (RP). Lo cual implica que con la RP se encontraría una representación más justa, o que refleje de forma más fiel, en la composición del Poder Legislativo, la cantidad de votos emitidos a si sea por opciones partidistas minoritarias. Y si bien, las formas de distribuir los escaños bajo el principio de la RP dependen por completo de distintas fórmulas matemáticas de distribución, donde a partir de estas se pueden beneficiar con más o menos escaños partidos que ganan más o menos votos; el objetivo institucional de la regla de RP es que no exista una sobrerrepresentación excesiva de los partidos más fuertes, y que por tanto tienen mayores recursos materiales, financieros y organizativos disponibles, para movilizar las preferencias electorales a su favor.

Considerando lo anterior, es en consecuencia importante entender que en el caso de SLP, la judicialización de la asignación de los escaños plurinominales, sin vacilación tiene efectos sobre la representación y sobre la pluralidad en que se compondrá la siguiente legislatura. Y si se toman en cuenta estos argumentos, los partidos afectados y sus representantes están en todo el derecho de defender esos 110 mil votos en conjunto a su favor. En democracia vale también defender los votos por las vías institucionales como de seguro en este caso ocurrirá.

Ahora bien, una vez que hablamos de los argumentos válidos para defender la representación y un Congreso más plural. Pasemos a la otra cara de la moneda. Pues si bien en la teoría política los conceptos: representación y pluralidad política tienen de manera necesaria una connotación normativa positiva. En el comportamiento de la real política, y sobre todo en las expectativas y percepciones de los ciudadanos, los partidos políticos y sus políticos profesionales que llegan a los escaños están lejos de representar a los ciudadanos y más bien parece que defienden y representan a grupos de intereses que les apoyaron para ganar, y una vez en el cargo servirse de los beneficios del poder político y utilizarlos de manera plena a su favor.

En el caso de esta reasignación de escaños plurinominales para el Congreso del Estado, también hay muchas opiniones que celebran que se les quiten estos espacios representativos a estos partidos pequeños. Pues la mayor parte del tiempo, tales partidos pequeños solo sirven de comparsa y cómplices de las maniobras políticas de los partidos grandes, y además rara vez obran por quienes les votaron, y en suma, ya que poco o nada pueden hacer para influir en la toma de decisiones legislativas, solo se benefician los políticos profesionales individuales que llegan a esos cargos. Pues bien, parte de eso es cierto, no es raro echar un ojo a los registros públicos al respecto, y encontrar que los lideres individuales de partidos pequeños son los que se benefician al llegar a esos escaños plurinominales. Familiares cercanísimos o sus círculos personales de allegados son quiénes acceden en vez de muchos militantes activos que son ignorados por sus cúpulas. Quizá el caso de Morena es el único por ahora que se distingue de esas malas prácticas partidistas internas que repercuten al exterior, pues al menos el sorteo permite que todo militante tenga chances de llegar a tales cargos plurinominales, aunque eso tenga serios matices e inconvenientes que deben de ser analizados en otro espacio.

En razón de lo anterior, también se vuelve válido criticar los vicios de la partidocracia, y como sus prácticas terminan por desvirtuar la representación y la pluralidad. Entonces, el problema principal es la partidocracia y esas malas prácticas. Y si bien, en democracia se debe defender la pluralidad y los espacios de representación, también es justo que los ciudadanos exijan incentivos institucionales para que los partidos no abusen de los lugares que tienen para tomar decisiones, y con ello beneficien a unas cuantas camarillas de partido. Esos vicios pasan tanto en los partidos grandes, como en los pequeños que son los que debieran de mostrar comportamientos distintos para distinguirse de los actos corruptos de sus competencias más grandes. Pero en resumen, las malas prácticas de los partidos y sobre todo su resistencia a rendir cuentas. parece ser que contagian a todos. Si se habla de un sistema de partidos, la partidocracia y sus vicios son una especie de virus o bacteria que corrompe a todo el sistema y a las personas que lo hacen posible.

Y en este caso, el ciudadano tiene que estar atento a estos detalles. Por lo cual defender nuevos espacios de acción, como las candidaturas independientes; el que los partidos no decidan de forma cerrada en las boletas electorales quien llega a las planillas de candidatos plurinominales, y que en vez de eso lo decida el ciudadano con una boleta que permita modificar las posiciones en las listas de los partidos; la reelección legislativa para hacer rendir cuentas directas al electorado y a sus distritos; y una ley de partidos que siente mínimas bases democráticas internas para los partidos políticos y sus militantes. Son algunas de las cosas que se tienen que exigir a los legisladores que vienen para atender el serio problema político que implica la partidocracia y como ésta desvirtúa los espacios de representación y pluralidad política, que en teoría deberían de responder por entero al ciudadano y no solo a unos cuantos beneficiarios al interior de las camarillas de partido.

En conclusión dejo la siguiente reflexión: si en democracia no se vale que haya “mandatos imperativos”, es decir, que la representación sirva de forma exclusiva a los que votaron por el representante y a los que lo apoyaron para llegar al cargo. Y en vez de ello el representante, es un servidor público que tiene que responder a todos incluso a los que no votaron por él. Entonces es necesario que nuestras instituciones políticas y democráticas, se tracen como objetivo defender la representación y la pluralidad, y en consecuencia limitar los vicios de la partidocracia que conllevan a que de facto haya lamentables “mandatos imperativos” que no representan más que a los intereses individuales de los políticos.

Hector Alonso Vázquez
Hector Alonso Vázquez
Politólogo por la UCEM; Candidato a Maestro en Asuntos Politicos y Políticas Públicas, por el COLSAN.