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Política mexicana: circo, maroma y teatro

Mariana Hernández Luna

Sabemos que la política mexicana se ha convertido en un espectáculo decadente. Las declaraciones de los políticos suelen rayar no solo en la bufonería y el mal gusto, también en el insulto y la majadería. Pocos son los políticos capaces de dar respuestas coherentes y congruentes a la realidad que vivimos. Menos aún son aquellos que muestran luces intelectuales que suelen opacarse entre el marasmo de las acciones y decires de una mayoría tendiente a la representación de lo grotesco.

Es evidente que los mexicanos no creemos en la clase política que se ha desacreditado a sí misma, pues gran parte de la población percibe que la corrupción y la impunidad son rasgos distintivos de la política mexicana, cuestión que se comparte a nivel internacional.

Durante las últimas semanas pudimos observar tres casos relevantes del folclor decadente de la política mexicana que, por desgracia, sabemos que habrán de ser superados en el futuro.

CIRCO. El caso de Miguel Ángel Covarrubias Cervantes, ex alcalde del municipio de Texoloc de Tlaxcala que, en un delirio histriónico y sin proyectar los alcances de su osado protagonismo, publicó un video en su perfil de Facebook para promover su imagen. En el video el político tlaxcalteca se exhibió a sí mismo como una copia del personaje de ficción Frank Underwood, representado por el actor Kevin Spacey, de la serie de House of cards que tras una serie de prácticas muy cuestionables se convierte en presidente de Estados Unidos.

El mensaje del Underwood tlaxcalteca dio para muchas horas de abierta carcajada porque, además, el incidente fue pretexto para recordar un hecho pasado y muy vergonzoso del que fue actor principal en 2014 cuando fue detenido, en estado de ebriedad, en Los Cabos por orinarse dentro de un taxi.

Ante el osado plagio de Covarrubias, la serie House of cards publicó un video en su perfil de Twitter con el actor Michael Kelly que encarna al siniestro personaje de Doug Stamper, deleznable estratega y operador político de Underwood, quien con una sonrisa cuasi burlona y aleccionadora, dice:

“A todos los mexicanos. Esto no es una competencia. Les sorprendería de dónde viene la inspiración de algunas personas. Presten atención”.

Si la prudencia y el pudor cupieran en este penoso incidente, cualquier persona con un ápice de sentido común y dignidad hubiese optado por el silencio; sin embargo, el Underwood tlaxcalteca, carente de capacidad para discernir entre realidad y ficción, le envió un mensaje de réplica al personaje ficticio de Frank Underwood y a todo su gabinete que, sinceramente, me abstengo de reproducir, suficiente es ya con decir que fue capaz de responderle en tono retador a personajes ficticios.

MAROMA. Otro de los casos de esta gran carpa que es la política mexicana lo protagonizan, en primera instancia y como patiño estelar, una profesora de primaria de Sacramento, Coahuila, que imparte a sus alumnos clases acerca del ex gobernador Humberto Moreira para limpiar su nombre. Haciendo malabares con aros, pelotitas y bastones, la profesora busca enmendar el vapuleado honor y reputación del ex gobernador coahuilense entre infantes de primaria. Para concluir este acto circense de evidente incapacidad crítica y reflexiva de la docente, el ex gobernador de Coahuila y Profe Bailarín declaró, luego de la derrota sufrida por el Partido Joven y no conseguir con ello la diputación por la vía plurinominal, que su hermano Rubén, actual gobernador del estado, le había “robado” la posibilidad de convertirse en legislador.

Su proceder durante los últimos meses ha resultado, por lo menos, desconcertante e inquietante.  Como parte de su campaña política para diputado lo vimos “jugar” lotería y asumirse como El Valiente que aparece en las cartas. Después concedió una entrevista a Adela Micha en la que sus respuestas resultaron zigzagueantes y hasta esquizoides. El día de las elecciones para gobernador en Coahuila afirmó que, sin ser pitoniso y dada su experiencia como político priísta, podía predecir que el PAN no ganaría la gubernatura. Luego tenemos el capítulo de la airada acusación del “robo” de la diputación y, por último, en un clima de desprestigio popular y de burlas soterradas afirmó ser el único político en el país en tener las “manos limpias”.

TEATRO. El último caso en este vodevil de quinta en que se ha convertido la política nacional, lo representa el primer ex presidente panista: Vicente Fox Quesada.

Durante una conferencia de prensa, junto a otros tres ex presidentes latinoamericanos, y en un momento en el que se buscaba pedir el cese de la violencia en Venezuela. Justo ahí, un Fox beligerante dio inicio a una especie de cruzada personal contra Andrés Manuel López Obrador, líder de Morena. Envalentonado y sin mengua alguna en cuanto a su necesidad de protagonismo afirmó, de manera tajante, que haría todo lo posible para que López Obrador no se convirtiera en presidente de la república en 2018.

Autoproclamándose una especie de héroe dijo que se encargaría personalmente de que “ese cuate” (AMLO) no llegara, que lo hacía por amor a México y que él tenía sus mañas para poder lograrlo.

Presenciamos un nuevo entremés foxista que, segura estoy, dará muchas horas de carcajadas y entretenimiento capaces de desviar nuestras miradas y atención respecto a los asuntos realmente importantes del país.

Sumados a la corrupción y la impunidad, los desvaríos, desfiguros e imprudencia de la clase política mexicana han arruinado por completo la credibilidad y respeto que la envestidura de un funcionario público debiera tener. Han evidenciado un escaso nivel de discusión y percepción de la realidad del país, incapacidad franca y abierta para gobernar y procurar el bien común.

Los funcionarios y la clase política parecen haber perdido todo pudor y dignidad. Lo peor de todo es que los ciudadanos nos hemos convertido en meros espectadores, impávidos ante este show de deshonestidad, mezquindad y mediocridad, sólo nos resignamos a mostrar una mueca de repugnancia o a crear memes y chistes sobre este apabullante espectáculo que todos los días nos lapida y degrada.

Mariana Hernández Luna
Mariana Hernández Luna
Originaria de San Pedro, Coahuila. Licenciada en Ciencias Humanas en la Universidad Iberoamericana y Maestría en Estudios Humanísticos en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM). Experiencia laboral en dependencias municipales y en el Sistema Nacional DIF y como docente en todos los niveles educativos