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Por la puerta trasera

Óscar G. Chávez

N ingún mexicano ha olvidado, supongo, la vergonzante forma en que Felipe Calderón Hinojosa rindió protesta y tomó posesión de la presidencia de la República. Un recinto legislativo sitiado por una oposición indignada que pretendía impedir el acceso al denominado espurio, luego de los dudosos resultados electorales.

Fue la puerta trasera la que permitió acceder a Calderón a tomar protesta y que le fuera colocada la banda presidencial; ausentes en la ceremonia el fausto y la solemnidad que implica la ocasión. Empellones, gritos, insultos, una tribuna sitiada y una entrega de investidura de emergencia.

Seis años después una entrega recepción del mismo cargo, que si bien no transcurrió sin incidencias, al menos sí transcurrió en medio de la civilidad y la paz ausente a lo largo del sexenio. Pese a todas las incidencias de su sexenio, y no obstante dejar el país sumido en una guerra sin razón contra el crimen organizado, sostenida más por orgullo personal y frente a un sinnúmero de críticas nacionales y extranjeras, podemos decir que salió por la puerta principal, por la misma que entró Peña Nieto, su sucesor, y por la que no pudo entrar seis años antes.

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En cualquier cargo público de primer nivel, federal, estatal o municipal, una salida por conclusión de encargo jamás estará exenta de críticas fundadas o infundadas, de señalamientos o acusaciones; gajes del oficio político. Sin embargo, sumar a eso una lamentable salida por la puerta trasera, es más que degradante.

Esta es la realidad que enfrentará Mario García Valdez al concluir su gestión como alcalde de la ciudad; una ciudad que deja en manos de nadie y en la que han imperado el caos, la desorganización y el abandono. Anarquía total.

Lastimoso corolario fue su informe de gobierno, en el que observamos un personaje alejado de la arrogancia que le caracterizó durante su gestión en la rectoría universitaria y en los primeros años como alcalde. Nada queda del personaje promisorio que ofreció el oro y el moro durante su campaña y al iniciar labores.

Arriesgado es señalar que el repudio ciudadano y político hacia el ayuntamiento es generalizado, pero ése fue el mensaje proyectado ante la ausencia del gobernador del estado y de algún diputado local que llevara el carácter de representación de la cámara.

El informe que más se asemejó a una larga lista de justificaciones innecesarias para tratar de explicar el estado en que deja y entregará el Ayuntamiento y la ciudad a su sucesor y a sus habitantes. Mostró a un alcalde apático, desencantado y frustrado con el ejercicio de una labor que lo superó en todos los aspectos.

Deudas heredadas y heredables, baches por la ciudad –que más asemeja, como dijera Jaime Nava en su columna de ayer, a un campo de golf–, comercio ambulante, y ausencia de recursos fueron algunos de los ejemplos externados para tratar de colocar frente a los asistentes, un estado de la cuestión que permitiera hacerles asimilar la cauda apocalíptica por la que atravesó y atraviesa la ciudad.

Lluvias frecuentes y atípicas que lejos de lavar las penurias citadinas las incrementan al igual que los baches, fue una de las inverosímiles justificaciones para alguien que colocó a la Universidad en la cúspide de la pirámide educativa a nivel nacional, que logró se le otorgaran una considerable cantidad de acreditaciones, y para él la presidencia de las universidades del país.

En el mismo sentido señaló que para el Ayuntamiento se obtuvieron importantes reconocimientos nacionales y extranjeros que permiten posicionarla como una ciudad moderna y digital que en poco tiempo le harán ser una ciudad de vanguardia.

Nube de ensueño en la que vive el, por fortuna, saliente edil. No podemos pensar en una modernidad ficticia cuando en la realidad se viven problemas históricos –aprovechando la vigencia del calificativo– que debieron quedar resueltos hace al menos tres años. No podemos pensar en una ciudad digital cuando ni siquiera tienen la capacidad de colocar personas eficientes que se encarguen de sus redes sociales.

Por tanto pensar en la pretendida ciudad de vanguardia es imposible; no entra dentro de ninguna lógica afirmarlo o aceptarlo si revisamos de una manera somera el entorno básico de la ciudad; y siendo generosos no hablemos de la gestión del Ayuntamiento porque eso vendría a aumentar la lejanía temporal con la ciudad que según el informe se espera ver en pocos años.

La ciudad nada importa ya a Mario García, su ambición personal le llevó a fijarse la meta de alcanzar su alcaldía para de ahí proyectarse hacia la gubernatura; forma similar a la que utilizó a la Universidad para alcanzar el actual puesto. Desafortunadamente para la ciudad y para sus habitantes, nada de esto ocurrió y encargo y ciudadanos pasaron a la calidad de fantasmas en el imaginario del todavía alcalde.

Entrar por la puerta grande, transitar por los pasillos de la ambición, cinismo, indiferencia, y desparpajo, fue lo que le llevaron a presentar un lastimero último informe frente a un auditorio que quizá más que con desprecio le miró con lástima en un reducido y frío patio, que se convierte en la antesala de la puerta trasera, por la que saldrá.