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Por los caminos de México

Renata Terrazas*

Para mi primera columna del año pensé mucho sobre lo que quería escribir. Quizá un recuento de lo más relevante del 2015 o tal vez una serie de anotaciones de lo que debería suceder en 2016. El periodo vacacional que, en mi caso, significa una completa desconexión del mundo, no ayuda a aventurarme a realizar el recuento o el conteo de lo que debemos esperar para el próximo año. Por ello, decidí escribir un breve relato de mi experiencia recorriendo carreteras en este país.

Pocas cosas me gustan tanto como tomar mi carro y emprender nuevos caminos por las carreteras de este país. En ocasiones, el destino está planeado con antelación, en otras, lo voy eligiendo conforme avanzó en el camino.

De mis padres, especialmente de mi padre, aprendí a manejar en carretera. Toda una serie de conocimientos básicos y especializados me fueron transmitidos a través de incontables viajes. Con mis padres recorrí enormes distancias, la mayor, fue un viaje de varias semanas a California, cruzando por la Rumorosa y de regreso atravesando el desierto de Arizona de noche para bajar por Chihuahua.

En carro he recorrido más de la mitad del país. Siempre añadiendo unos miles de kilómetros al tablero en cada recorrido. Los destinos siempre han variado, playas, montañas, bosques, volcanes y lagos.

Pocas cosas son tan hermosas como llegar a la playa en carro, ir sintiendo el cambio de clima y como poco a poco el ambiente huele a sal, huele a mar.

En mis recorridos he visto la belleza de un país que aun aquejado por un mal gobierno y el narco que no da tregua, nos abraza con una enorme diversidad de plantas, animales, paisajes y gente.

La belleza de este país se encuentra en cada una de sus rutas, en cada pueblo, ciudad o caserío perdido por los caminos menos transitados.

Sin embargo, desde hace unos años las carreteras han sido tomadas, una a una, por el crimen organizado. En este particular viaje que he realizado a las montañas jaliscienses, tuve que modificar mi ruta para no pasar por caminos michoacanos. Esos paisajes verdes que sólo Michoacán ofrece, han quedado prohibidos por la peligrosidad de sus caminos.

Gran parte de mi vida ha transcurrido en un carro, recorriendo este país, por lo que aún cuando transitar por las carreteras se ha convertido en un riesgo, he buscado siempre los caminos más seguros para poder seguir conociendo cada rincón de México.

Desde 2007 no recorro más que el centro del país en carro, evitando a toda costa los caminos considerados más peligrosos. Es una lástima que sigamos perdiendo rutas para transitar libremente por nuestro territorio.

De manera bastante desafortunada el crimen organizado ha ido apoderándose de cada aspecto de la vida en este país. Y nosotros, los ciudadanos, hemos ido perdiendo terreno ante un poderoso ejército de capos y un gobierno más preocupado por sus intereses que por la seguridad de sus habitantes.

Haciendo alusión a un año que comienza, no puedo evitar la tentación de tener al menos un deseo, y éste es que los caminos que recorramos los ciudadanos, los caminemos juntos y seguros.

* Investigadora de Fundar, Centro de Análisis e Investigación