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Por qué más sigilo

Luis Ricardo Guerrero Romero

Ya se deja escuchar el silencio que hereda el año 2015, hiende la historia, y la muy contraria actitud que se tiene ante un nuevo año que no da espacio para la reflexión debido al ruido de fiesta que se genera impide un poco de paz, no es que declaremos ominosa la festividad y los abrazos, sino que, no estaría mal regalarnos un sigiloso encuentro con uno mismo antes de que arranque un nuevo año. De un rostro de Jano a otro, hay un espacio en el cual reina el silencio. El sigilo como ya mencionamos en entregas anteriores llega a tener lazos cono el sigil, elemento de carga energética y simbólica, también se dijo que hay varias profesiones que en el marco de su deontología exigen sigilo. El sigilo, como es conocido pude ser una suerte de sinónimo de silencio, no obstante mientras el primero es un referente más de lo arcano o secreto, el segundo es más bien una actitud de mutismo, a veces sin ningún fruto trascendente sino sólo con el efecto de callar.

En la lengua helénica la palabra sigilo σιγελος (sigelos) es traslada como silencio, reserva; y entendemos que la mutación de la vocal /e/ por /i/ en la palabra griega ya mencionada sucede en la conformación con el idioma latín, lengua en la cual sigilo es interpretada bajo la forma de un sello o estatuilla: siguillum, o bien, señal de callar y callar ante la oscuridad: silentium. Esta segunda manera de entender el silencio es la más propia ante la sinonimia de sigilo, la oscuridad es en cierto modo epíteto del silencio. En el salmo 115: 17, se dice: “No alabarán los muertos a JAH [quiere decir YHWH en la forma acotada de Yahvé], ni cuantos descienden al silencio”. Aquí el silencio es evidentemente el lugar donde no se escuchará el Verbo de Dios, pero hay otra referencia en el mismo libro poético que constata la presencia de lo ya mencionado: “Oh Dios, no guardes silencio; no calles, oh Dios, ni te estés quieto”. (83:1)

Sin duda el sigilo es algo que se asume por medio de los sentidos, sin embargo, no podemos dejar todo en manos de los sentidos, ya Heráclito distinguía que: “El hombre está dotado de dos instrumentos para el conocimiento de la verdad, la sensación y la razón”. Si únicamente adoptamos el silencio per se, entonces es partícipe de la sensación, en cambio si asumimos el sigilo, ocupamos de la razón. Esta última acepción es la que permite entender el misticismo de Miguel de Molinos, entre otros que enriquecieron el Quietismo, doctrina que entre sus principio está el no desear debido a que no hay nada en el interior, sino que reina el sigilo. Algo analógico enunciaba en su último postulado Ludwig Wittgenstein: “De lo que no se puede hablar, hay que callar.”

Lo anterior no es invitación a que se siga alguna disciplina espiritual para poder recibir el año nuevo, ya sabemos que nuestra intención es escudriñar las voces que nos conforman, y esto es por medio de la historia que nos han heredado las palabras, las cuales no significarían nada sin un espacio de silencio, es decir, que, entre palabra y palabra está el silencio, de lo contrario nada significaría.

Floreciente y lleno de salud dos mil dieciséis.