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Preguntar puede volverse recurso eficaz

Ignacio Betancourt

U na de las claves en el combate a la impunidad es la denuncia (estruendosa o discreta). Si cada afectado denunciara de muchas maneras las agresiones padecidas (sean mínimas o máximas), los agresores tan acostumbrados al silencio de las víctimas se podrían encontrar en problemas.

En momentos de crisis preguntar puede volverse recurso eficaz. Si en una dictadura como la actual (la militarización del país, el control de los medios, la corrupción como modelo a seguir así lo indica), donde opinar es motivo de represión, preguntar se vuelve estrategia lúcida.

¿Por qué el secretario de Gobernación supone que si la Comisión Internacional de Derechos Humanos (CIDH) investiga al 27 batallón de Infantería, con sede en Iguala, Guerrero, “se debilita la institución castrense”? ¿El ocultamiento fortalece al Ejército? ¿Es la impunidad una demostración de fortaleza? ¿Qué opina el Ejército de las opiniones de Osorio Chong?

El secretario de Relaciones Exteriores del gobierno mexicano visitó hace algunos días a los refugiados por la guerra en Líbano. ¿Cuándo visitará a los cientos de miles de desplazados por la violencia en su propio país? (En México llamamos a ese proceder candil de la calle y oscuridad de su casa).

Declara Peña Nieto que hay casi diez millones de nuevos contribuyentes en Hacienda (el ciudadano de a pie, siempre causante cautivo) ¿Cuándo informará sobre lo que Hacienda no cobra a los grandes evasores?

Según estudio realizado recientemente por la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra), las ganancias obtenidas en Asia por los cárteles de la droga son 226 veces mayores a lo que produce el empleo formal en México. Si el dinero es lo único que actualmente importa a la mayoría de políticos y grandes empresarios ¿Hacia dónde irán por la ganancia?

En tiempos de crisis las preguntas se vuelven fundamentales, siempre y cuando se esté en disposición de luchar por las respuestas. Preguntar es solamente el inicio de una confrontación de impredecibles logros y consecuencias. Cuando es el tiempo de los preguntones, los aparentemente mudos tendrán que hablar.

Y retomando la historieta de El Colegio de San Luis, titulada “El arte del eufemismo o el encubrimiento de lo atroz” (que próximamante podría volverse cómic o cuento), diré a los lectores de esta columna que las experiencias laborales injustas con frecuencia se multiplican, especialmente en sociedades tan corruptas como la presente: la reunión entre las autoridades de El Colegio de San Luis y quien esto escribe (investigador literario en dicha institución desde 1997) se realizó el pasado martes 19, fue una parodia de diálogo ante una especie de tribunal de siniestra y cordial inquisición; como era lógico esperar, en la más boyante impunidad las autoridades se dedicaron a repartir culpas (el problema es que entregaron a mi nombre documentos que yo no autoricé). Finalmente, a nombre de lo que presidencia, secretaria académica y secretaría general de El Colegio de San Luis llaman la tranquilidad de la institución, intentaron en diversos tonos diluir el abuso cometido (como si los abusos aún en la intranquilidad no fueran abusos). Pese a la contundencia de las pruebas que constatan la ilegalidad, el problema intentan volverlo irresoluble para que el tiempo se encargue de borrarlo.

Incapaces de justificar sus atropellos, las edulcoradas dictaduras académicas optan por las más diversas formas de la represión, algo de lo más común en muchas instituciones académicas de San Luis Potosí (y del país). Quizá las peripecias de esta historieta se alarguen más de lo previsto, pues ahora deberán pasar por Comisiones de Derechos Humanos, Secretarías de Funciones Públicas, Consejos Nacionales de Ciencia y Tecnología y etcétera, pero igual, las vicisitudes serán narradas viernes a viernes para beneplácito de una transparencia que permita mostrar en su esplendor a algunos de los alucinantes funcionarios públicos que ensombrecen el país.

Y pasando a la Secretaría de Cultura, cuyo secretario, por cierto, es familiar de la presidenta de El Colegio de San Luis ¿será que hasta los parentezcos participan en el atropello?, diré que ya el Colectivo “Es hora de hacernos agua” (Sociedad civil) ha solicitado a la Secult informe sobre la manera en que fue otorgada en comodato a la parroquia de la colonia Industrial Aviación la concha acústica de dicha localidad. Ese lugar es un espacio público que por la intercesión del católico pederasta prófugo, alias padre Eduardo Córdova Bautista (ex empleado del gobierno de Toranzo y ex representante del actual arzobispo), se adjudicó a la parroquia de la colonia hará cosa de dos años; esa concha acústica es otro lugar que la ciudadanía debería recuperar.

Para mañana sábado 23, el Colectivo de Colectivos del Centro Cultural Mariano Jiménez, anuncia su tercera y última mesa con el tema “Votar o no votar ¿por qué y para qué?”, la cual se realizará a partir de las doce del día en el local del centro Cultural “Mariano Jiménez”: calle 5 de Mayo 610, en el Centro Histórico. Este tercer y último evento completa la intención de los organizadores al ofrecer la mayor cantidad de argumentos diversos para que la decisión de los votantes sea resultado de la mayor información posible. Muchos buitres (de todos los colores) aletean sobre estas elecciones.

Va el fragmento de un poema de alguien llamado E. Amador, publicado en Romancero de la Guerra de Independencia (Tomo uno,1910); el texto escrito en 1811 se titula “Un sacerdote mártir”: (…) “Señor don Ignacio Allende:/ Mi corazón triste se halla/ al saber que usted se encuentra/ en el Saltillo, en campaña/ con el señor Cura Hidalgo/ y sus demás camaradas,/ huyendo del cruel Calleja,/ que los persigue con saña.// Quiera Dios que sea mentira/ esta especie tan infausta;/ y entre tanto va mi hermano,/ el conductor de esta carta,/ a saber lo que hay de nuevo/ con respecto a nuestra causa;/ y si esta desgracia es cierta/ mi corazón no desmaya,/ pues me pondré sin demora/ listo para la campaña,/ a las órdenes de usted/ con mi caudal y mis armas,/ que son: una carabina/ magnífica, americana,/ una escopeta excelente,/ una pistola de marca,/ un gran fusil de calibre/ para regulares balas:/ de pólvora cinco libras/ y de plomo cuatro planchas;/ trescientos pesos que tengo/ y es la única ganancia/ de una escuelita de niños/ en que yo mismo enseñaba,/ y también de la limosna/ que me dan las misas diarias;/ doscientos pesos en libros/ y a medio hacer una casa” (…)