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Priego: ¿Presentamos la otra mejilla?

Óscar G. Chávez

A J.C. misionero del Espíritu Santo,
por hablarme sobre un viacrucis incruento.

L os procesos evolutivos en los que se halla inserta la sociedad implican cambios y adaptaciones a los tiempos en que éstos se desarrollan; el ser humano que tiende a adoptar un comportamiento inflexible en lo referente a pautas conductuales, definitivamente no encontrará acomodo dentro de su entorno social.

En este sentido las ideas, aunadas a las necesidades del contexto inmediato, aparecerán como principales rectoras de los procesos que generaran cambios, que en muchas ocasiones no se gestarán y desarrollarán dentro de los parámetros tradicionales de tranquilidad y surgirán por el contrario, de una manera violenta, derivada de las condicionantes que las originaron.

El reclamo mediante cualquier forma de expresión pacífica se encuentra legitimado en la necesidad de hacer escuchar las demandas sociales que la sociedad percibe como justas y necesarias para sufragar las carencias inmediatas. Las pintas aparecidas la mañana de ayer en las sedes locales de diversos partidos políticos, es precisamente una de esas vías de manifestación pacíficas, que lejos de ser consideradas como una ofensa injusta o una falta de respeto, nos manifiestan el hartazgo y el repudio sociales, hacia esas entidades corporativas que no han podido constituirse en verdaderos representantes de la sociedad.

Las declaraciones del vocero del arzobispado potosino, Juan Jesús Priego, causan cierta extrañeza, en la medida que cataloga de ofensivas las pintas de reclamo por los hechos ocurridos en Ayotzinapa. Ninguna de las inscripciones plasmadas en los muros de esas organizaciones partidistas merecen esas descalificaciones ya que lejos de observarse como ofensa, deben de ser observadas como lo que son: un justo reclamo ante las agrupaciones políticas que en la totalidad de los casos son las impulsoras de las candidaturas de los personajes que llegan a ocupar cargos públicos.

La doctrina cristiana tradicional y preconciliar nos conminaría a continuar soportando las afrentas políticas cometidas por estos personajes; pero debemos considerar que las nuevas posturas de la iglesia católica, obligan a reflexionar y en su caso cuestionar este tipo de conductas que infligen la dignidad humana de la ciudadanía.

El evangelio de Juan (18: 22-23) muestra a Jesús cuestionando la bofetada del soldado, por la respuesta dada con anterioridad al sacerdote Caifás: “¿Así contestas al sumo sacerdote? Jesús le dijo: Si he respondido mal, demuestra dónde está el mal. Pero si he hablado correctamente, ¿por qué me golpeas? En este contexto es conveniente analizar si la respuesta dada por la sociedad ante la sangre derramada por el estado dentro del sector estudiantil, es excesiva o por el contrario, muy por debajo de la que realmente debería observarse frente a las acciones emprendidas por un presidente municipal ególatra y psicópata.

Pocas ocasiones la sociedad mexicana se ha unido en una acción de reclamo permanente frente a la represión del estado; en la mayoría de los casos eran respuestas aisladas aparecidas en el entorno inmediato de los sucesos ocurridos. Ayotzinapa, ha logrado lo que antes no se había logrado la gestación de una conciencia social encaminada a exigir al estado, la reparación de un daño y respuestas a un cuestionamiento común: ¿dónde están los cuarenta y tres estudiantes?

Desafortunadamente las declaraciones del vocero arzobispal, que esperemos no sean las generales del resto de los sacerdotes residentes en la arquidiócesis potosina, pareciera que conciben este tipo de manifestaciones como exageradas en la medida que son ubicadas dentro del ámbito de las ofensas. Debería reflexionar un poco y reparar en que es el pueblo mexicano el que siempre ha sido el receptor de las acciones denigrantes vertidas hacia él por los gobernantes; son ésas, ofensas mayores que para nada pueden compararse con las palabras contenidas en las pintas mencionadas.

La misma iglesia ha desterrado de sus actuales interpretaciones teológicas las practicas de sumisión e injusticia; no pueden ser aceptadas las propuestas que invitan a acatar medidas encaminadas a violentar la dignidad humana. Dentro de estos derroteros veremos que Ayotzinapa no es sólo la denigración de esa dignidad, sino la negación total de cualquier concepto de humanidad.

¿Quiénes fueron los primeros electores del presidente municipal de Iguala, artífice de esta masacre? La respuesta es evidente, un partido político obsesionado por no perder un posicionamiento político dentro de una geografía marcada tradicionalmente por la violencia, por el crimen, por la sangre y por la represión. Así no es de extrañar que los justos reclamos vayan dirigidos no contra uno, sino contra todos aquellos que hacen manifiesta su incapacidad para elegir a los candidatos idóneos.

Pedir respuestas por los asesinados y desaparecidos de Ayotzinapa, y pedir castigo por los involucrados en esta marasma de barbarie y salvajismo; es reclamar, pedir respuesta y exigir castigo a todos los partidos políticos; ya que este es el reflejo de sus voraces luchas por posicionarse frente a los otros; es hacer responsable y obligar a reconocer su culpabilidad al omiso estado mexicano.

La población ya no se siente tomada en cuenta, porque quizá nunca lo ha sido; desafortunadamente el vocero de la curia potosina, pareciera no darse cuenta de eso. Los medios tradicionales de pasiva observancia y diálogo infructuoso, que más bien parecieran sordos monólogos, han dejado de ser canales válidos de interlocución ciudadana; no queda pues otro camino que hacer notar este tipo de injusticias mediante los caminos que conoce el pueblo: la expresión popular.

La iglesia como interlocutor, también atraviesa una fuerte crisis derivada en parte de las posturas que en ocasiones se adoptan frente a estas acciones ciudadanas, y a las declaraciones que descalifican las manifestaciones populares. Debemos comprender que la sociedad echará mano de cuantas formas de reclamo considere válidas para hacer escuchar sus demandas de justicia.

En situaciones como éstas, en las que se han lesionado irreparablemente la vida y dignidad, de una comunidad, donde el dolor y el luto de cuarenta y tres familias lo son también de toda una nación, qué camino se debe tomar para no llegar a lo que Priego llama ofensas; ¿si se nos golpea en la mejilla derecha, debemos presentar también la izquierda?, así pareciera dentro de esa -su- lógica. No obstante, y dentro de su llamado a la cordura, debería considerar el vocero del arzobispado que espiritualidad que no es aterrizada dentro del concepto humano, no es cristiana. 

#RescatemosPuebla151          

     

JSL
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