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¿Quién podría salvar al PRI potosino?

María Elena Yrízar Arias

En términos generales, los priístas potosinos de todas las regiones se encuentran en cierta forma molestos con su partido político, porque si bien ganaron la gubernatura del estado, no fue así con la capital y Soledad de Graciano Sánchez, que se encuentran gobernadas por presidentes municipales en emanados del PRD, y esos triunfos obtenidos por ese partido son el reflejo o una muestra muy clara del enojo, deserción, molestia o decepción que muchos priístas han sufrido de sus compañeros de partido como Victoria Labastida y Mario García Valdez, quienes fueron malos administradores cuando se desempeñaron como presidentes municipales de la ciudad de San Luis Potosí, y como consecuencia, una forma de castigar a los gobiernos priístas fue el voto en contra que sus mismos militantes que   emitieron a favor del PRD.

Otro aspecto que indigna a priístas y no priístas es que San Luis Potosí es una ciudad capital llena de baches, desordenada, sucia, con múltiples problemáticas sociales, con vendedores ambulantes, con  miles de vehículos que contaminan el ambiente, además de los gases, humo, polvo, metales pesados en el área de Morales y un sinfín de aspectos que tienen las grandes áreas metropolitanas que vuelve a la ciudadanía apática a los partidos políticos, porque consideran que no sirven cuando se desempeñaron en el poder. Pues difícilmente se refleja en los hechos.

Lo que el PRI necesita es trabajo de campo y retomar sus banderas, aunque eso pareciera algo medio imposible por la pésima imagen que le han dejado, después de que fue dirigido por Carlos Jiménez, Jacinto Lárraga y Yolanda Eugenia González Hernández, algunos sólo se han dedicado a  desempeñarse como dirigentes, sólo con el objetivo de  saltar a cargos políticos o administrativos que a criterio de muchos priistas no merecen, que sólo usaron el puesto para vivir del erario y para aumentar su poder político.

Algunos otros ex dirigentes han dejado el partido y hasta ahora se les identifica como los broncos potosinos, son aquellos que ya no creen en el priísmo o no les parece lo que pasa en el PRI y ahora se irán por la vía libre sin partidos políticos, al  estilo del gobernador de Nuevo León.

Hay otro aspecto del priísmo, el llamado priísmo real; es una parte de militantes ortodoxos, que se refiere a aquellos militantes que están conformes con los principios de una doctrina o con las normas o prácticas tradicionales, aceptadas por la mayoría como las más adecuadas en un determinado ámbito. Esta clase de priístas son los que siempre luchan y aceptan los usos y costumbres que se dan dentro del priísmo. Desde los dedazos que se emiten desde el Palacio de Gobierno, o de los empresarios o de quien sea, bajo el calificativo de que son disciplinados a la línea que diga su partido, sus dirigentes, el gobernador o los sectores del PRI.

Dentro de esos perfiles sicológicos es necesario, entonces, escoger y consensar la llegada de una persona con la capacidad casi casi de salvadora del priísmo. Bueno, al respecto se han mencionado muchos políticos, que si Teófilo Torres Corzo, que si Sara Rocha, que si Juan Carlos Machinena, que si Fernando Chávez –etiquetado como torancista– que si Martín Juárez, que si Yolanda Eugenia González Hernández, que si Pablo Valladares, que si Ramírez Stabros… y así, una buena lista de aspirantes y hasta Martha Rangel que ha declinado la oportunidad de participar.

Pero la realidad es que personas como Yolanda Eugenia o Martín Juárez pueden ser ideales. Ella, Yolanda, tiene una carrera política más destacada, es institucional y cuenta con la experiencia del mundo para poder dirigir al PRI, inclusive para oxigenarlo y revivir el entusiasmo de los militares. También lo puede hacer Martín Juárez, por la simple razón de que es un priísta que se hizo desde muy joven, habiendo sido el líder estatal de FJR, es honorable, trabajador, institucional, conoce al priísmo a fondo y es aceptado por los priístas. Martin es un buen perfil, que cubre los requisitos, que es generacional de muchos que ahora son cincuentones, pero le falta presencia dentro del priísmo actual. Martín tiene a su favor su don de gentes, es inteligente, y el priísmo está urgido de reposicionarse en el estado. Tiene  muchos retos que sacar adelante. ¿Podría Martín salvar al PRI?

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